"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Sacra Calumnia

El motivo de esta carta es responder desde la perspectiva de un homosexual a los argumentos expuestos en la página web de la Arquidiócesis de León (México) concernientes a su visión de la homosexualidad y los pasos que se tendrían que seguir para “curarse”; si bien no pertenezco a la Arquidiócesis de León y ni siquiera soy mexicano (sino venezolano), estoy seguro de que el tema nos toca a toda la comunidad GLBTI de los 5 continentes y que curiosamente estos puntos de vistas particulares pertenecen a las directrices del cristianismo más extremista; por lo tanto, tengo derecho de opinar al respecto y tengo la seguridad de que el tema es de alcance y entendimiento globales.

Los “pasos” en cuestión se encuentran publicados aquí bajo el nombre “Atención Pastoral a Personas en Situación de Atracción al Mismo Sexo (AMS)”. Si bien no es mi intención, en ningún momento, atacar u ofender a ninguna persona perteneciente y devota a ninguna religión; es necesario, en nombre de la Verdad, aclarar ciertas afirmaciones erróneas que pudiesen, en el peor de los casos, desatar episodios de discriminación, intolerancia, homofobia y hasta auto-rechazo (Si yo me creyese todo lo que allí dice, como mínimo me odiaría a mi mismo).

Empezando con las afirmaciones científicas, se dice que La homosexualidad indica un desorden psicoafectivo, cuando la gran mayoría de asociaciones psiquiátricas y psicológicas a nivel mundial niegan el hecho desde 1973. Luego se afirma que Nadie nace con una orientación homosexual, lo cual equivale a afirmar que nadie nace con orientación sexual (Sea cual sea) lo cual contradice los principios del psicoanálisis, sobre los cuales no se pretende ahondar en este momento; para ejemplo práctico, bastaría con preguntarle a alguna persona gay, lesbiana, bisexual, transexual, transgénero, en que día, hora, mes y año tomó la decisión de tener una orientación sexual y de género distinta a la de la mayoría y ninguno tendría una respuesta, pues es algo con lo que se nace, de la misma manera que las personas no deciden sentirse atraídas por personas del otro sexo, tampoco las personas GLBTI decidimos serlo. Se llega a sentenciar que Las personas pueden decidir cambiar lo cual es una media verdad, algunas personas pueden decidir vivir en el clóset (Muchos lo hacen) hay quienes incluso se llegan a casar y tener hijos, etc. Sin embargo, eso no significa que la atracción homosexual haya desaparecido, incluso se conocen casos de hombres y mujeres casados que tienen encuentros homosexuales esporádicos. El último argumento “científico” es que Lo que en un tiempo se aprendió puede desaprenderse. Esto es sentido común; no obstante, no aplica para el tema que se está tratando pues la orientación sexual no es algo que se aprende sino con lo que se nace, lo que podría aprenderse, más bien, es a actuar como una persona heterosexual (Algo poco recomendable debido a las graves consecuencias que trae a la psiquis de la persona).

Si los actos sexuales fuesen contrarios a la ley natural, no se observarían en la naturaleza; sin embargo, a pesar de haber estado ocultos bastante tiempo, diferentes estudios de zoólogos han documentado ejemplos de conductas homosexuales en la más variopinta gama de seres vivos; para más información al respecto puede verse el siguiente documental en YouTube. Los actos homosexuales no deberían ser vistos como “intrínsecamente desordenados” salvo que se conciba al sexo solamente como una herramienta de reproducción y no como una manifestación legítima de afecto entre dos personas; además, la inclinación homosexual, tal como lo avalan los estudios, no constituye ninguna conducta desordenada; sino una manifestación alternativa de la sexualidad, las cosas no por ser diferentes, son malas, desordenadas o inválidas.

Las personas GLBTI somos, al igual que cualquier otra persona, capaces de contribuir benéficamente a la sociedad, impactar positivamente en nuestro entorno e impulsar cambios positivos; si se concibe el “Plan de Dios” solamente como una instrucción pre-programada de “Creced y Multiplicaos” en nada nos diferenciaríamos de los animales salvajes y efectivamente, los homosexuales estaríamos viviendo en contra del mismo; sin embargo, la relación de Dios con el Hombre va mucho más allá que el cumplimiento de una cuota de descendientes, no existe razón para pensar que siempre la “Vox Ecclesia, Vox Dei” debido a que el último no se contradice.

Llama la atención el hecho de que se trate de enseñar lo dura, difícil y confusa que es la vida homosexual, cuando la parte más difícil de ser una persona GLBTI no subyace en el hecho mismo de serlo; sino en el rechazo, promovido por el fundamentalismo, que suscita la otredad sexo diversa en las personas influenciadas por estos puntos de vista equívocos; además, las consecuencias de ser una persona homosexual consisten básicamente en tener que enfrentarse a ser diferente, de la misma manera que una persona afro descendiente, por ejemplo, tendría que hacerlo en un entorno que no lo sea; ni el homosexual, ni el afro descendiente deben sentirse culpables o reducidos por ser de la manera que son; es la sociedad que los rechaza quien debe sentirse avergonzada por su actitud irracional; un falso mito que pretenden propagar los grupos fundamentalistas, es que el SIDA, por ejemplo, es parte de la justicia inmanente de Dios para con los homosexuales, cuando la realidad dice que no hace falta ser GLBTI para contagiarse de una ETS, lo único que se necesita es no tener una conciencia de prevención; eso es independiente de la orientación sexual de cada persona y debe tenerse en cuenta que las personas seropositivas merecen respeto y consideración; el fundamentalismo debe ser detenido en su labor de estigmatizar a la población seropositiva.

