homofobiaEstos últimos días ABC y el digital El Plural han vivido un rifirrafe dialéctico desencadenado por la publicación por ABC de una crónica, firmada por la corresponsal Anna Grau, en la que informaba a sus lectores sobre la decisión de la Asociación Americana de Psicología (APA) de pedir a sus miembros que abandonen definitivamente el uso de “terapias” que pretendidamente modifican la orientación sexual, de la cual informamos en su momento.

La crónica de ABC, tras recoger este aspecto, se hacía eco de una de las recomendaciones específicas de la APA, al respecto de aquellas personas homosexuales que movidas por su fe religiosa insistían en cambiar su orientación. Como en su momento recogimos, la APA planteaba, como posibles estrategias, sugerir el acercamiento a confesiones religiosas que sí aceptan el hecho homosexual o, en casos extremos, valorar la adopción del celibato como estilo de vida sin pretender cambiar la orientación. La crónica de ABC otorgaba una especial importancia a este punto, sobre el que incidía bajo el subtitulo “ser gay pero no ejercer”. “El mensaje es que la identidad sexual no puede ser negada pero sí sublimada y controlada. Es decir, que se puede ser gay pero no ejercer”, refería.

Acto seguido, El Plural, en un artículo firmado por José María Garrido, recogía el tratamiento que ABC daba a la noticia y se refería especialmente a este aspecto. “Para ABC, se puede ser gay pero no ejercer”, titulaba, reproduciendo varios entrecomillados del artículo de ABC. Esto desencadenó la reacción de Anna Grau, que envió a El Plural una solicitud de rectificación, en la que la redactora de ABC exponía los argumentos por los que considera que El Plural malinterpretaba su crónica, atribuyendo incluso a José María Garrido “ánimo de distorsión”. El último episodio de la polémica se produce hoy mismo. José María Garrido responde a Grau, insiste en que comprendió perfectamente la crónica de ABC y se reafirma en sus críticas.

Desde dos manzanas no vamos a terciar en una polémica ajena. Tenemos sin embargo nuestra propia opinión sobre el fondo del asunto: resulta evidente que la APA asume no solo la imposibilidad de modificar la orientación sexual, sino el daño terrible que pueden producir los intentos por hacerlo. En los casos en los que el propio individuo insiste, la APA simplemente opta por seguir el principio de primum non nocere (antes que nada, no provocar más daño). “Está bien, permanece célibe y no tengas relaciones homosexuales, pero no te hagas más daño intentando cambiar tu orientación”, es lo que viene a decir. Querer interpretar este punto de las recomendaciones de la APA como un reconocimiento de las posiciones conservadoras se nos antoja, como mínimo, una muestra de voluntarismo.