"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

El Parlamento de Australia aprueba el matrimonio igualitario

Tras una maratoniana sesión en la que se han considerado 118 enmiendas, la Cámara de Representantes de Australia ha aprobado el matrimonio igualitario por casi unanimidad de sus miembros. Una a una, las proposiciones para enmendar el texto aprobado el pasado 30 de noviembre en el Senado australiano han sido rechazadas. Tras recibir el consentimiento real por parte del gobernador general (representante del jefe del Estado), la ley tomará efectos el 9 de diciembre, si bien las primeras bodas no podrán celebrarse hasta un mes después. Con Australia, ya son 26 los países que permiten el matrimonio a las parejas del mismo sexo.

El camino ha sido largo y lleno de escollos, pero, finalmente, la lucha por la igualdad para las parejas LGTB australianas se ha saldado con una victoria definitiva. Con la libertad de voto como premisa, las dos cámaras del Parlamento australiano han aprobado la reforma de la Ley de Matrimonio para abrir la institución a las parejas del mismo sexo con plena igualdad.

El pasado 15 de noviembre se presentaron los resultados de la consulta por correo postal convocada al respecto por el Gobierno australiano. Tras conocerse los datos definitivos (61,6 % de votos a favor, 38,4 % en contra con una participación del 79,5 % del censo), el primer ministro se felicitaba públicamente por un resultado “abrumador”. Superado el trámite que él mismo impuso para apaciguar a los sectores contrarios a la igualdad dentro de su partido, Malcolm Turnbull daba vía libre para la discusión legislativa de la medida y se mostraba convencido de que el proceso culminaría con una ley de matrimonio igualitario antes de Navidad.

Casi de manera inmediata, su compañero de filas el senador Dean Smith presentaba un proyecto para reformar la Ley de Matrimonio de 1961, que sustituía las palabras “un hombre y una mujer” por “dos personas” donde era necesario. Smith introdujo en su propuesta una cláusula para eximir a las organizaciones religiosas de la obligación de celebrar enlaces entre personas del mismo sexo. La disposición solo afectaría a los matrimonios religiosos y no a los civiles.

El proyecto de ley del senador Smith fue aprobado en el Senado con su redacción original, por un resultado contundente de 42 votos a favor, 12 en contra, 8 abstenciones y 11 ausencias. No prosperó ninguna de las enmiendas que trataban de impedir que la igualdad respecto a la institución del matrimonio fuera completa para las parejas LGTB. No se admitió, por ejemplo, que los funcionarios pudieran negarse a casar a parejas del mismo sexo aduciendo razones religiosas.

Tras su aprobación por la cámara alta, el texto pasó a consideración de la Cámara de Representantes, donde los diputados más conservadores han tratado, una vez más, de enmendar el texto para reducir los derechos de las parejas LGTB. Enmiendas que permitirían que cualquier titular de un negocio pudiera negarse a prestar sus servicios a las parejas del mismo sexo, o que las ONG no perdieran sus subvenciones por expresar su rechazo al matrimonio igualitario (algo que ya está protegido por las leyes australianas). Ninguna de ellas ha sido respaldada por la mayoría de los miembros de la cámara baja, que finalmente han dado su aprobación al texto íntegro del proyecto de ley del senador Smith por una abrumadora mayoría de 154 votos a favor y tan solo 4 en contra. Tras la votación, tanto los miembros de la cámara como los invitados se han puesto en pie con una encendida ovación y han entonado con emoción el himno We are australians.

El gobernador general de Australia ha dado el oportuno consentimiento real a la nueva ley, que tomará efectos el 9 de diciembre. Sin embargo, las primeras bodas de parejas del mismo sexo no podrán tener lugar hasta pasado un mes desde esa fecha, pues es el plazo que debe transcurrir entre la solicitud de la licencia de matrimonio y su celebración.

Un largo camino hacia la igualdad

La contienda política sobre el matrimonio igualitario en Australia se ha prolongado durante años, a pesar de existir una mayoría tanto social como parlamentaria favorable a la medida. Antes de las elecciones de 2013, que dieron la victoria al liberal-conservador Tony Abbott, fueron los laboristas los que actuaron como freno. La que hasta junio de ese año había sido primera ministra, Julia Gillard, se oponía, y durante sus años de gobierno no dudó en maniobrar para impedir que los partidarios de la igualdad dentro del Partido Laborista trasladaran su criterio al Parlamento. Y ello pese a que ya en su congreso nacional de 2011 los laboristas incorporaban la defensa del matrimonio igualitario a su ideario. Ideario que Gillard se encargó de convertir en papel mojado al imponer que sus diputados –cuyos votos eran todos necesarios, debido a lo ajustado de su mayoría– tuvieran libertad de voto. Una libertad que Tony Abbott negó entonces a los suyos y que desembocó en el fracaso de la iniciativa. De la mano de Gillard, Australia perdía una primera oportunidad histórica.

