Desayuno en Urano

Cierra los ojos, abre el culo y ves Madrid”, decían en mi pueblo. Javier Sáez y Sejo Carrascosa anal-izan en Por el culo. Políticas anales (Editorial Egales) el espacio político, social y económico que el ano como metáfora de todo lo abyecto y execrable ha ocupado a lo largo de la historia. Tampoco es un ensayo exhaustivo: es un conjunto de ideas lanzadas en pedorreta para el que quiera reflexionar en el váter. El macho como ser impenetrable, más impenetrable que un ovoide marmóreo de Brancusi, al que no le cabe por el culo ni el bigote de una gamba (¡qué asco, por Dios, mira que es perverso el macho hetero!), el culo como órgano democrático que todos tenemos y pocos disfrutamos. Cuando Dios en el juicio final nos pregunte “y tú ¿has disfrutado de ese arma de placer que he puesto a tu disposición para mayor gloria mía?” y respondas “no, yo he estado siempre tapándomelo contra un pared”, no te extrañe que te fulmine con algún rayo destructor. Al fin y al cabo, las últimas palabras que dijo a Adán y Eva al expulsarles del paraíso fueron “y que no me entere yo que esos culitos pasan hambre”.

Abre tu culo y descubrirás lo que disfruta la gente de la vida (que cantaba no sé quién). Los autores, además de otro montón de cosas, estudian la extraña identificación que el heterosexismo hace de la penetración anal con la homosexualidad. Extraña porque está visto que es una de las prácticas preferidas entre parejas heteros (tanto la penetración anal de ella por él como la de él por ella). O la identificación de lo penetrable con lo femenino (¡ay, esas largas uñas rojas en esos anos peludos y contraídos!). Y es que si la homosexualidad no se caracteriza por la penetración anal ni la mujer se caracteriza por ser penetrable entonces ¿qué es lo que caracteriza a la homosexualidad? ¿qué es lo que caracteriza a la mujer? Y lo que es mucho más aterrador ¿qué es lo que caracteriza al macho heterosexual que se define por lo que no es, y luego resulta que practica el sexo anal con sus mujeres y es penetrado por ellas? ¿su pasión por oír el ruido de los coches de Fórmula 1 los domingos por la mañana?

Como matemático me interesa especialmente la consideración topológica del cuerpo humano como un toro (no el verná-culo animal, sino esa figura más conocida por el vulgo como donut) Quizá la solución (y se lo propongo a los autores por si deciden continuar con su investigación) venga dando el paso hacia la cuarta dimensión y convirtiendo el cuerpo humano en una botella de Klein (atención para machos heteros rubios y curiosos: no intenten esto en casa, peligro de contractura): ya no habrá exterior ni interior, y, por lo tanto, no habrá impenetrabilidad porque nada y todo será penetrable.

El libro se vuelve mucho más serio (y no es para menos) en el capítulo dedicado a las nefastas políticas de prevención del VIH, y apunta a la realización de campañas orientadas a minimizar el riesgo de contagio (si somos unos descerebrados, al menos no lo seamos tanto)

Libro divertidísimo y fulminante que habría encantado a Paco Vidarte, al que está dedicado, lleno de ideas desarrolladas y muchas más a desarrollar. Libro erudito que no reniega de la ironía (lo que lo hace mucha mas rico), y que viene como picha al culo (una de las pocas expresiones positivas de nuestra lengua, para la que los autores no tienen explicación) al panorama del ensayo LGTB. Y dar un poco por culo también, en el buen sentido, que lo tiene, como todos sabéis. Un verdadero placer que mojará el culo de muchos de los tertuli-anos que babosean desde alguna abyecta (esa sí) y apocalíptica cadena (de váter) de televisión. Cierra los ojos, abre el culo y sé bienvenido al año 0 del nuevo mundo del orgullo anal.

(Obviamente, el Desayuno de hoy lo hemos tomado en Ur-ano).

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