"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

La homosexualidad de la aristocracia: críticas de las novelas “El viudo del Conde” y “Escal-Vigor”

Aunque colmado de lujos y exento de preocupaciones triviales relacionadas con el dinero o el empleo, el mundo aristocrático no carece de sus inconvenientes, generalmente relacionados con la renuncia de los propios deseos como condición ineludible al cuidado de las apariencias y la evasión de la hipocresía social. Como consecuencia de esto, las personas LGTB de poder se enfrentan a una disyuntiva: ¿aprovechar su acomodamiento para hacer lo que les dé la —nunca mejor dicho— real gana o sucumbir ante las prohibiciones que su propio estatus conlleva? De condes homosexuales os hablo hoy a raíz de las novelas El viudo del Conde, de Alfonso Volpini Tondo, y Escal-Vigor, de Georges Eekhoud. Atención, porque esta última se considera la primera novela europea que trató la homosexualidad masculina desde una óptica positiva, no habiendo sido traducida al castellano hasta este año.

El madrileño Alfonso Volpini Tondo trabajó en radio, prensa y teatro hasta que una prematura paternidad le forzó a abandonar sus aspiraciones artísticas… Años después, la mayoría de edad de sus hijos, sumada a la pérdida de empleo y la falta de su hermano, le ha llevado a retomar una dedicación que, visto lo visto, jamás debió dejar. El viudo del Conde (2017) es su primera novela, una hermosa obra epistolar sobre la relación entre Lord Mauro De Vilaniu y Gómez de Avellaneda —sí, así de largos son los nombres reales— y el Conde de Llombart, rememorada a través de la larga carta que el primero escribe al hijo del segundo tiempo después del fallecimiento de este (no por casualidad, el autor dedica la obra a “las mejores relaciones sentimentales de su vida”: sus hijos); y todo mientras prepara la celebración de su sesenta cumpleaños. En su carta, el Conde desnuda su corazón como quizá nunca lo hizo antes, desvelando oscuros secretos de su relación, pero también bellos recuerdos que no merecen ser olvidados. Escrita con suma elegancia, El viudo del Conde engancha con rapidez gracias al carisma y la sinceridad de su protagonista, quien nos abre de par en par las puertas del mundo aristocrático tal y como la propia novela tal vez haya hecho con las del literario para su autor.

Resulta curioso que El viudo del Conde y Escal-Vigor (1899) hayan sido publicadas al unísono cuando la segunda fue escrita con más de un siglo de anterioridad. Así, tal y como ya he comentado, Escal-Vigor vio la luz en 1899 en la Bélgica natal de Georges Eekhoud, pero, aun tratándose de la primera novela europea gay relativamente optimista, nadie se ha animado a traducirla al castellano hasta ahora. Debemos este regalo a Amistades Particulares, una editorial de la que me declaro enamorado a raíz de la cantidad de clásicos LGTB que nos está ofreciendo —entre ellas, los excelentes Tim, una historia de vida escolar (Howard O. Surgis, 1891) y El muchacho (John Henry Mackay, 1926)—. Escal-Vigor nos sumerge en los alrededores de un castillo del siglo XIX, donde el Conde Henry de Kehlmark se enamora de Guidon, un hermoso joven tachado por su familia de vago e inútil, bajo la atenta mirada de su devota servidora Blandine y el vulgar trepa Landrillon, cuyas rencillas amenazan por momentos por eclipsar una relación homosexual que, aun mostrada con valiente rebeldía, se aborda con sutileza durante buena parte de la narración. Tremendamente evocadora gracias al ambiente de leyenda que la envuelve, pero también colmada de cínica crítica social, esta obra resulta harto interesante tanto por una osadía que casi lleva a su autor a la cárcel (con la excusa barata de considerarla “pornografía”, ya que en teoría en Bélgica no estaba prohibido escribir sobre la homosexualidad) como por la naturalidad con que se aborda el sentir de todos sus personajes. Tanto por la estricta calidad, como por el valor histórico, nos hallamos ante un libro de lectura obligada.

Pese a ambientarse en atmósferas elitistas, tanto El viudo del Conde como Escal-Vigor presentan un estilo muy asequible para cualquier lector, con lo que el desenfado estival no debe evitar que os lancéis de lleno al corazón de sus páginas. Los Condes de Kehlmark y  Llombart os esperan con los brazos abiertos (y, siento decirlo, los bolsillos cerrados).

 

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