"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

ENTREVISTA A JUAN HERNÁNDEZ (MOVILH): «Bachelet no cumplió ninguna de sus promesas presidenciales con la población LGBT»

frente-a-frente

En el próximo mes de diciembre Chile celebrará las quintas elecciones presidenciales desde la llegada de la democracia con el fin del régimen de Augusto Pinochet. Después del escaso compromiso de Michelle Bachelet con los derechos de la minorías sexuales, estos comicios electorales se presentan como decisivos para el colectivo LGTB. Para conocer más en profundidad la expectativas del movimiento LGTB ante estas elecciones, he tenido la oportunidad de charlar con Juan, activista homosexual chileno. Juan Hernández es responsable del Área de Derechos Humanos del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH), organización LGTB chilena de la cual es activista desde 1991, año de su creación.

entrevista-movilhAlberto.- ¿Qué es el MOVILH? ¿Cómo y cuándo nace vuestra organización?

Juan Hernández.- El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH) es un colectivo integrado por lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) que nace en 1991 con los objetivos de derribar la discriminación, visibilizar sin prejuicios ni estereotipos las distintas realidades de la diversidad sexual y conseguir la igualdad de derechos, lo cual en nuestros 18 años de existencia ha pasado por iniciativas, demandas y propuestas de tipo social, legal, cultural, económico, social y político.

La organización tiene como fundadores a personas de mayores de 18, algunas de las cuales jugaron un importante rol sociopolítico para enfrentar la dictadura de Augusto Pinochet, mientras que una vez recuperada la democracia, la experiencia adquirida en estos planos fue trasladada al movimiento LGBT, adecuándola a la realidad específica de ese sector, con absoluta independencia política, partidaria, ideológica y económica.

En la actualidad el MOVILH, cuyo trabajo ha sido distinguido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Amnistía Internacional y el Ministerio Secretaría General de Gobierno, también se compone de menores de 18 años agrupados en la Brigada Escolar LGTB.

A.- ¿Cuáles son los principales retos del movimiento LGTB chileno en estos momentos?

J.H.- En términos amplios, los restos se pueden dividir en tres planos: el sociocultural, el político-jurídico y el de derechos humanos. En el primer caso, se persigue erradicar la homofobia y la transfobia entre los chilenos y chilenas, desde las bases hasta las estructuras que cuenten con algún grado de organización (formal o informal), todo con el objetivo final de que la discriminación cese. Para tales efectos, se desarrollan actividades culturales y comunicaciones, de tipo masivo o académico, en espacios públicos o privados, siempre en alianzas con otros sectores discriminados (minorías étnicas, religiosas, inmigrantes, pobres, indigentes, personas con discapacidad, mujeres, jóvenes, adultos mayores, niños y niñas). De hecho en forma inédita en el mundo, el MOVILH celebra desde el 2001 el Día Internacional del Orgullo junto a todos estos sectores.

Junto a ello, destaca la intervención en las políticas públicas de educación, en el entendido de que en ese plano, y en particular cuando se parte de la enseñanza más básica, es posible contribuir al cambio cultural. Así es como en estos momentos estamos distribuyendo en colegios de todo Chile un manual educativo de la Diversidad Sexual que es apoyado por la Fundación Triángulo, por la Cooperación Extremeña de España y por la Embajada del Reino de los Países Bajos.

Las acciones en plano sociocultural, que también incluyen alianzas con organizaciones y fundaciones y grupos ciudadanos, ha sido del todo exitosa, pues mientras a comienzos de los 90 cerca de los 80 por ciento de los chilenos y chilenas rechazaba la homosexualidad o la transexualidad, hoy la discriminación ha mermado en unos 30 puntos porcentuales. Mejor aún, cuando se considera sólo a la población joven (entre 15 y 29 años), la aceptación llega a un 80 por ciento, lo que demuestra un positivo cambio generacional.

