El comandante en jefe del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, James Conway, ha declarado que si la política de “Don’t ask, don’t tell”, que prohíbe a gays y lesbianas servir en el Ejército a no ser que mantengan en secreto su homosexualidad, es finalmente derogada, será necesario que los soldados homosexuales duerman en habitaciones separadas a las de los heterosexuales.

“Nos gustaría continuar (con nuestra política de habitaciones dobles), pero no pediré a nuestros marines que vivan con alguien que es homosexual si podemos impedirlo”, ha dicho Conway, en opinión del cual la derogación de la actual regulación tendrá que conllevar necesariamente la construcción de nuevas instalaciones con habitaciones individuales. Y es que, según dice, la mayoría “abrumadora” de los marines se opone a compartir cuarto con un compañero homosexual.

Las palabras de Conway se enmarcan dentro de la que parece ser la nueva estrategia de los opositores a la derogación de la ley: subrayar los efectos “negativos” para la cohesión de las fuerzas armadas supondría la aceptación de miembros abiertamente gays y lesbianas. Algo que los partidarios de la derogación del “Don’t ask, don’t tell” niegan, aludiendo, entre otros ejemplos, a Ejércitos de países aliados de Estados Unidos, como el británico o el israelí, ejemplares en sus políticas de admisión de personal homosexual.

Unas declaraciones que se producían el mismo día que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, daba a conocer las nuevas directrices que guiarán la política de “Don’t ask, don’t tell” a partir de ahora y hasta su eventual dereogación.