"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Diego Béjar (empresario): «En el Congreso hay más burras que vendedores de motos»

Diego-Manuel-BéjarTiene 41 años y, aunque nació en Asturias, lleva diecisiete años residiendo en Madrid. Escritor, editor y empresario LGTB, dice que su mayor reto es lograr llevar una vida más sana: «Ya dejé el alcohol, el tabaco y el azúcar, y ha sido como morir un poquito. No soportaría tener un infarto en la cinta de correr de un gimnasio low-cost». Le gustan el cine y las excursiones por la naturaleza, y confiesa ser un adicto a las pipas: «Como vea una bolsa de pipas, me aferro a ella y no la suelto hasta que no queda ni una sola semilla dentro».

En Cómo seducir a un hetero habla de un chico que se enamora locamente del quiosquero de su barrio. ¿Pura vivencia personal?

Absolutamente. El quiosquero de mi barrio estaba muy bueno, y digo «estaba» porque ya se echó a perder, pero su onírica imagen de juventud permanece inalterable en mi recuerdo. En un momento en el que mucha gente de mi entorno estaba compartiendo piso, me pregunté qué pasaría si ese adonis de la prensa diaria compartiera piso y yo le alquilara una habitación para intentar seducirle con la ayuda de mis amigos, que estaban como cabras. De hecho es una novela “muy documentada”, porque años más tarde acabé compartiendo piso y… digamos que me involucré mucho en la novela.

Ya que estamos. ¿Encontró usted la fórmula?

No existe una fórmula como tal. Lo que sí descubrí es que es importante seguir los sueños para poder crecer como personas. En buena parte de eso trata la novela, de descubrirnos a nosotros mismos para poder madurar. En realidad, Cómo seducir a un hetero no es un curso, sino una novela; una historia disparatada en la que se habla de cómo somos, de cómo nos vemos y creemos que nos ven, de los prejuicios y los estereotipos, de lo complicados que podemos ser, de los sueños y su importancia, del valor del fracaso, etc.

¿Qué es más complicado, ligarse a un heterosexual o que España vuelva a ganar Eurovisión?

Ligarse a un heterosexual entraría dentro de lo factible. De lo otro mejor no hablar.

¿A qué ministro o ministra le tiraría los tejos?

A casi todos. Pero a la cabeza, no sé si me explico.

También trata en el libro el tema de las obsesiones. ¿Cuáles son las suyas?

Soy más maniático que obsesivo, y no sé qué es peor. Una cosa que me obsesiona es no meter la pata, más que nada porque soy muy de hacerlo, muy de meterla. De meter la pata, digo. Y a la mínima dudo de lo que acabo de decir, y me pongo a comprobar que efectivamente no me ha traicionado la memoria. Es terrible, porque una de mis aficiones es debatir en Facebook. En esos debates no me importa que no me den la razón, pero me agobia el que no se me entienda. Es decir, no me molesta que me digan “no estoy de acuerdo con lo que acabas de decir”, pero sí que se pueda interpretar lo contrario a lo que realmente quería decir. Y por culpa de eso acabo escribiendo parrafadas impresionantes cuando se podría sintetizar en una única frase. Y por eso Twitter me hace sufrir, porque no me cabe.

¿Le mandó ya un ejemplar dedicado a Ana Botella?

No, pero me acabas de dar una idea. Lo que sí me encantaría es que lo leyera mientras come una macedonia de frutas, repleta de peras y manzanas, y que el placer de la macedonia le supusiera semejante conflicto que se retirara definitivamente de la política para hacer el amor y no la guerra, aunque fuera con su marido.

“Los heteros son susceptibles de caer en la tentación. Somos débiles”. ¿Iremos todos al infierno?

Sin duda, y no se me ocurre un lugar mejor para pasar la eternidad. Si el infierno es un lugar en el que hace mucho calor, lleno de cuernos y “rabos”, sería como pasar una noche infinita en una sauna.

Dice que el amor siempre acaba en decepción. ¿Eso es porque no se come una rosca?

No, el problema es que a mis cuarenta años he comido demasiadas roscas y luego todas se me atragantaron. También he sido la rosca indigesta de más de uno, he de reconocerlo) Aunque tengo que matizar que estoy muy contento con mi rosca actual, que si no lo digo en las entrevistas luego se enfada conmigo.