En el campo político-jurídico, los desafíos son la incorporación de la realidad de la diversidad sexual en las diversas políticas públicas del Estado; relacionadas con el campo laboral, salud, educacional y social; así como con la derogación de leyes que aún se usan para discriminar a las minorías sexuales, y con la aprobación de otras inexistentes, destinadas a la igualdad plena. Al respecto se han logrado importantes y históricos avances que pueden conocerse en detalle aquí.

Por último, en el terreno de los derechos humanos el desafío es potenciar entre las personas sus derechos, a objeto de que denuncien todo caso de discriminación y así poder corregirlo y evitar su reedición. En esa línea, se dan asesorías legales, culturales y psicológicas gratuitas a las personas. Entre el 2002 y el 2008, Chile ha conocido 380 denuncias por homofobia o transfobia que han afectado a unas 1.500 personas, 13 de las cuales han llegado a perder la vida en crímenes de odio. Más del 90 por ciento de estos casos han sido atendidos por el MOVILH.

A.- Actualmente, ¿cuál es la situación legal de los derechos LGTB en Chile?

J.H.- Chile carece de una norma que sancione la discriminación por orientación sexual y género, y al respecto existe ya un proyecto de ley en el Congreso Nacional desde el 2005, el cual protege a las minorías sexuales tras una lucha de 10 años dada por el MOVILH. La aprobación se ha demorado precisamente porque esta norma hace referencia a la diversidad sexual, lo cual es rechazado con fiereza por una parte de la derecha y por las cúpulas de las religiones.

Tampoco Chile tiene una ley de unión civil o matrimonio, aún cuando junto a diversos parlamentarios ya hemos ingresado al Congreso Nacional ambas iniciativas para su tramitación. Lo mismo hicimos con la presentación de una ley de identidad de género que permita a transexuales cambiar su nombre y sexo legal sin necesidad de someterse a cirugías de reasignación de genitales.

En la actualidad, existen en Chile aún tres leyes que son usadas para discriminar a las personas identificadas como lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. Una es el artículo 365 del Código Penal que fija la edad de consentimientos sexual en 18 años para homosexuales y transexuales, mientras que para los heterosexuales está fijada en 14, desigualdad que estamos tratando de corregir mediante variadas campañas. En concreto el articulo 365 del Código Penal establece que “el que accediere carnalmente a un menor de dieciocho años de su mismo sexo (…), será penado con reclusión” de entre 61 días a tres años de cárcel, aún cuando la relación fuese consentida por ambas partes, mientras que para los heterosexuales tales penas sólo corren si hay involucrados menores de 14 años.

Las policías históricamente han detenido además a parejas haciendo una arbitraria interpretación del artículo 373 del Código Penal. Dicha norma sanciona “las ofensas, el pudor o las buenas costumbres” con presidio que puede ir entre los 61 días y los tres años de cárcel. A juicio de algunas policías, las parejas homosexuales o personas transexuales ofenden las buenas costumbres si expresan su afecto en público y/o dan a conocer su identidad a través de su estética o vestimentas y por eso las detienen. Para derogar esta norma, ya presentamos un proyecto de ley.

Por último, tenemos el artículo 161 del Código del Trabajo el cual permite los despidos por “necesidades de la empresa” y no obliga al empleador a dar a conocer la verdadera razón de su proceder. Esta ambigüedad permite los despidos de personas homosexuales o transexuales, y por eso estamos trabajando con variados parlamentarios en un proyecto de ley, ya presentado al Congreso, que cambia este panorama.

En este negro panorama destaca, sin embargo, que el 2005 conseguimos por primera vez que el Parlamento reconociera la discriminación hacia la población LGBT y se pronunciará en contra de ella, a través del Proyecto de Acuerdo contra la Homofobia y Transfobia que fue aprobado por amplia mayoría. Aunque ello no es una ley, es un avance. En tanto, a nivel más local, estamos promoviendo en todas las comunas Ordenanzas Municipales contra la Discriminación y ya conseguimos que este año se aprobará la primera en Santiago, el centro del poder político del país.

A.- ¿Existe aún homofobia en la política chilena?