El hecho de ser personas GLBTI no nos convierte en “enemigos acérrimos de Dios” como pretende mostrarnos el fundamentalismo religioso; sería una enorme contradicción el hecho de que la simple orientación sexual de una persona vaya a eclipsar todo el resto del bagaje de valores y características que pueda tener un individuo, las personas GLBTI hemos demostrado que podemos ser buenos amig@s, espos@s, herman@s, hij@s, compañer@s de trabajo, estudiantes y ¿por qué no? Buenos cristian@s; incluso, el Teólogo alemán David Berger, abiertamente homosexual (Y severamente castigado por serlo) es un ejemplo de la compatibilidad de ambos conceptos; más razón aún, cuando llega a afirmar que dentro de la Jerarquía Eclesiástica hay muchos hombres gays y no por eso, malos sacerdotes. Debe derrumbarse ese falso mito, construido desde el Cardenalato, que dice que los casos de pedofilia dentro de la Iglesia Católica son producto de la homosexualidad del clero, la homosexualidad y la pedofilia son concepto totalmente diferentes; para muestra, basta con ver las estadísticas de casos de pedofilia en Venezuela (Y en otros países) para constatar que la gran mayoría de casos son realizados por personas que se identifican como heterosexuales.

Decir que la orientación sexual diversa es objeto de “vacío emocional”, “heridas” o una “mala formación” además de ofensivo es totalmente incorrecto: Abundan los ejemplos de personas GLBTI que vienen de familias funcionales y amorosas y que actualmente son personas realizadas y desarrolladas en los más variados ámbitos de la vida; el intento de relacionar a la homosexualidad con algún tipo de disfunción emocional (Por parte de unas personas que carecen de la formación psiquiátrica y/o psicológica pertinente) sería un intento de volar de un plumazo todos aquellos casos de personas heterosexuales, que, por alguna u otra razón, padecen de algún problema emocional o psicológico y que merecen respeto y ayuda oportuna y efectiva; esta afirmación, se estaría sustentando en el falso principio de que la homosexualidad es una enfermedad mental; si se basa en un argumento falso, es falso.

Cuando se busca el reconocimiento de los derechos GLBTI no se pretende conseguir la aprobación de todo el mundo y la panhomofilia; sino el respeto y el reconocimiento de los derechos inherentes a nuestra condición Humana, que son; sin embargo, censurados y coartados solo por el hecho de tener una orientación sexual y/o de género diferente a lo que algunos consideran “normal”; la realidad que muchas personas ignoran (Y que muchos fundamentalistas ocultan, a propósito) es el hecho de que la ausencia de esta legislación especial y estas condiciones sociales por las que tanto se luchan son los crímenes por homofobia (golpizas y asesinatos incluidos) exclusión, discriminación, despidos, rechazo familiar y anatemización; el mundo no debería olvidar cual fue el destino de la comunidad GLBTI en los tiempos de la Alemania nazi; actualmente, a pesar de no verse campos de concentración ni trenes llenos de personas sexo diversas, aún existen sociedades donde las personas con orientación sexual distinta no podemos expresarnos libremente por miedo a la agresión física, violencia policial y discriminación; existen culturas donde muchas personas son obligadas a llevar una vida paralela contraria su propia naturaleza ¿Se imagina usted, lector/a heterosexual, que le obliguen a tener una vida homosexual a la fuerza? Pues para muchas personas GLBTI esa es una amarga realidad; no se trata de llevarle la contraria a ninguna religión o personalidad religiosa, se trata del respeto a la dignidad humana que tanto se dice defender, muchos seres humanos no pueden gozar de sus Derechos Humanos debido a su orientación sexual y de género; algunos incluso temen todos los días por su vida, la vida humana que tanto se esfuerzan (retóricamente) en proteger los grupos religiosos; no se dan cuenta que forman parte de un mortal círculo vicioso: Con sus discursos y sus “pasos de curación”, crean una imagen estereotipada y muy negativa de la población sexo diversa, luego, los feligreses, siguiendo las enseñanzas que creen verdaderas, toman medidas agresivas para erradicar “el mal” representado por las personas GLBTI y eso se traduce en homofobia, con las consecuencias grotescas que trae la misma.

Le hago una invitación a la comunidad Cristiana (En sus diferentes denominaciones) para que se asimile con mayor profundidad el Mensaje Cristiano, en ninguna parte del Evangelio puede verse a un Jesucristo lanzándole piedras a los “abominables” sino tendiéndoles la mano e incluso eliminando conceptos veterotestamentarios de “impureza”; sólo bajo la óptica del Amor y no con rigurosidad levítica puede aprenderse a apreciar el valor del ser humano, la solución no está en “curar la homosexualidad” sino en apreciar el valor de la diversidad humana y sembrar en los corazones de los hombres y mujeres (Heterosexuales o No) la Fe, la Esperanza y la Caridad; Jesucristo no vino al mundo a condenarnos a nosotros, los homosexuales, sino a salvarnos (Juan 3:17) a través del Amor y el Amor no significa hacer a la otra persona como queremos que sea; sino aceptarla tal como es.

SexoDiversoVenezuela

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