"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

“Sí” rotundo de los australianos al matrimonio igualitario

“Sí” rotundo. Los resultados de la consulta por correo postal sobre el matrimonio igualitario impuesta por el Gobierno australiano acaban de ser dados a conocer: 61,6% de votos a favor, 38,4% en contra. La participación, histórica: 12,7 millones de ciudadanos australianos se han pronunciado (un 79,5% del censo).

Años de disputa política han quedado zanjados. Según acaba de hacer público la Oficina Australiana de Estadística (ABS), y a pesar de la fortísima campaña en contra de los grupos homófobos, el “sí” ha obtenido una indiscutible victoria en la consulta postal sobre el matrimonio igualitario en Australia, con más de 23 puntos porcentuales de ventaja: 7.817.247 votos favorables, frente a 4.873.987 en contra:

Consulta postal, no referéndum

A principios de septiembre se confirmaba definitivamente: el Tribunal Supremo de Australia daba vía libre a la consulta postal mediante la cual el primer ministro liberal-conservador, Malcolm Turnbull, sometía a la opinión de los australianos el derecho de las parejas del mismo sexo a contraer matrimonio. Una consulta voluntaria y no vinculante que ha tenido lugar entre el 12 de septiembre y el 7 de noviembre. Era la respuesta de Turnbull al segundo fracaso parlamentario de la propuesta de referéndum que pretendía organizar el Gobierno.

Tras desestimar el Supremo los recursos, la documentación se empezó a enviar a los hogares australianos a partir del 12 de septiembre. “¿Debería cambiarse la ley para permitir casarse a las parejas del mismo sexo?”, fue la pregunta elegida finalmente.

Una de las incógnitas del proceso era el nivel de participación. De hecho, los activistas LGTB temían al principio que una escasa participación, especialmente entre la población joven y más favorable al “sí”, llegase a decantar la balanza a favor de los homófobos, más movilizados en contra de la igualdad. SIn embargo, las cifras han superado todas las expectativas: 12.727.920 australianos (un 79,5% del censo) han participado en la consulta. Una participación especialmente significativa si se tiene en cuenta que el voto en esta consulta, a diferencia de otros procesos electorales en Australia, no es obligatorio. Según los datos de la ABS, ha sido mayor entre las mujeres (han votado el 81,6% de las que tenían derecho a voto) que entre los hombres (77,3%).

Por edades, los mayores de 65 años se han movilizado más (en la franja de 70 a 74 años ha votado el 89,8% de las mujeres y el 89,3% de los hombres), pero la movilización también ha sido intensa entre los jóvenes, que según las encuestas son los más favorables al matrimonio igualitario. La cifra más baja de participación, de hecho, se ha producido en la franja de varones entre 25 y 29 años años, y aún así ha sido considerable (un 68,3%).

Años de discusiones: la época Gillard-Abbott

La contienda política sobre el matrimonio igualitario en Australia se ha prolongado durante años, a pesar de existir una mayoría tanto social como parlamentaria (al menos sobre el papel) favorable a la medida. Antes de las elecciones de 2013, que dieron la victoria al liberal-conservador Tony Abbott, fueron los laboristas los que actuaron como freno. La que hasta junio de ese año había sido primera ministra, Julia Gillard, se oponía, y  durante sus años de gobierno no dudó en maniobrar para impedir que los partidarios de la igualdad dentro del Partido Laborista trasladaran su criterio al Parlamento. Y ello pese a que ya en su congreso nacional de 2011 los laboristas incorporaban la defensa del matrimonio igualitario a su ideario. Ideario que Gillard se encargó de convertir en papel mojado al imponer que sus diputados –cuyos votos eran todos necesarios, debido a lo ajustado de su mayoría– tuvieran libertad de voto. Una libertad que Tony Abbott negó entonces a los suyos y que desembocó en el fracaso de la iniciativa. De la mano de Gillard, Australia perdía una primera oportunidad histórica.

La impopularidad de Gillard llevó a Kevin Rudd a arrebatarle el liderazgo del partido y el puesto de primer ministro. Ya por entonces Rudd se había convertido en defensor del matrimonio igualitario, pese a que su anterior etapa como primer ministro se caracterizó también por un rechazo frontal. Pero la sustitución de Gillard no evitó la derrota laborista, y, tras las elecciones de septiembre de 2013, Abbott (un católico fuertemente opuesto al matrimonio igualitario, pese a tener una hermana abiertamente lesbiana) se convertía en primer ministro. Su victoria alejó las expectativas de aprobación, pese a que un número no determinado de diputados de su partido eran partidarios del matrimonio igualitario, y de hecho ya desde el principio el propio Abbott reconoció que le iba a resultar complicado mantener la disciplina de voto en esta materia. Lo consiguió… pero el empeño contribuyó a la gran bajada de popularidad que finalmente acabó por costarle el puesto y ser sustituido por Malcolm Turnbull en septiembre de 2015.

Malcolm Turnbull y la obsesión por el referéndum

Malcolm Turnbull

El liderazgo de Turnbull parecía que por fin abriría la puerta a que los diputados liberal-conservadores tuvieran libertad de voto y que el matrimonio igualitario resultase aprobado. No fue así. Pese a declararse partidario de su aprobación, el nuevo primer ministro (que renovó su cargo tras las elecciones de julio de 2016, que la coalición liberal-conservadora ganó por estrecho margen) se decantó por la organización de un referéndum sobre la materia. Comenzaba una nueva (y exasperante) batalla política. Durante este periodo, la oposición, contraria a cualquier referéndum sobre la materia, ha contado con mayoría en el Senado, por lo que las iniciativas gubernamentales fueron rechazadas en dos ocasiones: la primera vez en noviembre de 2016 y la segunda vez el pasado agosto. Adelantándose a esta situación, el ministro de Inmigración planteó ya en marzo la posibilidad de una consulta postal voluntaria y no vinculante, que no necesitaba la aprobación de una ley para su puesta en marcha. Una iniciativa que fue la que acabó por materializarse.

A partir de ahí, comenzó una demencial campaña en la que los grupos homófobos no han dudado en utilizar todo tipo de malas artes. En estas últimas semanas hemos recogido algunos ejemplos, como la campaña promovida por una web de carácter neonazi que desplegó pósteres en el centro de Melbourne con el titular “Parad a los maricones” acusando a las familias homoparentales de abusar masivamente de sus hijos. O lo que sucedió en Sídney, donde se repartieron panfletos en inglés y chino en los que tachaba a la homosexualidad de “maldición mortal” y se advertía sobre “falsas mujeres transexuales” en los baños públicos. Homofobia y transfobia de trazo grueso que se ha beneficiado de la impunidad derivada del hecho de que la consulta no haya estado sometida a las reglas de un referéndum normal. Aunque también ha tenido derivadas positivas, como el inesperado debate interno que ha tenido lugar en el seno de la Iglesia católica australiana.

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Comentarios
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