"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Documento preparatorio del “Sínodo sobre la Familia”: ningún cambio doctrinal por lo que a la homosexualidad se refiere

Este jueves se presentó en el Vaticano el resultado de la consulta global encargada hace unos meses a las diócesis católicas de cara al Sínodo extraordinario sobre la Familia que tendrá lugar en octubre. Un proceso que despertó la esperanza de los católicos más aperturistas, que se movilizaron para hacer llegar a Roma una visión de la sensibilidad de los fieles distinta a la que habitualmente transmiten los “cauces oficiales” de la jerarquía católica. Medios de todo el mundo se han hecho eco de la supuesta renovación que el documento transmite a la hora de abordar la realidad de las parejas homosexuales y de las familias que conforman. Lo cierto es tras su atenta lectura el texto no aporta novedad alguna de fondo respecto a la que ya era doctrina oficial de la Iglesia católica, aunque debe concederse que al menos “oficializa” el reconocimiento de una realidad que le resulta incómoda.

A los muy interesados recomendamos la lectura íntegra del texto, disponible en castellano en la página web del Vaticano. El apartado referido a las uniones entre personas del mismo sexo es el capítulo III de la II parte (puntos 110 a 120). Por su interés, no obstante, hacemos ahora un análisis relativamente pormenorizado.

Sobre el reconocimiento civil de las uniones entre personas del mismo sexo, el documento se limita a recoger los diferentes escenarios a los que se enfrenta la Iglesia católica, que agrupa en tres contextos. El primero, “aquel en el cual prevalece una actitud represiva y que penaliza el fenómeno de la homosexualidad en todas sus facetas. Esto vale en particular donde la manifestación pública de la homosexualidad está prohibida por la ley civil”. El segundo, “aquel en el cual el fenómeno de la homosexualidad presenta una situación fluida. El comportamiento homosexual no se castiga, sino que se tolera mientras no sea visible o público. En este contexto, normalmente, no existe una legislación civil respecto a las uniones entre personas del mismo sexo”. El tercer contexto sería “aquel en el cual los Estados han introducido una legislación que reconoce las uniones civiles o los matrimonios entre personas homosexuales”.

Reconocidos estos tres contextos, la valoración de cada uno de ellos es muy diferente. Sobre el primero, ni una palabra de reproche. El documento se limita a recoger que según algunas respuestas del cuestionario “también en este contexto hay formas de acompañamiento espiritual de las personas homosexuales que buscan la ayuda de la Iglesia”. Sobre el segundo, el documento sí que recoge la preocupación de la Iglesia por el hecho de que “especialmente en Occidente, en el ámbito político hay una orientación creciente hacia la aprobación de leyes que prevén las uniones registradas o el denominado matrimonio entre personas del mismo sexo. En apoyo de esta visión se aducen motivos de no discriminación; una actitud que los creyentes y gran parte de la opinión pública, en Europa centro oriental perciben como una imposición de parte de una cultura política o ajena”.

Las palabras más duras son las que el documento dedica al tercer contexto. “Hay países en los que se debe hablar de una auténtica redefinición del matrimonio, que reduce la perspectiva sobre la pareja a algunos aspectos jurídicos, como la igualdad de derechos y la ‘no discriminación’, sin que haya un diálogo constructivo sobre las cuestiones antropológicas implícitas, y sin centrarse en el bien integral de la persona humana, en particular, el bien integral de los niños en el seno de estas uniones”, señala el documento.

Recomendación velada contra “las reacciones extremas”

Cuando de hacer una evaluación de la respuesta de las iglesias particulares se trata, el documento insiste en que todas ellas “han expresado su opinión en contra de una ‘redefinición’ del matrimonio entre hombre y mujer mediante la introducción de una legislación que permita la unión entre dos personas del mismo sexo”, pero sí reconoce “la impresión de que las reacciones extremas respecto de estas uniones, tanto de condescendencia como de intransigencia, no han facilitado el desarrollo de una pastoral eficaz, fiel al Magisterio y misericordiosa con las personas interesadas”.

El documento también reconoce que “en los países en los que existe una legislación de las uniones civiles, numerosos fieles se muestran a favor de una actitud respetuosa, que no juzgue a estas personas, y en favor de una pastoral que trate de acogerlas”, aunque se apresura a añadir que “esto no significa, sin embargo, que los fieles estén de acuerdo con una equiparación entre matrimonio heterosexual y uniones civiles entre personas del mismo sexo”.

