"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Que sus faldas son ciclones

Desayuno en Urano

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Que sus faldas son ciclones
Rosa García Rayego – Mª Soledad Sánchez Gómez (eds.)
Editorial Egales (libro cedido por Berkana)

Que sus faldas son ciclones (bello título que es un verso de Marina Tsvietaieva) es un ensayo sobre las diversas representaciones del lesbianismo en la literatura angloamericana desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, a través de sus distintas manifestaciones y géneros literarios. La literatura lesbiana tratada desde tres puntos de vista: autora lesbiana, obra de temática lesbiana, o lector/lectora con visión lesbiana (lo que amplía los libros a tratar de forma ilimitada).

Con una introducción como la de Beatriz Suárez poco puedo añadir al excelente libro publicado por Egales: sólo por el prólogo, cargado de erudición pero en un lenguaje claro y comprensible y con intenciones pedagógicas, merece la pena. Todas esas cosas que a los que somos un poco espesitos nos cuesta comprender (el continuum lesbiano, la articulación de un cuerpo y una lengua lesbiana, las lesbianas como no-mujeres), al alcance de todos.

Y vamos al ataque con una escritora que me fascina especialmente, la gótica Vernon Lee, especialista en arte y música del renacimiento italiano, y en terror. Un repaso a su vida y su obra y amplia bibliografía (algo que se repite tras cada capítulo del libro) para poder profundizar en la lectura de sus cuentos. En la colección Valdemar, de la que soy coleccionista compulsivo, podéis encontrar el precioso Un fantasma enamorado.

La más que imprescindible Radclyffe Hall, que escandalizó con El pozo de la soledad (deprimente novela que yo no recomendaría a adolescentes con problemas de orientación sexual), se contrapone a su contemporánea, la complejísima Virginia Woolf. Palabras mayores: modestamente creo que Virginia Wolf es la mejor escritora de todos los tiempos.

Nos introducimos en el modernismo de la mano de Amy Lowell, Djuna Barnes y Gertrude Stein, autoras imprescindibles y arriesgadas, que han sufrido la homofobia y el machismo de la crítica literaria quedando siempre relegadas a un segundo plano.

Desde allí damos un salto a tres exitosas autoras: Sarah Schulman (la plagiada inspiradora del musical Rent, podéis leer aquí una entrevista que le hizo nuestro amigo Javier Sáez), Sarah Waters (especialista en novela histórica, ¿aún no has leído El lustre de la perla?) y Rita Mae Brown (un poco de cotilleo: la novia de la Navratilova, o de Fannie Flag, la de los tomates verdes fritos)

Y aún queda más, un complejo paseo por la poesía lesbiana contemporánea en Estados Unidos, con nombres que sonarán a los que se introducen en los cultos mistéricos de la teoría queer, como Adrienne Rich o Audre Lorde, un capítulo sobre la exitosa Jeanette Winterson, y quizá lo más interesante, el acercamiento a los márgenes, a las intersecciones de todas las fobias, a las triples y cuádruples marginaciones de las lesbianas caribeñas o a los inteligentes e inspiradores pensamientos fronterizos de las (y éstas también son palabras mayores), Gloria Anzaldúa y Cherríe Moraga.

Para finalizar este intenso repaso a la literatura lésbica, una aproximación al teatro anglo-norteamericano con Jill Posener, o las Split Britches, un capítulo sobre ese género que tanto gusta a las lesbianas, las novelas de misterio, con Barbara Wilson, Radclyffe o Katherine V. Forrest (¿habrá que reescribir este apartado después la saga Millenium?) y, finalmente una sección dedicada a la ciencia ficción, con la grandísima Ursula K. Le Guin (que no es lesbiana pero le gustaría serlo, aventuro), o el curioso caso de James Tiptree, sobre cuya identidad todo el mundo dudaba pero a nadie se le ocurrió dudar de su sexo (y resultó llamarse Alice B. Sheldon), o las exitosas Joanna Russ y Octavia Butler.

Que sus faldas son ciclones es un libro de libros, un laberinto que se ramifica en cada página, un “jardín de los senderos que se bifurcan”, en el que cada página ofrece al lector, cual página web llena de links, una nueva sugestión para que siga leyendo. Junto con el ya reseñado en esta web “… que me estoy muriendo de agua”, de María Castrejón, sobre narrativa lésbica española, la literatura lesbiana ha dejado de ser algo menos invisible.

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