El cine de Tsai Ming-liang (y IV, por ahora)
Thursday, July 10th, 2008

Pincha aquí para leer la primera parte.
Pincha aquí para leer la segunda parte.
Pincha aquí para leer la tercera parte.
“Goodbye Dragon Inn”(2003) es una absoluta obra maestra. La última proyección en un cine cochambroso del clásico del cine taiwanés “Dragon Inn” le sirve a Tsai para realizar una bellísima y melancólica reflexión sobre el pasado del cine. Casi toda la película trascurre en el patio de butacas mientras se proyecta la película: la música extradiegética de la película clásica se convierte en música diegética de la película de Tsai. Los escasos espectadores (casi todos homosexuales en busca de ligue) realizan una sinuosa coreografía de butaca en butaca, de urinario en urinario, de pasillo en pasillo. Hasta el minuto 45 no se dice ni una sola frase: “Este cine está infestado. De fantasmas. Soy japonés. Sayonara”.

Los otros espectadores son fantasmas, actores de películas clásicas que se emocionan con la película, o una chica (la absolutamente maravillosa Yang Kuei-mei) que come pipas como nadie ha comido nunca pipas. Los trabajadores del cine son nuestro Lee Kang-sheng, que hace de chico en la cabina de proyección y que sólo aparece diez minutos antes del final, más guapo que nunca, eso sí, y la taquillera coja, que se recorre los infinitos pasadizos del cine arrastrando su tacón y que está secretamente enamorada del chico de la cabina. De nuevo, un final absolutamente desolador con lluvia, y uno siente que el alma se le va por las alcantarillas. Jamás podrás olvidar el sonido de los tacones de la taquillera. Premio Fipresci en el Festival de Cannes.

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En “El sabor de la sandía” (2005), una de sus películas más conocidas en España, una ciudad con restricciones de agua que obliga a sus habitantes a saciar su sed con sandía sirve al director para construir una bella metáfora: la sandía es un casi todo agua pero no es agua. Lo mismo vale para el amor y el sexo. Esta vez, su actor fetiche se convierte en un actor de cine porno que es consciente de que lo que hace no es amor, por eso no come sandía y prefiere buscar algún depósito putrefacto para bañarse en agua de verdad. Todo aderezado con números musicales de lo más que kitsch del mercado y detalles escatológicos que hacen las delicias del almodovariano que todos llevamos dentro.
Además, Tsai Ming-liang aprovecha para hacer una brutal crítica sobre el trato a la mujer en el porno heterosexual en una escena durísima que pocos espectadores aguantan. El final puede ser tan desolador como el espectador quiera: o bien decide que el último resquicio de amor ha sido echado a perder, o bien la actitud de Lee Kang-sheng al cambiar de cuerpo (y agujero) en el momento del clímax indica que ha encontrado el amor verdadero. Oso de Plata en el Festival de cine de Berlín.

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“I don’t want to sleep alone” (2006): una película monumental en la filmografía de Tsai. Rodada en Malasia, se inspira en la persecución homófoba de los trabajadores extranjeros a finales de los noventa y, según Tsai, en “La flauta mágica”. Un obrero indio recoge de la calle al, ya para nosotros, famoso Lee Kang-sheng y lo lleva a su cama, donde le dedica todos los cuidados que su condición de inmigrante ilegal le permite. Sigue una serie de tiernas e inolvidables escenas en las que Tsai se deleita (y de paso, también deleita al espectador entendido). Por otro lado, el polifacético Lee también hace de tetrapléjico que recibe los cuidados de su hija y su mujer, cuidados tremendamente profesionales pero sin atisbo de cariño. Lee se va a dormir con la chica, el indio busca a Lee y acaban durmiendo los tres juntos en un colchón que flota en una charca de un piso en construcción (o en demolición, que en las pelis de este hombre todo tiene múltiples lecturas). Para que luego digan que tres es multitud.

Espero haber despertado en alguien el interés por este director y que le provoque al menos el 10% del deleite que me ha proporcionado a mí. Besos y buen verano.

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“Goodbye Dragon Inn”(2003) es una absoluta obra maestra. La última proyección en un cine cochambroso del clásico del cine taiwanés “Dragon Inn” le sirve a Tsai para realizar una bellísima y melancólica reflexión sobre el pasado del cine. Casi toda la película trascurre en el patio de butacas mientras se proyecta la película: la música extradiegética de la película clásica se convierte en música diegética de la película de Tsai. Los escasos espectadores (casi todos homosexuales en busca de ligue) realizan una sinuosa coreografía de butaca en butaca, de urinario en urinario, de pasillo en pasillo. Hasta el minuto 45 no se dice ni una sola frase: “Este cine está infestado. De fantasmas. Soy japonés. Sayonara”.