J.H.- Absolutamente. La homofobia es transversal a la izquierda, el centro y la derecha. La diferencia está dada porque una parte de la izquierda y el centro han sido más colaboradora en algunas de nuestras propuestas, mientras que el apoyo de una parte de la derecha es menor y cuenta con un partido, la Unión Demócrata Independiente (UDI), que actúa como bloque en contra de las minorías sexuales, algo que no ocurre en las colectividades de centro y la izquierda, aún cuando en su seno también hay mucha oposición de parlamentarios a nuestros derechos y, en algunos casos, bastante oportunismo sobre la igualdad, pues se tiende a respaldar en el discurso, pero en la práctica el compromiso es bien débil y discontinuo, muchas veces condicionado por la mayor o menor presencia mediática del movimiento LGBT, antes que por principios.

Esta situación nos ha llevado a protestas de gran impacto, como fue el encadenamiento en la sede la de UDI, partido que por esa razón nos llevó a un juicio que felizmente ganamos. También a comienzos de este año protestamos pacíficamente, en el marco de la Cumbre de Líderes Progresistas, contra el gobierno por no cumplir su promesas presidenciales con las minorías sexuales, lo cual nos valió estar detenidos por cinco horas en un calabozo.

A.- En diciembre se celebran elecciones presidenciales en Chile. ¿Son estos comicios decisivos para conseguir avances legislativos que favorezcan al colectivo LGTB?

J.H.- Estimamos que sí son decisivos, pues en las elecciones presidenciales del 2005 logramos comprometer a todos los candidatos presidenciales, incluida la actual mandataria Michelle Bachelet, en tres propuestas ejes: la unión civil, la ley antidiscriminatoria y la implementación de una política educacional en sexualidad que haga frente al bulllying homofóbico o transfóbico. Sin embargo, el gobierno no cumplió sus promesas; aún cuando siendo justos, sí hemos conseguido algunos avances bajo esta administración, siendo el más reciente la posibilidad de que convivientes homosexuales y heterosexuales puedan acceder a subsidios estatales para hacer realidad el sueño de la casa propia.

Con todo, lo concreto es que las promesas no fueron cumplidas y en ese sentido ya iniciamos una ronda de reuniones con todos los candidatos presidenciales, todos los cuales ya han prometido avanzar precisamente en lo que Michele Bachelet no cumplió.

Creemos, en ese sentido, que los comicios de diciembre próximo sí serán decisivos, por varios motivos. Primero porque hemos exigido garantías de que se haga real lo que se promete y segundo, más importante aún, porque existe una importante apertura entre los chilenos y chilenas para nuestra igualdad de derechos, así como un indiscutible cambio generacional y cultural favorable. Ello debiera oírse en un próximo, pues la indeferencia frente a éste y otros temas de derechos humanos ya ha provocado quiebres importantes en toda la arena política, con costos de graves consecuencias para quienes hoy están en el poder y que aspiran a la re-elección.

El carácter decisivo está dado además por una estrategia del “paso a paso en los avances” que es parte de la cultura política de nuestro país, y la verdad es que los cambios más urgentes a nivel de país que venían necesitándose desde la recuperación de la democracia, como el término de los enclaves autoritarios, la consolidación macroeconómica y una mayor política social, están en buen camino, situaciones que dan esperanzas de que en el futuro próximo se viva un viraje a otras preocupaciones que hoy están en segundo o último plano de las prioridades de las políticas públicas y leyes, como es el caso de los derechos de las minorías sexuales.

A.- A juicio del MOVILH, ¿qué candidaturas presidenciales están más comprometidas con la igualdad de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales?

movilhJ.H.- A la fecha nos hemos reunido con los candidatos del oficialismo y senador, Eduardo Frei (ex presidente de la República), con el abanderado de la izquierda extraparlamentaria, Jorge Arrate, y con los independientes Marco Enríquez-Ominami y Pamela Jiles, faltando sólo reuniones con el representante de la derecha, Sebastián Piñera, quien en todo caso ya en su postulación del 2005 se mostró favorable a nuestras propuestas, y con el senador Alejandro Navarro.

Lo concreto es que todos los abanderados con quienes nos hemos reunido han incorporado nuestras demandas y propuestas en sus discursos y programas electorales y estimamos que lo mismo ocurrirá con quienes aún no tenemos citas formales.

