"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Artículo de «Libertad Digital» relaciona homosexualidad y pederastia y se muestra comprensivo hacia la ley homófoba rusa

Libertad Digital ha publicado un artículo de opinión del argentino Eduardo Goligorsky que con el título «Ni homófobos ni desaprensivos» se muestra comprensivo hacia la ley aprobada en Rusia para prohibir la «propaganda homosexual» y relaciona abiertamente homosexualidad y pederastia. «Cuando era niño, entre los años 1931 y 1940, mis padres me repetían, con tono admonitorio: ‘Si se acerca un extraño y te ofrece caramelos, corre y pide ayuda a gritos.’ ¿Mis padres eran homófobos y me estaban inculcando sus prejuicios? Lo dudo», comienza el artículo de Goligorsky…

Eduardo Goligorsky comienza su artículo negando la relación entre la ley rusa y las violentas agresiones que sufren las personas LGTB en Rusia, de las que recientemente hemos tenido ejemplos espeluznantes, una relación que atribuye a «los guardianes de la corrección política». Golikorsky relaciona estas agresiones con lo que considera «hooliganismo» exacerbado de ciertos sectores de la sociedad rusa. «Los sectores marginales de la sociedad rusa están contaminados por un poso de violencia heredado tanto del despotismo zarista como de la dictadura del proletariado ejercida por una élite de oligarcas privilegiados. Los hooligans rusos fueron, y continúan siendo, muy brutos», afirma. Luego, tras poner la venda antes de la herida con un breve párrafo en el que reconoce que «tampoco la clase gobernante de Rusia es un modelo de respeto a las libertades políticas y los derechos humanos» entra de lleno a defender la relación entre homosexualidad y pedofilia.

Golikorsky se apoya en las opiniones del profesor de psicología forense alemán Hans-Ludwig Kröber, que relacionó los casos de pederastia en el seno del claro católico con la homosexualidad al afirmar que «para un varón heterosexual los niños carecen y carecerán de interés» o a la pertenencia de NAMBLA (Asociación Norteamericana por el Amor entre Hombres y Niños, una organización de pedófilos) a la ILGA en sus primeros años, pese a que esta organización internacional LGTB ya expulsó a este y a otros grupos sospechosos de defender la pedofilia hace dos décadas y se ha esforzado reiteradamente en dejar clara su posición contraria a este y a cualquier otro tipo de abusos. Golikorsky, aunque reconoce que también se dan casos de abusos a menores en el seno de familias tradicionales, se muestra además contrario a la adopción homoparental, aunque lo hace usando esa corrección política que antes parecía despreciar. «Los datos sobre la afinidad entre la pedofilia y la homosexualidad pueden convertir a esta en un riesgo añadido. Lo prioritario, en la adopción, no es complacer la posible vocación parental de la pareja sino asegurar el bienestar del niño y su desarrollo futuro libre de traumas superfluos. El matrimonio homosexual es, hoy, un derecho inalienable. La adopción por homosexuales es un derecho sujeto a objeciones razonadas que no lesionan los valores de la sociedad abierta», afirma.

Golikorsky, eso sí, critica que para eludir la palabra «homosexual» la ley rusa hable de «las relaciones sexuales no tradicionales» y sostiene que no es lo mismo difundir que hacer proselitismo. «Lo primero es pedagógico, incluso preventivo (‘Si se acerca un extraño…’); lo segundo, tratándose de la captación de menores, es punible, mal que les pese a los miembros de NAMBLA y sus compañeros de viaje», escribe, insistiendo una vez más la idea de que la ley rusa ha sido en realidad concebida para proteger a los menores de los pederastas.

Tras relacionar homosexualidad y pederastia, Golikorsky finaliza con párrafos más propios del opinador «homófobo liberal» clásico. Afirma que «el impacto masivo de la homosexualidad es fruto del exhibicionismo de muchos de sus adeptos y de las cuantiosas sumas de dinero que estos movilizan» y se permite bromear con el Orgullo LGTB, una celebración de la diversidad que en Rusia es hoy día objeto de persecución policial y detenciones. «La minoría homosexual impresiona por los desfiles pintorescos que organiza en el Día del Orgullo Gay. Pero sospecho que, además de la mayoría heterosexual que no se manifiesta, y que reserva el orgullo para otro tipo de cualidades, existe un colectivo que todavía no ha salido del armario y que, si saliera, dejaría los desfiles de los gays a la altura de humildes comparsas de Carnaval. El Día de la Modestia Adúltera se convertiría en una apoteosis multitudinaria ante la cual los vanidosos gays deberían plegar velas, abochornados», escribe.

Una ley apoyada por los homófobos occidentales

Recordemos que la que ya se conoce como ley contra la «propaganda homosexual» prohíbe informar positivamente de homosexualidad en todos aquellos ámbitos a los que supuestamente tengan acceso menores de edad. La medida supone penas de arresto de varios días y fuertes sanciones económicas, que varían según se trate de personas individuales, funcionarios o empresas y grupos sociales. Ni marchas públicas del Orgullo, ni programas contra el acoso escolar, ni información sobre salud sexual, ni cualquier cuestión que un juez considere “propaganda homosexual” puede tener lugar en todo el estado ruso.

Un marco legislativo que ya empieza a ser considerado la envidia de los grupos homófobos occidentales. En España, ejemplo, el colectivo HazteOír lo defiende con entusiasmo. “Pese a las presiones de los grupos homosexuales, que reaccionan con furia, el Este europeo sigue el ejemplo de Rusia para proteger a los niños, conteniendo la promoción de actos sexuales que atentan contra la familia y el matrimonio”, expresaba hace pocos días esta organización ultraconservadora al referirse al hecho de que otros países de la órbita exsoviética hayan seguido los pasos de Rusia o se planteen hacerlo.

Libertad Digital reincide en publicar artículos homófobos

El artículo de Golikorky supone la vuelta de la homofobia más descarnada a la primera línea de Libertad Digital, un medio al frente del cual se sitúa el periodista Federico Jiménez Losantos, muy popular entre el electorado conservador español, y que se define a si mismo como «liberal».

Hace años este sector estaba representado sobre todo por Pío Moa, al que otros colaboradores del medio e incluso el propio Losantos llegaron en su momento a reprochar sus columnas fuertemente homófobas (Moa ya no colabora en Libertad Digital).

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