Este año la ceremonia de los Óscar ha tenido un menor contenido LGTB que en 2009, cuando “Mi nombre es Harvey Milk” nos permitió gozar de dos emotivos momentos, los discursos de Sean Penn y Dustin Lance Black. Colin Firth no pudo alzarse con el Óscar por su interpretación de un profesor homosexual en “A single man”, lo que nos privó de un discurso que nos hubiera gustado escuchar. Pero no faltó una referencia, no por inesperada menos valiosa: la que hizo Sandra Bullock, ganadora del premio a la mejor interpretación femenina protagonista por “The blind side”.

Bullock, conocida sobre todo por sus papeles en comedias, fue premiada por por el que posiblemente es hasta la fecha su más destacado papel dramático. La actriz quiso reservar un papel muy destacado a su madre, a la que dijo estar agradecida, entre otras cosas, por enseñarle que “ni la raza, ni el color, ni la clase, ni la orientación sexual, nos hacen mejores personas que los demás”.

La premiada como mejor actriz de reparto fue la afroamericana Mo’nique, impresionante en su papel de madre a la vez víctima de maltrato y maltratadora en “Precious”, película dirigida por el director abiertamente gay Lee Daniels, y que cuenta con una subtrama lésbica secundaria.

El actor y presentador abiertamente gay Neil Patrick Harris abrió la ceremonia con un número musical. Harris se está convirtiendo, por cierto, en garantía de éxito para este tipo de eventos: ya hace unos meses encandiló a la audiencia con su papel como maestro de ceremonias en la Gala de los Emmy.