En términos generales, la verdad es que todos apoyan las uniones civiles y todos rechazan (o no tienen postura, frente a la adopción por parte de parejas homosexuales o transexuales) a excepción de Jiles, sin embargo ella tiene nulas posibilidades de ser electa, hasta el punto de que ni figura en las encuestas que son lideradas por Frei y Piñera.

Como consecuencia, a nivel discursivo e incluso programático todas la candidaturas tienen similares niveles de compromiso con la igualdad LGBT. Sin embargo, y centrándonos en quienes lideran las encuestas, hay pasados en las respectivas coaliciones de los abanderados que los diferencian. Así, por ejemplo, en el caso de Frei está la Concertación, cuyos parlamentarios y partidos han sido más comprometidos; mientras que Piñera está afirmado en una derecha compuesta por Renovación Nacional (RN), partido del cual es parte, y la UDI. Mientras algunos parlamentarios de RN han apoyado nuestras propuestas, en el caso de la UDI, la oposición es total.

A.- ¿Pedirá el MOVILH expresamente el voto para alguna de estas candidaturas? De ser así, ¿para cuál de ellas?

J.H.- No lo sabemos aún, pues en las pasadas elecciones fuimos la única organización de minorías sexuales que trabajó de forma sistemática por Michelle Bachelet, pero la presidenta no cumplió sus promesas, entonces la experiencia adquirida nos exige ser más realistas, cautos y desconfiados. Además nos faltan reuniones con algunos candidatos para tener todas las cartas sobre la mesa y decidir. De lo que sí estamos seguros es de llamar a negarle el voto a quienes tienen (o vayan a tener) discursos homofóbicos y transfóbicos, como es el caso del abanderado ex Concertación Adolfo Zaldívar, con quien ya desechamos todo tipo de acercamiento.

Para definir si apoyaremos o no alguna candidatura debemos tener claro: lo que se propone, la forma como piensan ejecutarse las promesas, las posibilidades políticas de cada candidato para hacer real su programa, la historia pasada y presente de cada abanderado respecto a nuestros derechos y los motivos reales por lo que incorporan nuestras demandas.

Para informar sobre estas materias, y de otras, próximamente lanzaremos un boletín impreso gratuito que repartiremos a la población LGBT de todo el país, gracia al auspicio de la Embajada del Reino de los Países Bajos.

A.- ¿Se conseguirá durante el próximo mandato presidencial una ley de uniones homosexuales en Chile?

J.H.- Es bien difícil dar una respuesta, aunque tenemos más esperanzas que nunca, pues las uniones civiles ya han ocupado parte importante de los debates de los pasados y actuales períodos electorales, y creemos que sería bastante absurdo volver a debatir de los mismo para el 2014, tanto desde el punto de vista de la credibilidad de las coaliciones políticas, como por el apoyo casi total que existe a esta demanda en todos los planos, exceptuando a la UDI y algunas iglesias. Juega en contra, empero, lo realmente sucedido y que tiene su alarma más negativa en el hecho de que ni siquiera contamos aún con una ley antidiscriminatoria.

A.- ¿Hoy por hoy la sociedad chilena se encuentra preparada para elegir a un presidente gay o a una presidenta lesbiana?

J.H.- Interesante pregunta, porque el único sondeo que se realizó al respecto entre los chilenos y chilenas reflejó que sí. Se trata de un estudio efectuado en 2004 por la Fundación Chile 21 (considerado el think thank de la alianza oficialista), según el cual el 59 por ciento de los chilenos y chilenas no ve incompatibilidad entre ser homosexual (lesbiana o gay) y ser ministro de Estado o presidente de la República.

Este dato; que es sólo un ejemplo, pues la mayoría de los sondeos nos han sido favorables; explicita justamente uno de los principales problemas para la igualdad de derechos, pues si bien la sociedad ha cambiado positivamente, los partidos, el Estado y sus autoridades no lo han hecho, y al final de cuentas son ellos y ellas quienes deciden las políticas públicas y a quien o no postular para un cargo público. Y en este aspecto, Chile no está preparado. Es, en términos realistas, una realidad imposible que en la actualidad o el futuro próximo llegue un gay o una lesbiana a la Presidencia.

