carcelAlí, ciudadano iraní de 36 años y homosexual, sería la primera persona en haber logrado asilo en España al ser perseguido en su país debido a su orientación sexual o identidad de género tras la aprobación en octubre de la nueva ley de asilo, que recogía explícitamente esta posibilidad.

Alí (nombre ficticio para salvaguardar su identidad) llegó hace un año a España, recalando en Málaga, donde recibió ayuda de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y de la asociación COLEGA Málaga. Por fin se encuentra en posesión de los documentos que le acreditan como asilado y que le permitirán “vivir con libertad”, según ha contado hoy en rueda de prensa. Alí ha ocultado su historia incluso a su madre y su hermano, para evitarles problemas y porque no está seguro de su posible reacción. De hecho, el joven se comunica a través de internet con su madre que, ajena a todo, piensa que su hijo ha abandonado el país “por motivos de inmigración”.

Alí ha comentado que “en España se le entiende y hay muchas libertades”, mientras que en Irán un hombre no puede compartir nada con otro hombre. “No puede ir a restaurantes ni andar con su pareja, nunca”. El coordinador regional de la CEAR, José Manuel Monchón, resaltó “el cambio producido en Alí, ya que llegó muy tímido y ahora es muy expresivo y se manifiesta abiertamente”. En palabras de David Cedeño, presidente de COLEGA Málaga, la historia de Alí es “terrible”.

Durante su estancia en la Universidad, Alí mantuvo una relación oculta con un compañero, siempre entre las cuatro paredes de una habitación que cerraban con candado. Años después conoció a la que ha sido su pareja en un parque. Con él empezó a conocer personas que se encontraban en su misma situación. Un día, durante una fiesta con otros chicos que se reunían periódicamente, la policía irrumpió en la vivienda y los detuvo a su pareja y a él, que fueron trasladados a unos calabozos donde los torturaron, insultaron y agredieron durante seis días.

Alí supo que debía salir del país cuando su pareja recibió una citación judicial que probablemente le fueran a enviar a él también. Reunió sus ahorros, solicitó un visado y aterrizó en Madrid, donde solicitó el asilo. Una vez admitido a trámite, fue trasladado a un albergue de Málaga, donde ahora rehace su vida. Ha perdido el contacto con su pareja, aunque sabe que pudo abandonar también el país. Dice sentirse “feliz” en España, aunque ha reconocido que no sabía que aquí podía disfrutar de tantas libertades, incluso casarse.