Los desastres naturales que en las últimas semanas se han cobrado la vida de cientos de miles de personas en diferentes puntos del globo pueden ser un signo del enfado divino ante las leyes que permiten la unión legal entre personas del mismo sexo, entre otros factores. Es lo que ha dejado caer José Guadalupe Martín, actual arzobispo de León (México) y presidente de la conferencia episcopal mexicana entre 2004 y 2006…

“Ante la violencia, el odio, la venganza y la muerte, ante las iniciativas de ley que afectan la base de la sociedad como es la familia, ante la inseguridad y el sufrimiento de tantas personas es bueno meditar los signos de los tiempos y preguntarnos con los terremotos, las lluvias, las inundaciones, ¿no nos estará hablando el señor?, ¿qué nos está diciendo con todo esto?”, dijo el prelado en rueda de prensa. Por “iniciativas que afectan a la base de la sociedad como es la familia” Martín hacía una clara alusión a la ley de matrimonio homosexual recientemente aprobada en México Distrito Federal, que ha causado una airada reacción por parte de la iglesia católica mexicana.

Lo que no explica Martín es como es posible que dos de las más significadas catástrofes hayan ocurrido en lugares en los que la unión entre personas del mismo sexo es simplemente impensable (Haití) o en los que recientemente ha ganado las elecciones un candidato abiertamente opuesto al matrimonio homosexual (Chile).

Las acusaciones más o menos veladas a las personas homosexuales de ser los responsables de catástrofes naturales no es nueva por parte de líderes religiosos. Hace sólo un año el Papa católico, Joseph Ratzinger, nombraba obispo auxiliar de Linz a Gerhard Wagner, un sacerdote austriaco que responsabilizó a las costumbres inmorales y  a la  tolerancia a la homosexualidad en Nueva Orleans del huracán Katrina, que devastó la ciudad en 2005. Días después Wagner tuvo que presentar su dimisión ante el rechazo que su nombramiento provocó en su propia diócesis.