A.- ¿Ha cumplido la Presidenta Bachelet con el colectivo LGTB durante su mandato presidencial?

J.H.- No. Como ya expliqué antes, Bachelet no cumplió ninguna de sus promesas presidenciales con la población LGBT y ha mostrado nulo interés en avanzar en ello, sobre todo en la unión civil. En la práctica, para Bachelet, ni para la mayoría de su gobierno, los derechos humanos de las minorías sexuales han sido prioritarios, situación que se potencia con el hecho de que la Presidenta tiene una altísima aceptación (superior al 70 por ciento) y, por tanto, este tema le resulta menos relevante.

Esta indiferencia sobre nuestra realidad, que tiene diversos matices en cada repartición del Poder Ejecutivo, fue reconocido incluso por un estudio del propio Ministerio Secretaría General de Gobierno, el cual advirtió el año pasado que la oferta pública antidiscriminatoria en materia de diversidad sexual es el menos prioritario de todos, a un punto que es casi inexistente.

Esta situación ha sido muy compleja para el movimiento LGBT como conjunto, pues en Bachelet se concentraron muchas esperanzas y entusiasmos, en especial porque su figura justamente rompió con el machismo y con la discriminación histórica padecida por las mujeres en Chile. Además porque, y alejándonos de lo referente a los derechos LGBT, el quehacer de Bachelet es querido y valorado por la mayoría de los chilenos, lo que pone en una situación doblemente difícil a cualquier movimiento de la diversidad sexual.

Sea como sea, y para ser rigurosos, diversos ministerios del gobierno (como el de Secretaría General, Bienes Nacionales, Salud, Vivienda y Urbanismo, Salud y algunos departamentos de la Cancillería) han atendido e implementado varias de nuestras propuestas, como por ejemplo un plan de atención médica gratuita para la población transexual de Santiago, los subsidios habitacionales para parejas LGBT o el respaldo técnico a actividades públicas, iniciativas que tienen el grave problema de no estar necesariamente garantizadas para los futuros gobiernos, pues dependen de la autoridad de turno.

En síntesis bajo el gobierno de Bachelet ha habido algunos avances en torno a nuestro sector, pero ninguno de ellos tiene relación con las promesas que adquirió con la diversidad sexual en período electoral. Ninguno se relaciona con las demandas más urgentes y sentidas, ni menos con políticas que puedan permanecer al margen de todo gobierno, lo que no ocurre con ningún otro sector social de nuestro país, a excepción de los inmigrantes.

Peor aún, en algunos ministerios hubo retrocesos respecto a lo conseguido en gobiernos pasados. Uno de los casos más graves se registró en el Ministerio de Educación, que bajo el gobierno de Bachelet eliminó una política sobre sexualidad que consideraba a las minorías sexuales. Más aún, el mes pasado la ministra de Educación, Mónica Jiménez, apartó de su cargo a la Jefa del Departamento de Educación Extraescolar del MINEDUC, Magdalena Garretón, por la única razón que había valorado el hecho de que estamos distribuyendo en los colegios el manual educativo de la diversidad sexual

A.- ¿Es España un ejemplo a seguir en los avances legislativos a conseguir para la igualdad de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales?

J.H.- Indiscutiblemente sí. España significa para los progresistas de nuestro país un gran ejemplo en este tópico, por cuanto con sus avances legislativos lo que hizo finalmente fue reconocer igualdad en los derechos humanos para todos y todas, incluyendo expresamente a un sector históricamente discriminado, como son las minorías sexuales. Las políticas de España son además de un ejemplo una esperanza de que los Estados pueden cambiar para mejor, una señal que de son posibles cambios en nuestra área y una experiencia real, concreta y demostrativa de que el avance hacia la igualdad para todos y todas no destruye las sociedades, desmintiendo a los homofóbicos y conservadores de todo el mundo.

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