"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

El padre de Sergio Urrego, el adolescente gay que se suicidó en 2014 en Colombia, trata de impedir el estreno de una película inspirada en su hijo

Mariposas verdes es el nombre del proyecto multiformato inspirado, entre otros, en el caso del joven colombiano Sergio Urrego, que se quitó la vida en 2014 tras sufrir discriminación homófoba por parte de la dirección de su colegio. Mientras que el libro, escrito por Enrique Patiño, se acaba de presentar, el estreno de la película se ve aplazado por segunda vez. En esta ocasión, Robert Urrego (el padre del fallecido Sergio) ha interpuesto una tutela para impedir el estreno de la película. En su opinión, porque el film “viola el derecho a la dignidad, el buen nombre, la memoria y la imagen” de su hijo. Una medida que, en este caso, comparte su exmujer y madre de la víctima, Alba Reyes. No así el director de la cinta, Gustavo Nieto Roa, quien ha explicado que “la idea de hacer esta película surgió a raíz de muchos casos de suicidios y matoneo que comenzaron a hacerse públicos para escándalo de toda la opinión pública”.

El escritor, cronista y fotógrafo Enrique Patiño, acaba de ver publicada la novela Mariposas verdes, cuyo subtítulo es: el amor no tiene género. La presentación tenía lugar el pasado domingo, 7 de mayo, en la Feria del Libro de Bogotá. El libro, “inspirado en hechos reales” (en referencia a la historia de homofobia padecida por Sergio Urrego), como reconoce el autor en la portada, ve la luz pública bajo el sello de Ediciones B.

Este es un fragmento de la sinopsis del libro: “Mateo ha decidido morir. Antes de hacerlo, escribe una última carta a su mejor amigo del colegio, Daniel, en la que resume sus pensamientos, pero también sus inquietudes sobre de la vida, la libertad, el amor y sobre sus propias elecciones, que chocan contra un entorno incapaz de aceptar la diferencia”. Una descripción que guarda una clara relación con la experiencia de Sergio Urrego.

En cambio, la película del mismo nombre que la novela y que forma parte de un proyecto multiplataforma, no podrá estrenarse por el momento. Su fecha inicial de lanzamiento era en abril, pero como consecuencia del estado de salud del director, Gustavo Nieto Roa (de 75 años), se tuvo que retrasar unas semanas. Ante la proyección mediática de la noticia del estreno, el padre de Sergio, Robert Urrego, ha decidido interponer una tutela que impide su exhibición pública por el momento. Esta acción legal, compartida por Alba Reyes (madre de Sergio y exesposa de Robert).

Mientras que los padres parece que están de acuerdo, al menos por el momento, en que la película no se proyecte en los cines, Idania Velásquez, una de las promotoras e ideólogas del proyecto, alude a la “libertad de expresión” para que no se censure.

Para Nieto Roa, “la idea de hacer esta película surgió a raíz de muchos casos de suicidios y matoneo que comenzaron a hacerse públicos para escándalo de toda la opinión pública”. No obstante, los progenitores de Sergio Urrego sostienen que el film “viola el derecho a la dignidad, el buen nombre, la memoria y la imagen” de su hijo, tristemente fallecido tras sufrir acoso de carácter homófobo. Por el momento, habrá que esperar a conocer la decisión sobre el fallo de la tutela por parte de la justicia colombiana.

En Mariposas verdes intervienen actores de México y Colombia. Protagonizada por Deivi Duarte y Kevin Bury, que interpretan a una pareja de novios acosados en su centro escolar debido a su orientación sexual. Julio Bracho, Cecilia Suárez, Andrés Cardona, Juliana Rendón y Victoria Ortiz son otros rostros de la película. Completan el reparto otros actores experimentados como Consuelo Luzardo, Juan Pablo Gamboa y María Elena Döring. Este es el tráiler de la película:

La historia de Sergio Urrego

Dosmanzanas siguió en su momento con cierto detalle la historia de Sergio Urrego, un adolescente gay, ateo y anarquista que cursaba (con gran brillantez académica, por cierto) bachillerato en el colegio Gimnasio Castillo Campestre, un centro privado y de orientación católica de Bogotá. El 4 de agosto de 2014 Sergio decidió quitarse la vida lanzándose desde la terraza de un centro comercial tras ser injustamente acusado de acosar a otro alumno, después de que un profesor descubriera en su móvil una foto en la que ambos aparecían besándose. En ese momento, el centro acusó a los dos jóvenes de haber cometido una falta grave, porque el manual de convivencia decía que estaban prohibidas “las manifestaciones de amor obscenas, grotescas o vulgares en las relaciones de pareja dentro y fuera de la institución” y que estas relaciones debían ser autorizadas por los padres.

