"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Festival de Eurovisión 2017: Sobral da a Portugal su primera victoria y España toca fondo con Manel

«La música no son fuegos artificiales; la música es sentimiento», exclamó el portugués Salvador Sobral tras vencer en el 62º Festival de Eurovisión con la hermosa balada “Amar Pelos Dois”, la cual pasó entonces a volver a interpretar en directo, esta vez en compañía de la compositora, su hermana Luisa, todo un gesto de amor por la música y de respeto por la composición con el que Portugal logró deslumbrarnos incluso después de haber obtenido la primera victoria de su historia. Además de merecidísimo, este triunfo conlleva un tortazo en la cara de todos los tópicos que rodean un certamen cuyos espectadores parecen obligados a pedir disculpas año tras año por disfrutarlo mientras tantos son los que se emocionan con partidos de fútbol semanales. Y es que no sólo venció la mejor actuación, sino que lo hizo una balada intimista interpretada sin artificio alguno por un joven con problemas de movilidad y dolencias cardíacas que representaba nada más y nada menos que a Portugal, el país europeo situado más al oeste y más apartado geográficamente del resto. Vamos, que lo de que ganar Eurovisión requiere espectacularidades y que siempre ganan los países del este porque se votan entre ellos es algo que no queremos volver a escuchar en la vida.

Sin embargo, las palabras con las que he comenzado el artículo no fueron del todo afortunadas. Quizá la música no sean fuegos artificiales, pero la televisión, sí. Y sepa Sobral que si todas las canciones fueran como la suya, no sólo lo habría tenido él mismo bastante más difícil para destacar, sino que el programa no sería en absoluto el éxito de masas que es. A fin de cuentas en Eurovisión todo suma: la música, la letra, la voz, la coreografía, el vestuario, el decorado… Todo, absolutamente todo. Sobral contaba con una puesta en escena minimalista, sí, pero no por ello dejaba de contar con una puesta en escena: las imágenes boscosas de fondo, la iluminación azulada y los cientos de lucecitas que lo acompañaban contribuían enormemente al impacto de una canción que, interpretada sin más en una banqueta de bar, no habría resultado ni la mitad de vistosa. ¿Es la música sentimiento? Por supuesto, pero los fuegos de artificio no son necesariamente una antítesis de ello.

A fin de cuenta, los divertidos espectáculos que ofrecieron Moldavia (SunStroke Project, “Hey Mamma!), Italia (Francesco Gabbani, “Occidentali’s Karma”) y Rumanía (Ilinca y Alex Florea, “Yodel It!”) no están en absoluto exentos de sentimiento: quizá no transmitan sensibilidad, primor y ternura, pero sí alegría, desenfado y vitalidad, sensaciones igual de relevantes que también hay que saber crear (y que, de hecho, resultan incluso más importantes dados los tiempos que vivimos). Sin esta clase de interpretaciones, el festival no sería ni la mitad de genial. Las tres compartieron las menciones de honor con el búlgaro Kristian Kostov, cuya dulce —aunque no tanto como él— “Beautiful Mess” nos tuvo en vilo hasta el final (recordemos que el año pasado Ucrania se impuso a Australia en el último momento), la belga Blanche, cuya “City Lights” desplegó suma elegancia en el escenario también desde el minimalismo, y el sueco Robin Bengtsson, que volvió a embelesarnos con suma clase durante la coreografía de “I Can’t Go On”. Que siete canciones tan variopintas e interesantes (pertenecientes a las siete imágenes que acompañan este artículo) encabecen el palmarés demuestra el buen gusto de los votantes, los cuales tienen cosas mejores que hacer que dejarse llevar por decisiones políticas. Por cierto, todos ellos partían como favoritos, tal y como auguré el pasado viernes.

Y, hablando de política, le pese a quien le pese Eurovisión hace bastante más por la unidad de Europa que la mayoría de sus políticos: durante una noche, Bélgica y Rumanía, Italia y Bulgaria, Moldavia y Suecia, son hermanos e iguales, importando poco la procedencia de cada cantante y el contexto de composición de cada canción. Además, ¿qué conocemos en España de Azerbaiyán o Armenia más allá de su participación en este certamen? ¿Acaso no ayuda Eurovisión a sentir a estos países más cercanos que nunca? Por cierto, es curioso que nada más abandonar Europa Reino Unido haya obtenido uno de sus mejores puestos de los últimos años, y eso que el “Never Give Up on You” de Lucie Jones no tenía nada de especial, no mereciendo siquiera haber pasado directamente a la final. De hecho, del “Big Six” (el “Big Five” y el anfitrión), sólo la mentada canción italiana y el selecto “Requiem” de la francesa Alma estaban a la altura, como muestra el hecho de que los tres últimos puestos los ocupasen Ucrania (O. Torvald, “Time”), Alemania (Levina, “Perfect Life”) y, como bien sabemos, España (Manel Navarro, “Do It for Your Lover”).

