La homofobia les une. Tanto el presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, como el primer ministro y encarnizado rival político de aquel, Morgan Tsvangirai, han coincidido en que la nueva Constitución del país no puede contemplar derecho alguno para las personas homosexuales en ese país africano.

“Ese asunto no es debatible, está fuera de discusión”, señalaba hace unos días Mugabe. “Nuestros antepasados se removerían en sus tumbas si permitiéramos algo así”, añadía. Tsvangirai, en esta ocasión, coincidía con su rival político. “Las mujeres son el 52% de la población… Hay más mujeres que hombres… ¿Qué necesidad hay de que los hombres quieran estar con otros hombres?”, ha justificado (el lesbianismo ni siquiera ha sido considerado parte del debate).

Se da la circunstancia de que Tsvangirai, principal opositor a Mugabe, está considerado un activista por la lucha de los derechos humanos en su país. Chesterfield Samba, director de la organización Gays and Lesbians of Zimbabwe, ha afirmado que las palabras de Tsvangirai son “altamente preocupantes”.  Esta organización ha confirmado a la BBC su intención de pedir a la comisión constitucional que reconsidere el asunto. A día de hoy, las relaciones homosexuales entre varones son delito en Zimbabue, aunque en estos momentos no existe una política activa de persecución policial como ha existido en otras épocas.

Gays and Lesbians de Zimbabwe es, por cierto, la organización que recibió el pasado año una subvención de 28.810 euros del Ministerio de Asuntos Exteriores español dentro de su paquete de ayudas a entidades que promueven los derechos humanos en el mundo, lo que desató fuertes críticas desde la derecha mediática y el Partido Popular.