He leído que vendió a Yacom, la entonces marca en Internet de Jazztel, su portal Chueca.com por 1.000 millones de pesetas. ¿Es el Tío Gilito de la cultura LGTB?

¡Ya me gustaría! Pero no, si hubiera tenido semejante cantidad de dinero me hubiera dedicado a la vida contemplativa. En la prensa se llega a leer cada tontería sin ningún fundamento…

¿Qué tiene más misterio, la leyenda de la desheredación de su padre, el marqués de Béjar, o la historia de Ricky Martín, la mermelada y el programa ‘Sorpresa, Sorpresa’?

Lo de Ricky Martin yo creo que a estas alturas está claro, aunque todavía me parto cuando recuerdo que llegó a denunciarse la emisión de algo que nunca pasó y nunca se emitió. Es una buena prueba de en qué sociedad vivimos y cómo se pueden llegar a hacer juicios de valor. Lo de que durante una temporada se dijera que mi padre era marqués y todo mi “imperio”,-así, en plan Mariscos Recio-, lo había creado tirando del dinero de papá a cambio de una cierta discreción que nunca tuve, porque nunca oculté mi nombre ni mi apellido, me gustaría saber de dónde ha salido. Lo cierto es que mi difunto padre trabajaba en la siderurgia, en Asturias, y yo vine a Madrid con una maleta, un petate y 35 mil pesetas en el bolsillo. Mi empresa la monté en mi habitación con un presupuesto de cien dólares, lo que costaba entonces un dominio de internet, dedicando todas las noches y los fines de semana.

“Desde pequeño he tenido un impulso emprendedor muy fuerte”. Ya apuntaba maneras de niño…

Nunca me vi ejecutando tareas rutinarias para otros. Como todos los niños, tenía mucho mundo interior. Tal vez lo que me diferenciara fuera mi empeño por hacerlo realidad. Eso, y que todo el mundo me llamaba “mariquita” porque escribía poesía; eso marca bastante.

El caso es que estuve trabajando para la Dirección General de Informática Presupuestaria (Ministerio de Hacienda) durante algo más de un año y casi me vuelvo loco. Como directivo de Ya.com no aguanté ni un año. Dedicarme a mis propios proyectos, que además han sido tan distintos unos a otros, es lo que me ha dado la vida. Mientras pueda seguir haciéndolo, ese será mi trabajo.

¿Diría entonces que se le da bien aquello de vender la moto?

Soy más de hacer cosas que luego venderlas. Siempre he necesitado un comercial. Lo único que he conseguido vender bien ha sido el concepto de Cómo seducir a un hetero, tanto el libro como los monólogos, pero me temo que es porque ya había un interés, una curiosidad y un morbo que me lo han puesto muy fácil.

¿Y quién vende mejor la burra en el Congreso?

Me costaría mucho recordar alguien que tenga cierta credibilidad para mí en semejante circo. Diría que ahí dentro hay más burras que vendedores.

Presume de haber sido uno de los pioneros de Internet en España. ¿Usted no tiene abuela?

Por temas que no vienen al caso, he tenido cuatro abuelas. Pero bueno, yo no tengo la culpa ni el mérito, eso me vino dado. Sobre lo de haber sido pionero en determinados aspectos, me hace gracia que en pleno 2014 haya quien hable de ser el primero en cosas que ya hacía yo hace quince años. En 1999 hacía radio online LGTB. A principios de 2000 hacía televisión LGTB en streaming, en una época en la que Youtube no existía. En 1997 comencé con Chueca.com, que en su momento era el primer portal gay con noticias no centrado en el sexo. En 1999 mantenía una agencia de noticias que se encargaba de recopilar y traducir noticias internacionales para su difusión gratuita en medios nacionales. De hecho, en algunos periódicos como Diario 16 se publicaron noticias citando a mi agencia como fuente, por lo que sí que hice algo por la visibilidad. A principios de 2000, Chueca.com se convirtió, y sigue siéndolo, en el único portal de temática LGTB que fue adquirido por una operadora de telecomunicaciones. Y luego monté Universo Gay, más por un reto y una especie de homenaje a un amigo que por otra cosa. Pues mira, son cosas que hice. Las podría haber hecho cualquiera, pero lo hice yo.

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