"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

El cine LGTB del 65º Festival de San Sebastián (I): críticas de “120 pulsaciones por minuto”, “Call Me By Your Name” y “Soldados. Una historia de Ferenteri”

Sin ser demasiado cuantiosa, la selección de cine LGTB ofrecida por la 65ª edición del Festival de San Sebastián ha presentado una calidad extraordinaria, con largometrajes de interés en casi todas sus secciones: Sección Oficial (Soldiers. Story from Ferentari), Made in Spain (Pieles), Culinary Zinema (The Cakemaster), Nuevos Directores (Cargo), Horizontes Latinos (Una mujer fantástica) y, sobre todo, Perlas (Call Me By Your Name y 120 pulsaciones por minuto), además de ofrecer un estreno especial de La llamada [crítica] De esta última, absolutamente genial, ya os hablé la semana pasada; de la desconcertante Pieles [crítica], lo hice tras su estreno comercial. Por tanto, voy a dedicar esta columna y la que viene a los otros seis filmes, algunos de los cuales probable y tristemente nunca veamos en salas comerciales. Empiezo con la receptora del Sebastiane Latino, la extraordinaria 120 pulsaciones por minuto, y dos de sus principales competidoras: Call Me By Your Name (posiblemente la mejor película del año, aunque no llegará a nuestro país hasta el que viene) y Soldados. Una historia Ferentari, única representante LGTB de la Sección Oficial (en cuyo palmarés no logró colarse).

120 pulsaciones por minuto (120 battements per minute (120 BPM), 2017) nos traslada al París de principios de los años 90, donde un grupo de jóvenes activistas trata de generar conciencia sobre el recién surgido SIDA. Se trata del tercer largometraje del galo Robin Campillo, director de La resurrección de los muertos (2004) y Eastern Boys (2013) cuyo mejor trabajo sigue siendo el guion de La clase (2008), de Laurent Cantet, cineasta con el que colabora de manera habitual. Bastan unos minutos de 120 pulsaciones por minuto para comprender cómo y por qué recibió Campillo el César a mejor guion adaptado por esta última cinta, pues la mezcla de naturalidad e ingenio desprendida por sus diálogos es sencillamente perfecta. En ambos casos, resulta de vital importancia el buen hacer del reparto, encabezado en esta ocasión por Nahuel Pérez Biscayart, todo un activista por los derechos LGTB al que vimos hace dos años recoger el premio a mejor interpretación masculina del LesGaiCineMad por Je Suis A Toi [crítica] y Adèle Haenel, una de las estrellas de Orpheline [crítica], rareza de la Sección Oficial del último Zinemaldia. Ambos están, como siempre, sublimes, no quedándose atrás los menos conocidos Arnaud Valois, Yves Heck y Emmanuel Ménard, conscientes todos ellos de que, como en el propio activismo, la suma hace la fuerza. Por momentos, divertida; por otros, desgarradora, pero siempre emocionante, 120 pulsaciones por minuto nos introduce en las dudas inherentes a todo movimiento, así como en las vidas de personas para las que plantar cara al SIDA lo fue todo. Un clásico LGTB instantáneo que se ganó las lágrimas de Pedro Almódovar en el pasado Festival de Cannes, donde recibió el Gran Premio del Jurado de sus propias manos, y que representará a Francia en los próximos Oscars.

Aunque menos beligerante (lo que quizá explique que se le haya escapado el Sebastiane), el Call Me By Your Name (2017) del italiano Luca Guadagnino (Yo soy el amor, 2009), es una de las mejores películas LGTB de todos los tiempos. En ella, basada en la novela de Andre Aciman —adaptada nada más y nada menos que por el gran James Ivory, artífice, entre innumerables trabajos, del clásico gay Maurice (1987)—, asistimos al romance surgido entre un joven de 17 años (un Timothée Chalamet merecedor de todos los premios del mundo) y el atractivo nuevo ayudante americano de su padre (Armie Hammer) acontecido en una casa de campo italiana durante el cálido verano de 1983. Al principio, ambos se muestran distantes el uno con el otro, pero, poco a poco, la química se vuelve evidente y la liviana atracción inicial desemboca en una pasión que, dadas las circunstancias, se antoja peligrosa; y es que, pese a la candidez del escenario presentado, la homofobia, en especial la interiorizada, es un hueso duro de roer. Un magnífico trabajo por parte de los dos protagonistas (a quienes acompañan con plena naturalidad Michael Stuhlbarg, Amira Casar y Esther Garrel), una puesta en escena elegantísima y una música colmada de nostalgia desembocan en una incuestionable obra maestra que, pese a tratarse de una coproducción franco-italiana, podría —y debería— colarse en los Oscars gracias a estar rodada principalmente en inglés. Tanto a lo largo de su desarrollo como durante su sublime final, la emoción está asegurada.

Por último, Soldados. Una historia de Ferenteri (Soldatii. Poveste din Ferentari, 2017) es el primer largometraje de ficción de Ivana Mladenovic, joven realizadora formada en el mundo del  documental, lo que explica el alto grado de naturalidad de la propuesta. La cinta sirve de acercamiento a la realidad de los barrios marginales de Rumanía por partida doble: como cuidado documento del día a día en ambientes pobres pero llenos de vida y, sobre todo, como ventana al interior de uno de sus hogares. Nace así uno de los primeros romances homosexuales retratados por la cinematografía rumana, la cual tiene además lugar entre dos hombres ya maduros que, como dirían algunos, “no parecen maricones”. El altivo Adi (Adrian Schop) se instala en el barrio de Ferentari con el objetivo de estudiar la música gitana y entabla relación con Alberto (Vasile Pavel-Digudai, debutante que fue descubierto “por accidente” mientras trabajaba de guarda de seguridad), un bonachón aunque garrulo expresidiario que, pese a vivir en la indigencia (o precisamente por eso), resulta ser el ayudante idóneo. Entre sugerencia y tonteo (con constantes referencias al “descenso a la homosexualidad” promovido por las cárceles como mero freno a la lujuria), se fragua una tierna pero problemática relación tanto de amor como de poder que Mladenovic filma sin inmiscuirse, mostrándonos los típicos jueguecitos de toda pareja primeriza, con el aliciente de que la mayoría nunca habría imaginado esa clase de seducción entre dos hombres “hechos y derechos” de la Rumanía profunda. Un trabajo muy interesante que pasó por Toronto antes de hacerlo por el Zinemaldia y que por el momento carece de distribución en nuestro país.

120 pulsaciones por minuto, Call Me By Your Name y Soldados. Una historia de Ferenteri nos acercan a la realidad LGTB de tres países europeos que representan las tres vertientes del viejo continente: la liberal Francia, que siempre ha ido a la cabeza del movimiento; la conservadora Italia, uno de tantos países llenos de grises al respecto, y la arcaica Rumanía, triste ejemplo de esa parte de Europa que sigue anclada al pasado. Las tres valen mucho la pena, al igual que Cargo, The Cakemaker y, sobre todo, Una mujer fantástica, de las que hablaré la semana que viene aprovechando que esta última aterriza en las salas españolas.

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