Por ello, la psicóloga del centro obligó a ambos adolescentes a contar lo sucedido a sus progenitores. Los padres de Sergio reaccionaron positivamente, pero los del otro joven aislaron a su hijo y le impidieron seguir acudiendo a clase. La madre de Sergio, Alba Reyes, mantuvo entonces una reunión con la rectora Amanda Azucena Castillo, quien le dijo que su hijo no podía volver. Decidió por ello presentar una queja por la discriminación a la que su hijo se estaba viendo sometido. La dirección del centro se defendió alegando que el motivo por el cual Sergio no podía volver era porque existía una queja por acoso sexual contra él, algo sobre lo que el centro nunca presentó prueba alguna. La familia de Sergio llegó a aportar, además, a requerimiento del centro, un certificado de acompañamiento psicológico según el cual el joven no tenía problema alguno, pese a lo cual se le negó el poder reanudar sus clases y terminar el curso. Finalmente, los padres del novio de Sergio interpusieron una demanda por supuesto acoso sexual, lo que acabó de destrozar al joven, que se quitó la vida después de dejar varias notas que probaban su inocencia.

Durante todo este tiempo se han sucedido diversas noticias relacionadas con el caso, como la sorprendente revocación del fallo del Tribunal Administrativo de Cundinamarca que en primera instancia reconoció la discriminación sufrida por Urrego o la sanción impuesta al colegio por las autoridades educativas. La acción de tutela interpuesta por la madre de Sergio acabó llegando hasta la Corte Constitucional de Colombia, que además de ordenar en 2015 que se llevara a cabo un acto público de desagravio a la memoria del estudiante, determinó que el Ministerio de Educación Nacional debía revisar los manuales de convivencia para, según reza la sentencia“determinar que los mismos sean respetuosos de la orientación sexual e identidad de género de los estudiantes y para que incorporen formas nuevas y alternativas para incentivar y fortalecer la convivencia escolar y el ejercicio de los derechos humanos, sexuales y reproductivos de los estudiantes, que permita aprender del error, respetar la diversidad (…).

Un fallo que, como también recogimos en su momento, desató la ira de los sectores ultraconservadores colombianos, que entre otras cosas situaron en el punto de mira durante los meses posteriores a Gina Parody, la entonces ministra de Educación y abiertamente lesbiana, por sus esfuerzos a la hora de implementar la sentencia e introducir el respeto a la diversidad sexual y de género en las aulas. Parody, de hecho, acabó presentando su dimisión el pasado octubre.

El proceso penal

En cualquier caso, en paralelo al proceso administrativo, la Fiscalía investigó también lo ocurrido por la vía penal. Fue en mayo de 2015, después de varios intentos fallidos por dilaciones de las acusadas, que se imputaba a Amanda Azucena Castillo, rectora del centro, a Ivón Andrea Cheque, la psicóloga, y a Rosalía Ramírez, veedora del colegio, por los delitos de discriminación agravada y ocultamiento, alteración o destrucción de elemento material probatorio y falsa denuncia. De hecho, el que fuera novio de Sergio apareció para declararse víctima en el proceso y denunciar que hubo presión a su familia por parte de la rectora para denunciar a Urrego. Las declaraciones de varios compañeros de clase a la Fiscalía aportaron también indicios de que el colegio denigró a Urrego por su condición de homosexual y de ateo, llegando incluso a prohibirles faltar a clase para acudir a su funeral.

A finales de 2016, después de que la acusada llegara a un acuerdo con la Fiscalía que le supone una rebaja de la pena, la veedora del Gimnasio Castillo Campestre, Rosalía Ramírez, era condenada a 27 meses de prisión domiciliaria y a pagar 90 millones de pesos por su participación en los hechos, en lo que se considera primera condena penal por discriminación homófoba en la historia de Colombia.

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