Desayuno en Urano

Empezamos agradeciendo a los artistas de Tudí (que son unos guapísimos y simpatiquísimos diseñadores gráficos) la preciosa cabecera que han creado para estos Desayunos en Urano, que irán adoptando un formato cada vez más flexible para poder recoger todas vuestras propuestas literarias, cinematográficas y mariculturales en general.

Antes de su estreno comercial (¡por fin!) fui al Reina Sofía a ver la nueva de Apichatpong Weerasethakul, reciente Palma de Oro en Cannes para eterno escarnio de “críticos” misóginos con ganas de morirse. Uncle Boonmee who can recall his past lives es quizá lo mejor de Joe, y eso es mucho decir: una película casi comercial en la que un hombre que va a morir por un problema de riñón recuerda sus reencarnaciones anteriores y recibe la visita de sus muertos, acompañado por el siempre guapo Tong, que se ducha largamente al final (interpretado por Sakda Kaewbuadee, que desaparece en Tropical Malady, pasa por Syndromes and a Century y quizá acaba, o empieza, aquí), y una tía coja (alguien debería hacer una tesis sobre el papel de las cojas en las películas del siglo XXI, recuérdese Goodbye Dragon Inn). Joe reinventa el cine en cada película, nos llena de poderosísimas e inolvidables imágenes, de magia y de fantasmas: Uncle Boonmee es una puta obra maestra. O a lo mejor es que yo he copulado alguna vez con un mono fantasma con los ojos rojos y lleno de pelos negros, pero lo recordaría (es más, creo que si me remonto a décadas anteriores, quizá lo hice). El Reina Sofía lleno hasta reventar (aún no se había estrenado en pantallas comerciales). Incluso se quedó gente fuera. Gafapastas, frikies, dos guapos chicos morreando, bellas mujeres de largas piernas vestidas de negro, multicultis, rastas… (inclúyaseme donde se quiera) En general, silencio absoluto y adoración reverencial. Alguna risa en el momento adecuado (“El cielo está sobrevalorado. No hay nada allí”). ¿Serán los museos el destino de los pocos y verdaderos cineastas que quedan? Al final, lloré de belleza como un “perfecto mierda” (1): la peculiar filosofía mágica y antipositivista del director recuerda demasiado al mundo en el que vivimos más de uno.5 estrellas
(1) Se puede ser un estupendo escritor y un malnacido, pero Pérez Reverte no es el mejor ejemplo: no es una de las dos cosas

Llevo unos días sobrecogido, pero no por las declaraciones del que podría convertirse en el próximo presidente del país anunciando que no respetará la decisión del Tribunal Constitucional sobre la ampliación de la ley de matrimonio, sino por la estremecedora belleza de The Turn of the screw, la ópera de Benjamin Britten que se ha representado estos días en el Teatro Real de Madrid. La espléndida música de Britten acompaña a una de las más perturbadoras historias de “fantasmas” de la literatura universal. Y digo “fantasmas” porque si en la novela original de Henry James todo giraba entorno a la ambigüedad, a la imaginación o incluso a la locura, en la ópera de Britten los fantasmas hablan y cantan y son tan reales como los demás. Una institutriz que cuida a dos niños que han sufrido presuntamente los abusos de un criado sirve a Britten para componer sobre uno de los temas que más le preocupan: la corrupción de la inocencia. Algo que parece no preocupar a Sánchez Dragó y otros tertulianos de Tele-Espe y, sin embargo, siempre se saca a relucir la homosexualidad de Britten cuando se habla de atracción por la infancia en sus obras y nunca la heterosexualidad de Dragó. Curioso. Podríamos decir que The turn of the screw es la mejor ópera de Britten si no fuera por Peter Grimes (que a su vez sería la mejor de Britten si no fuera por Billy Budd, o por Muerte en Venecia, y así hasta el infinito). La representación del Real, muy bien en general. Recordamos a los lectores que Britten era homosexual y convivió con su pareja, el tenor Peter Pears, hasta su muerte (incluso la reina de Inglaterra mandó un telegrama de condolencia al viudo, ¡en 1976!)

Terminamos con unos versos de un libro de poesía muy recomendable, Poliamora, de Silvia Cuevas-Morales(Editora Educación Emergente, 2010) Un libro lleno de belleza, sensibilidad, erotismo y pasión por la mujeres de una autora chilena que pasó por Melbourne (en donde se doctoró en Filología Hispana) e instalada en Madrid desde 1996. Sus poemas, artículos y cuentos han sido publicados en Australia, España, Estados Unidos, Chile, Perú, Argentina, y Puerto Rico.

Cómo quisiera atrapar tu deseo
y lograr la inconsciencia
sin rodeos
sin miedo
Sólo dos mujeres
en pleno vuelo

Aprovechamos para recordar los ganadores del XII Premio Odisea Literatura, que concede cada año Odisea Editorial: Barsexlona, de José Guerra (Ganador) y La historia más triste del mundo, de Francisco Castillos Martos (Finalista). Ya hablaremos de ellos próximamente. Enhorabuena a los premiados.

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