Los otros espectadores son fantasmas, actores de películas clásicas que se emocionan con la película, o una chica (la absolutamente maravillosa Yang Kuei-mei) que come pipas como nadie ha comido nunca pipas. Los trabajadores del cine son nuestro Lee Kang-sheng, que hace de chico en la cabina de proyección y que sólo aparece diez minutos antes del final, más guapo que nunca, eso sí, y la taquillera coja, que se recorre los infinitos pasadizos del cine arrastrando su tacón y que está secretamente enamorada del chico de la cabina. De nuevo, un final absolutamente desolador con lluvia, y uno siente que el alma se le va por las alcantarillas. Jamás podrás olvidar el sonido de los tacones de la taquillera. Premio Fipresci en el Festival de Cannes.

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En “El sabor de la sandía” (2005), una de sus películas más conocidas en España, una ciudad con restricciones de agua que obliga a sus habitantes a saciar su sed con sandía sirve al director para construir una bella metáfora: la sandía es un casi todo agua pero no es agua. Lo mismo vale para el amor y el sexo. Esta vez, su actor fetiche se convierte en un actor de cine porno que es consciente de que lo que hace no es amor, por eso no come sandía y prefiere buscar algún depósito putrefacto para bañarse en agua de verdad. Todo aderezado con números musicales de lo más que kitsch del mercado y detalles escatológicos que hacen las delicias del almodovariano que todos llevamos dentro.
Además, Tsai Ming-liang aprovecha para hacer una brutal crítica sobre el trato a la mujer en el porno heterosexual en una escena durísima que pocos espectadores aguantan. El final puede ser tan desolador como el espectador quiera: o bien decide que el último resquicio de amor ha sido echado a perder, o bien la actitud de Lee Kang-sheng al cambiar de cuerpo (y agujero) en el momento del clímax indica que ha encontrado el amor verdadero. Oso de Plata en el Festival de cine de Berlín.

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“I don’t want to sleep alone” (2006): una película monumental en la filmografía de Tsai. Rodada en Malasia, se inspira en la persecución homófoba de los trabajadores extranjeros a finales de los noventa y, según Tsai, en “La flauta mágica”. Un obrero indio recoge de la calle al, ya para nosotros, famoso Lee Kang-sheng y lo lleva a su cama, donde le dedica todos los cuidados que su condición de inmigrante ilegal le permite. Sigue una serie de tiernas e inolvidables escenas en las que Tsai se deleita (y de paso, también deleita al espectador entendido). Por otro lado, el polifacético Lee también hace de tetrapléjico que recibe los cuidados de su hija y su mujer, cuidados tremendamente profesionales pero sin atisbo de cariño. Lee se va a dormir con la chica, el indio busca a Lee y acaban durmiendo los tres juntos en un colchón que flota en una charca de un piso en construcción (o en demolición, que en las pelis de este hombre todo tiene múltiples lecturas). Para que luego digan que tres es multitud.

Espero haber despertado en alguien el interés por este director y que le provoque al menos el 10% del deleite que me ha proporcionado a mí. Besos y buen verano.









La serie de nuestros amigos de
La 2 emite esta noche de madrugada (03h15) la película ‘





El pasado domingo se clausuró 
En plena tormenta por la campaña de los medios de la derecha por la famosa imagen del actor Israel Rodríguez,
En esta ceremonia de confusión, homofobia y medias mentiras,
César Vidal, de vacaciones durante la pasada semana, ha aprovechado su regreso a las ondas para tratar el tema de ‘Clandestinos’, repitiendo los argumentos que se han venido esgrimiendo en los últimos días en la COPE y Libertad Digital, 





“¿Hubiera armado tanto revuelo el cartel si los dos personajes hubieran invertido los papeles? ¿Serviría eso para enaltecer el instinto viril y la dignidad del cuerpo? Creemos que esta sociedad tiene que quitarse la venda de los ojos y reaccionar en contra de cualquier ataque homófobo como este“, añadió en el comunicado en el que se responde a Hazte Oír. 

El coprotagonista y productor de ‘Clandestinos’,