La impopularidad de Gillard llevó a Kevin Rudd a arrebatarle el liderazgo del partido y el puesto de primer ministro. Ya por entonces Rudd se había convertido en defensor del matrimonio igualitario, pese a que su anterior etapa como primer ministro se caracterizó también por un rechazo frontal. Pero la sustitución de Gillard no evitó la derrota laborista, y, tras las elecciones de septiembre de 2013, Abbott (un católico fuertemente opuesto al matrimonio igualitario, pese a tener una hermana abiertamente lesbiana) se convertía en primer ministro. Su victoria alejó las expectativas de aprobación, pese a que un número no determinado de diputados de su partido eran partidarios del matrimonio igualitario, y de hecho ya desde el principio el propio Abbott reconoció que le iba a resultar complicado mantener la disciplina de voto en esta materia. Lo consiguió… pero el empeño contribuyó a la gran bajada de popularidad que finalmente acabó por costarle el puesto y ser sustituido por Malcolm Turnbull en septiembre de 2015.

Malcolm Turnbull y la obsesión por el referéndum

El liderazgo de Turnbull parecía que por fin abriría la puerta a que los diputados liberal-conservadores tuvieran libertad de voto y que el matrimonio igualitario resultase aprobado. No fue así. Pese a declararse partidario de su aprobación, el nuevo primer ministro (que renovó su cargo tras las elecciones de julio de 2016, que la coalición liberal-conservadora ganó por estrecho margen) se decantó por la organización de un referéndum sobre la materia. Comenzaba una nueva (y exasperante) batalla política. Durante este periodo, la oposición, contraria a cualquier referéndum sobre la materia, ha contado con mayoría en el Senado, por lo que las iniciativas gubernamentales fueron rechazadas en dos ocasiones: la primera vez en noviembre de 2016 y la segunda vez el pasado agosto. Adelantándose a esta situación, el ministro de Inmigración planteó ya en marzo la posibilidad de una consulta postal voluntaria y no vinculante, que no necesitaba la aprobación de una ley para su puesta en marcha. Una iniciativa que fue la que acabó por materializarse.

A partir de ahí, comenzó una demencial campaña en la que los grupos homófobos no han dudado en utilizar todo tipo de malas artes. En estas últimas semanas hemos recogido algunos ejemplos, como la campaña promovida por una web de carácter neonazi que desplegó pósteres en el centro de Melbourne con el titular “Parad a los maricones” acusando a las familias homoparentales de abusar masivamente de sus hijos. O lo que sucedió en Sídney, donde se repartieron panfletos en inglés y chino en los que tachaba a la homosexualidad de “maldición mortal” y se advertía sobre “falsas mujeres transexuales” en los baños públicos. Homofobia y transfobia de trazo grueso que se ha beneficiado de la impunidad derivada del hecho de que la consulta no haya estado sometida a las reglas de un referéndum normal. Aunque también hubo derivaciones positivas, como el inesperado debate interno que tuvo lugar en el seno de la Iglesia católica australiana.

Finalmente, el resultado del plebiscito fue abrumadoramente favorable al matrimonio entre personas del mismo sexo. Participó un 79,5 % del censo, que apoyó la igualdad con un 61, % de votos a favor y 38,4 % votos en contra. A partir de ahí, comenzó el trámite parlamentario que ha culminado con éxito.

El matrimonio igualitario en Europa y el mundo

Con la incorporación de Australia, son 26 los países donde existe el matrimonio igualitario (entre paréntesis, la entrada en vigor de la ley):

Holanda (2001), Bélgica (2003), España (2005), Canadá (2005), Sudáfrica (2006), Noruega (2009), Suecia (2009), Portugal (2010), Islandia (2010), México (en vigor en algunos estados, aunque desde 2010 deben ser reconocidos a nivel nacional), Argentina (2010), Dinamarca (2012), Nueva Zelanda (2013), Brasil (2013), Uruguay (2013), Francia (2013), Reino Unido (2014 en Inglaterra, Gales y Escocia, sin que exista legislación igualitaria en Irlanda del Norte), Luxemburgo (2015), Irlanda (2015), Estados Unidos (2015), Colombia (2016), Finlandia (2017), Alemania (2017), Malta (2017), Australia (2017) y Austria (2019). (Podéis pinchar en el mapa para verlo a mayor tamaño).

En Taiwán existe un mandato de su Corte Constitucional para que se legisle al respecto antes de mayo de 2019, si bien la isla no está reconocida como país por las Naciones Unidas.

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