La próxima visita papal ha desencadenado una oleada de protestas en el Reino Unido por parte de diversos sectores de la sociedad británica, especialmente críticos tanto con las posiciones defendidas por Ratzinger como por alto coste que supondrá para las arcas británicas. Entre ellos se encuentran diversos colectivos LGTB. Uno de ellos, sin embargo, se ha desmarcado de las protestas.

Se trata del Lesbian and Gay Christian Movement (LGCM), que considera que los actos de protesta organizados contra la visita de Ratzinger son “inútiles y contraproducentes” desde el punto de vista táctico. Según esta organización, lo adecuado es mostrar el desacuerdo con el Papa de una forma respetuosa. Este colectivo, de hecho, ha organizado una vigilia de oración coincidente con la visita, no como protesta, sino como una forma de hacer comprender al Papa que “sus comentarios homófobos hacen daño a personas reales”.

Andrew Copson, portavoz de la British Humanist Association, uno de los grupos que promueven las protestas, ha expresado su desacuerdo con la postura del LGCM. Copson aclara que las protestas no se dirigen contra el hecho de que el Papa, “como líder religioso y como ciudadano europeo”, visite el país. Pero “como jefe de un estado enormemente destructivo hacia los derechos humanos”, según sus propias palabras, el cuestionamiento de la visita es “legítimo y moralmente correcto”. “La idea de que un jefe de estado sea automáticamente merecedor de respeto por el hecho de que a la vez sea un líder religioso es totalmente equivocada”, ha añadido.

Beatificación del cardenal Newman

Uno de los actos más destacados de la visita será la beatificación del cardenal Josh Henry Newman, un destacado anglicano que en 1845 se convirtió al catolicismo, figura destacada del pensamiento católico más liberal y sobre cuya homosexualidad existen pocas dudas, pese al silencio vaticano sobre el tema.

De hecho, la iglesia católica intentó hace un par de años trasladar la sepultura de Newman y separarlo del que fuera su compañero en vida, el padre Ambrose St. John, con el que vivió más de treinta años y junto al que había manifestado su deseo de ser enterrado. Al parecer, al abrir la tumba no se encontraron restos que trasladar, al haber sido enterrado Newman en un ataúd de madera y en una zona de intensa humedad.