¿Recordáis cuando todo el mundo veía venir la crisis salvo Zapatero? Pues lo mismo ha sucedido con TVE y el representante español, destinado al último puesto desde el momento de su elección. Es más, la ilusión de los eurofans españoles no radicaba en alcanzar el primer puesto, siquiera entrar en el top 10 (idea poco ambiciosa pero aun así imposible del joven Manel), sino quedar en último lugar con 0 puntos, curioso sueño que fue lastrado en el momento en que el televoto portugués nos regaló 5 puntos que incendiaron Twitter (y fomentaron la rima fácil). Que dichos votos provengan de enviados especiales de TVE empeñados en acabar con nuestra única ilusión o directamente de españoles sordos situados al otro lado de la frontera es una incógnita, ya que lo cierto es que Manel logró incluso superar nuestras expectativas, actuando sin gracia o interés algunos, con una puesta en escena vergonzosamente playera… y encima soltando un gallo al que los memes cibernéticos estarán eternamente agradecidos.

La interpretación de Manel fue un espanto, sí, pero no debemos culparle sólo a él, que a fin de cuentas es un joven ilusionado —bueno, o al menos lo estaba en su día— al que TVE se ha empeñado en situar donde no debía. Soñar con la última posición no era en absoluto un acto de maldad, sino la forma de hacer ver a TVE que hay que tomarse las cosas en serio y que los europeos no van a tragarse cualquier basura sólo porque les recuerde a sus locas vacaciones en Mallorca (donde por cierto hizo su Erasmus Salvador Sobral). De todos modos, no todas mis críticas van destinadas a España: ¿soy yo o la ceremonia per se (o sea, todo lo que no aporta cada una de las actuaciones) resultó tremendamente decepcionante? Y es que lo único memorable (por comentado, no por imaginativo) que surgió de los presentadores o las performances fue el espontáneo que hizo un calvo durante la actuación de Jamala, quien, habiendo ganado el festival con una canción centrada en sus compatriotas masacrados, ni se inmutó ante la anécdota. Dicho esto, la interpretación no valía nada.

Volviendo a los propios concursantes, todavía no comprendo que Austria (Nathan Trent, “Running on Air”) no recibiera nada de nada de parte del televoto ni que el cantante bipolar de Croacia (Jacques Houdek, “My Friend”, dos voces aceptables para una canción que no lo era en absoluto) recibiera tanta atención. ¿Y cómo diablos se coló el australiano Isaiah Firebrace en el top 10 con su sosísimo “Don’t come Easy”? ¡Así no me extraña que Australia nos ame! Lo que sí acepto aunque no comparto es la mala calificación de Grecia, ya que la bella Demy interpretó su “This is Love” con bastante menos fuerza y afinación que durante la semifinal, todo lo contrario que OG3NE, tres refinadas hermanas holandesas cuyo “Light And Shadows” brilló más que nunca. Por lo demás, aunque inevitablemente cada cual tendrá sus favoritos, cada participante obtuvo más o menos lo que merecía. Sobre todo el nuestro. Y bueno, entre las múltiples ventajas del triunfo de Salvador Sobral… ¿Quién se viene a Lisboa el año que viene?

  1. Portugal: Salvador Sobral, “Amar Pelos Dois” – 758 puntos
  2. Bulgaria: Kristian Kostov, “Beautiful Mess” – 615 puntos
  3. Moldavia: SunStroke Project, “Hey Mamma!” – 374 puntos
  4. Bélgica: Blanche, “City Lights” – 363 puntos
  5. Suecia: Robin Bengtsson, “I Can’t Go On” – 344 puntos
  6. Italia: Francesco Gabbani, “Occidentali’s Karma” – 334 puntos
  7. Rumanía: Ilinca feat. Alex Florea, “Yodel It!” – 282 puntos
  8. Hungría: Joci Papai, “Origo” – 200 puntos
  9. Australia: Isaiah Firebrace, “Don’t come Easy” – 173 puntos
  10. Países Bajos: OG3NE, “Light And Shadows” – 158 puntos
  11. Noruega: JOWST, “Grab the Moment” – 158 puntos
  12. Francia: Alma, “Requiem” – 135 puntos
  13. Croacia: Jacques Houdek, “My Friend” – 128 puntos
  14. Azerbaiyán: Dihaj, “Skeletons” – 120 puntos
  15. Reino Unido: Lucie Jones, “Never Give Up on You” – 111 puntos
  16. Austria: Nathan Trent, “Running on Air” – 93 puntos
  17. Bielorrusia: NaviBand, “Historyja Majho Zyccia” – 83 puntos
  18. Armenia: Artsvik, “Fly With Me” – 79 puntos
  19. Grecia: Demy, “This is Love” – 77 puntos
  20. Dinamarca: Anja, “Where I Am” – 77 puntos
  21. Chipre: Hovig, “Gravity” – 68 puntos
  22. Polonia: Kasia Mos, “Flashlight” – 64 puntos
  23. Israel: Imri Ziv, “I Feel Alive” – 39 puntos
  24. Ucrania: O.Torvald, “Time” – 36 puntos
  25. Alemania: Levina, “Perfect Life” – 6 puntos
  26. España: Manel Navarro, “Do It for Your Lover” – 5 puntos
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Comentarios
  1. Leo
  2. Oscar
  3. juryfcuk
  4. Malo
    • Juan Roures

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