Jobbe Joller, fundador del colectivo LGTB danés “Homosocialt Fællesskab”, apenas podía dar crédito cuando hace un par de semanas una amiga suya fue expulsada de un bar gay tras besarse con su novio. Al parecer Jobbe acudió como de costumbre al bar Never Mind, en la capital danesa, con otro amigo también gay, dos amigas heterosexuales y sus respectivos novios. Todo fue bien hasta que una de las dos parejas fue llamada al orden por el personal del local, por besarse un establecimiento gay y, tras confrontar al personal de seguridad, todo el grupo fue invitado a abandonar las instalaciones. Lo sucedido ha desencadenado un debate entre los que piensan que tales prohibiciones son obviamente discriminatorias, y los que consideran que hay que proteger los pocos locales LGTB que quedan en Copenhague.

Según los responsables del bar, Never Mind recibe numerosas quejas de clientes quejándose del elevado número de heterosexuales que frecuentarían el local, especialmente mujeres que se sienten cómodas en tal ambiente. Y añade el dueño del local que el principal problema reside en realidad en los novios de dichas mujeres, que no serían en general tan respetuosos con la homosexualidad como sus novias, y que además ocasionarían con frecuencia problemas bajo los efectos del alcohol. Además, el Never Mind sería uno de los pocos locales LGTB que quedan en Copenhague, y sus responsables consideran importante mantenerlo así. “No tiene nada de malo que un heterosexual venga [al Never Mind], pero si vienes con 3, 4 o 5 amigos heterosexuales ya no encajas en un bar gay”.

Para Jobbe lo ocurrido va en contra de aquello por lo que él y tantos activistas LGTB han luchado, la igualdad, aunque admite que se trata de una cuestión que viene de largo. Por ejemplo, en el Cosy Bar, otro establecimiento LGTB de Copenhague, no es raro que se produzcan colas de clientes homosexuales esperando para entrar, mientras el bar está lleno de personas heterosexuales. Y probablemente ambos lados del debate tengan argumentos de peso, aunque parece claro que prohibir algo como un beso no es la mejor solución.