Según un estudio que acaba de ser presentado en la Conferencia Anual de la Sociedad de Psicología de Irlanda, firmado por Brian McIntyre, un 38% de los trabajadores LGB permanecen dentro del armario ante sus compañeros de trabajo. Las cifras reales pueden ser aún mayores: el estudio se basa en una encuesta respondida online por 590 personas, con un perfil medio más urbano y con mayor nivel educativo que la población general.

El estudio muestra que gays y lesbianas se visibilizan por igual, siendo las personas bisexuales las que más prefieren mantener su orientación en secreto. Por lo que se refiere a los factores que mejor predicen la probabilidad de ser visible, entre ellos se encuentran el grado de “felicidad personal” (aquellas personas que afiirman sentirse felices con el hecho de ser gay, lesbiana o bisexual tienen más posibilidades de estar fuera del armario); la existencia de políticas explícitamente inclusivas por parte de las compañías o centros de trabajo o la existencia de un ambiente de trabajo abierto hacia la diversidad.

Otro factor que resulta interesante es el hecho de que las personas LGB totalmente visibles en sus lugares de trabajo y ante sus jefes son percibidas como emocionalmente más comprometidas con su empresa. En este sentido, aquellas empresas más interesadas en retener el talento resultarían ser también las más interesadas en fomentar políticas inclusivas hacia sus trabajadores LGB.

Son diversos los estudios, sobre todo estadounidenses, que muestran los beneficios psicológicos de ser visible en el trabajo. Estrategias como las de fingir ser heterosexual o simplemente dejar que los demás crean que lo eres acaban por tener un coste psicológico y pueden redundar en una situación de mayor infelicidad y menor compromiso con el trabajo. “Puede ser muy duro estar continuamente evitando usar pronombres y cuidando las palabras que pronuncio“, opinaba una de las encuestadas en el estudio irlandés, una profesora lesbiana que prefería mantener su orientación en secreto por razones profesionales. Por otra parte, el paradigma social está cambiando, de forma que el hecho de llevar una doble vida es peor aceptado que hace años, e incluso esforzarse por mantenerse en el armario cuando se sospecha de uno que es gay o lesbiana puede ser visto de forma muy negativa. Sin embargo, no todos los entornos facilitan la visibilidad, ni todas las personas están dispuestas a asumirla. Entre el 38% antes mencionado en el estudio irlandés, unos refieren claramente temer las posibles consecuencias negativas en sus carreras profesionales, mientras que otros argumentan solo que prefieren mantener su orientación sexual en un plano “privado”.

Hace pocos meses era presentado precisamente otro estudio, llevado a cabo por el Center for Work-Life Policy de Estados Unidos, que ponía de manifiesto las consecuencias negativas de mantenerse en el armario en los centros de trabajo. Según dicho estudio, el 48% de las personas LGTB estadounidenses (diez puntos más que en el estudio irlandés, referido solo a personas LGB) mantenían su orientación en secreto en el entorno laboral. Estas personas se sentían más insatisfechas con su puesto de trabajo, más desconfiadas hacia sus jefes y con menos expectativas de promoción profesional.