El documento también muestra su preocupación por lo que considera “promoción de la ideología de gender” [sic], “que en algunas regiones influye incluso en el ámbito educativo primario, difundiendo una mentalidad que, detrás de la idea de eliminación de la homofobia, en realidad propone una subversión de la identidad sexual”.

Dos tipos de homosexuales: los que “no dan escándalo” y los que hacen “publicidad activa”

“En relación a la posibilidad de una pastoral” para las parejas homosexuales, el documento distingue entre “las que han hecho una elección personal, a menudo sufrida, y la viven con delicadeza para no dar escándalo a otros” (el homosexual bueno y digno de misericordia, podríamos interpretar) y “un comportamiento de promoción y publicidad activa, habitualmente agresiva”. Muchas conferencias episcopales habrían mostrado su preocupación por no saber como actuar al respecto. “El gran desafío será desarrollar una pastoral que logre mantener el justo equilibrio entre acogida misericordiosa de las personas y acompañamiento gradual hacia una auténtica madurez humana y cristiana”, añade el texto. “Las observaciones demuestran que no existe todavía un consenso en la vida eclesial respecto a las modalidades concretas de la acogida de las personas que viven estas uniones”, repite después.

El documento insiste, eso sí, en la necesidad de abordar “el desafío de la educación sexual en las familias y en las instituciones escolares, particularmente en los países en los que el Estado propone, en las escuelas, una visión unilateral e ideológica de la identidad de género”. Según el documento, “en las escuelas o en las comunidades parroquiales, se deberían activar programas formativos para proponer a los jóvenes una visión adecuada de la madurez afectiva y cristiana, con la que afrontar también el fenómeno de la homosexualidad”.

Sobre los hijos de familias homoparentales

Sobre los hijos de familias homoparentales, el documento señala que “las respuestas recibidas se pronuncian en contra de una legislación que permita la adopción de niños de parte de personas en unión del mismo sexo, porque ven en riesgo el bien integral del niño, que tiene derecho a tener una madre y un padre, como ha recordado recientemente el Papa Francisco“.

El documento reconoce sin embargo que existe una realidad y se plantea la problemática que supone que “las personas que viven estas uniones pidan el bautismo para el niño”, y en este sentido señala que “las respuestas, casi por unanimidad, subrayan que el pequeño debe ser acogido con la misma atención, ternura y solicitud que reciben los otros niños”. Eso sí, el documento advierte que “la Iglesia tiene el deber de verificar las condiciones reales para la transmisión de la fe al niño. En el caso de que se nutran dudas razonables sobre la capacidad efectiva de educar cristianamente al niño de parte de personas del mismo sexo, hay que garantizar el adecuado sostén”. El documento considera que “la ayuda” en este caso podría venir “de otras personas presentes en su ambiente familiar y social. En estos casos, el párroco cuidará especialmente la preparación al posible bautismo del niño, incluso con una atención específica en la elección del padrino y la madrina”.

Ningún cambio doctrinal

Intentando ver el vaso “medio lleno”, el documento tiene interés en tanto que por primera vez, al menos de forma tan abierta, la jerarquía católica reconoce la existencia de una realidad que hasta ahora simplemente negaba públicamente, la de las familias homoparentales. Es cierto que no les reconoce expresamente el carácter de familia, pero la inclusión del tema en el principal documento preparatorio del que será Sínodo extraordinario sobre la Familia es significativa. Falta por ver qué respuesta dará el Sínodo, aunque no es esperable que vaya más allá de un documento que pese a venderse como la síntesis de las respuestas recibidas al cuestionario en realidad es un texto trabajado al que se ha imprimido una clara orientación.

Reconocido esto, pocas más cosas positivas pueden decirse. Pese al bombardeo mediático sufrido en estos dos días sobre una supuesta apertura de la Iglesia a las personas homosexuales, por lo que a este tema se refiere el texto no se desvía un ápice de la doctrina oficial de la Iglesia católica. Eso sí, su presentación puede considerarse un nuevo éxito mediático del pontificado de Francisco, un papa que se está revelando como un personaje extremadamente hábil a la hora de manejar la política comunicativa y lograr parabienes por parte de los grandes medios, que al menos en España se muestra cada vez más acríticos.

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