"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Se constata la vulnerabilidad y la discriminación del colectivo LGTB en Armenia

La Asociación Internacional de Gais, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales (ILGA) ha difundido el informe anual sobre la situación de las personas LGTB en Armenia (relativo a 2013), elaborado por la ONG Información Pública y Necesidad de Conocimiento. Las conclusiones de dicho documento no son nada halagüeñas, hasta el punto que se definen los ataques violentos contra integrantes del colectivo LGTB como “una expresión de los valores tradicionales”. La homofobia o la transfobia no solo no se persiguen sino que son actitudes incluso aplaudidas por las instituciones, autoridades religiosas y algunos de los principales partidos políticos del país caucásico.

Al calor de las leyes anti LGTB aprobadas por la vecina Rusia en el año 2013, Armenia también trató de oficializar la homofobia de estado, aunque afortunadamente la propuesta acabó siendo retirada como consecuencia de su negativa repercusión internacional. Sin embargo, el hecho de que la legislación homófoba no saliera adelante no ha significado ningún avance en la situación de los armenios LGTB. Antes al contrario, según recoge el informe de la entidad nacional Información Pública y Necesidad de Conocimiento, en Armenia se ha producido “una clara regresión” en tanto que las personas LGTB se enfrentan a la discriminación en todas las áreas de la vida social y económica, son vulnerables a ataques verbales y físicos y siguen siendo en gran medida invisibles por temor a represalias”.

También se denuncia que “la población LGTB continúa experimentando discriminación en el empleo, obtáculos en la atención sanitaria, así como maltrato físico y psicológico en el ejército, tanto en público, como en el ámbito familiar”. En este contexto de desigualdad social, el colectivo LGTB se enfrenta a una peligrosa situación de marginalidad y exclusión social -de la que ya nos hicimos eco en año y medio– que colocan a Armenia en el vagón de cola de los derechos humanos.

Punto negro en el mapa LGTB

Según la clasificación del Fondo Monetario Internacional de 2013, Armenia ocupa la posición 125 de un total de 182 países, en función de su Producto Interior Bruto (PIB). Aunque, según estos datos, se trata de un país con una economía modesta, Armenia ha experimentado un crecimiento considerable y espera ampliar las ayudas procedentes de los estados occidentales. Uno de los sectores con mayor potencial es el turismo. En la pasada edición de Fitur Madrid, de hecho, Armenia se esforzó en ofrecer una imagen amable del país (en la misma línea de Rusia), que poco o nada tiene que ver con la penosa situación a la que conduce al colectivo LGTB la enraizada homofobia social e institucional. En este sentido, Armenia está muy lejos de situarse como un destino ‘LGTB friendly’ a corto plazo.

Para ilustrar la tensión que producen los debates relacionados con la orientación sexual en el país caucásico, reproducimos las declaraciones del misionista Mesrop Arakelyan durante la campaña electoral de 2013 al Consejo de Ereván, recogidas en el documento de la ONG Información Pública y Necesidad de Conocimiento.  El candidato llegó a asegurar que “a pesar de que tenemos un partido liberal, yo estoy a favor de la criminalización de la homosexualidad”.

Además de los políticos, la Iglesia Apostólica Armenia también contribuye a fomentar el odio y la discriminación social. El Archimandrita Komitas Hovnanian, una prominente figura eclesiástica nacional, advertía que “un nuevo movimiento religioso se está formando para combatir la homosexualidad, la pedofilia, el incesto y otras actitudes inmorales”. Según la homófoba y distorsionada opinión del jerarca, la homosexualidad no representa una opción sexual legal, ya que la sitúa en el mismo nivel que actividades delictivas como la pederastia, por lo que invita a los fieles y a la ciudadanía en general  a “tomar medidas para prevenir estos fenómenos decadentes”.

Impunidad homófoba

La actuación de la Policía y de la Justicia tampoco queda en mejor lugar que la de los políticos o la Iglesia. El informe señala que ante muchas de las denuncias presentadas por personas LGTB, como consecuencia de violaciones de sus derechos, ataques homófobos, o pura discriminación “se inició un proceso penal en contra de las propias víctimas de la presentación por supuestos falsos delitos”.

Uno de los casos de discriminación y homofobia más flagrantes en el ámbito de la Justicia es la sentencia por el del atentado contra el pub DIY, situado en la capital del país (Ereván). En 2012, los hermanos Hambik y Arameh Khabazyan incendiaron el local por el simple hecho de ser frecuentado por personas LGTB y por haber reconocido a su propietario, Armine Oganezova, en una marcha del Orgullo Gay de Turquía. Se les juzgó por “daños a la propiedad privada” y fueron condenados a 1 año de prisión provisional y a 2 años y 7 meses de libertad condicional, sin ninguna mención a la motivación del delito por odio. Para mayor vergüenza del sistema judicial armenio, los autores del atentado fueron amnistiados por el Tribunal Supremo.

Sorprendentemente, la explosión del pub fue justificada por el portavoz del Partido Republicano de Armenia (en el Gobierno) y por el vicepresidente de la Asamblea Nacional, Eduard Sharmazanov, así como por distintos representantes de fuerzas de la oposición como los miembros de la Federación Armenia Revolucionaria Vahan Hovhannisyan y Artur Aghabekyan.

Diáspora armenia: la excepción y la esperanza

Entre tanta discriminación y odio se atisba un rayo de cordura gracias a algunos ilustres representantes de la denominada «diáspora». Se trata del colectivo de expatriados y descendientes directos de familias Armenias que, en distintos momentos de la historia, salieron de su país como consecuencia de conflictos bélicos, matanzas, persecuciones o, simplemente, buscando una vida más próspera. Las mayores comunidades de armenios se encuentran en Rusia, Estados Unidos y Francia. Según los datos de la Embajada de Armenia en España, se estima que la población armenia en nuestro país asciende a unos 40.000 ciudadanos. Las ciudades con mayor concentración de armenios son Valencia (14.000), Barcelona (12.000) y Alicante (2.000).  Solo una quinta parte de los armenios vive en Armenia.

Más de dos docenas de armenios prominentes en la diáspora firmaron una declaración de apoyo a la igualdad y a la justicia para todos en Armenia. Entre los firmantes encontramos a la escritora Diana Der Hovanessian, al cineasta Atom Egoyan, al actor y productor Arsinée Khanjian o al músico Serge Tankian, entre otros. Este conjunto de artistas y profesionales armenios “se sintieron conmovidos por la legislación anti gay que se propuso en Ereván”. Su acción, de hecho, fue determinante para que las leyes homófobas no fueran aprobadas. La escritora Nancy Agabian dijo al respecto que “las personas con conciencia no deben permitir que nuestros primos LGBT sean etiquetados y endemoniados”.

Por lo tanto, los hechos apuntan a que la esperanza por una sociedad armenia más libre, más justa y más diversa pasa, en buena medida, por el papel que puedan seguir desempeñando los intelectuales de la diáspora, viendo que los principales estamentos e instituciones internas del país no tienen demasiadas intenciones de aparcar su ostensible y vergonzante actitud homófoba.

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