"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Lesgaicinemad (2)

Desayuno en Urano

Seguimos recomendando películas de la edición de 2014 de Lesgaicinemad.

L’armée du salut (Francia, 2013) es la película que el propio Abdellah Taia ha dirigido sobre su novela del mismo título. Ya saben que es uno de nuestros escritores favoritos. Una película de ambientación y tema oscurísimos, tan oscuros que por momentos tiende hacia la abstracción (lean Infieles, su última novela en Cabaret Voltaire, que, por cierto ¡ha trasladado su sede de Barcelona a Madrid!). La película recuerda a esos grandes clásicos del cine norteafricano: interiores femeninos y privados donde manda la madre, exteriores masculinos y públicos donde el hombre es el rey de la selva. La dura infancia del protagonista junto al enamoramiento (deslumbramiento) por la figura del hermano mayor deja un sabor sombrío huyendo del pintoresquismo pero sin que esa lobreguez resulte impostada (salvo, quizá, en el viaje a Azemmour, uno de los pueblos más bonitos que he visto y cuya idílica estampa el director nos niega). Muy recomendable: una película arisca, que no quiere gustar. Para recordar: la imagen brutalmente bella del muchacho acariciando las flores en un patio oscuro.

Iba yo con mucho miedo a ver Love is strange (Estados Unidos, 2014) porque no me gustó mucho Keep the lights on, la aclamada película anterior de Ira Sachs. Pero esto es otra cosa. Les cuento: dos señores (John Lithgow y Alfred Molina, nada menos) que llevan cuarenta años juntos se tienen que separar momentáneamente por motivos económicos para irse a vivir a casa de sus amigos o familiares. Los problemas (lógicos) llegan enseguida. Todo discurre según lo predecible, suponiendo el que les habla que esto será quizá la versión gay de En el estanque dorado. Pero no, el director huye sabiamente del patetismo en uno de los finales más redondos que recordamos (nos les estropeo nada, todos los amores acaban en divorcio o en la tumba, eso es así): una noche de copas, un metafórico descenso al metro neoyorquino, una elegantísima y bella elipsis que nos deja sin habla, un adolescente llorando en la escalera (imposible no acordarse del final de Vive l’amour) y un paseo en monopatín hacia el sol de la tarde, nos trasmiten la esperanza de que el amor no muere, sino que, de alguna manera, nuestros descendientes, los amigos que nos sobreviven, recogen ese patrimonio sentimental que les dejamos (de nuevo, no podemos dejar de recordar Las horas del verano, la obra maestra de Olivier Assayas). Love is strange es un clásico del cine de temática homosexual desde ya. La estrenarán en los cines. No se la pierdan por lo que más quieran.

De lo más interesante por lo original que hemos visto este año es Tiger orange (Estados Unidos, 2014), que ha sabido utilizar a la estrella del porno Johnny Hazzard para atraer público y ha terminado comiéndose la película con una interpretación espléndida. La historia de dos hermanos gays que se reencuentran tras la muerte del padre y que han llevado dos vidas muy distintas. El hermano mayor, el prudente, el discreto, el que ha sacrificado (o eso parece) todo por atender al padre, y el pequeño, el que se fue a Los Ángeles y se ha pegado “la gran vida gay” (o eso parece), y ahora vuelve a lo más profundo de la profunda América para trastocar la tranquila (y homófoba) vida rural. ¿Dos hermanos? ¿Nuestras dos caras? Una película con dos adultos guapos y gays que duermen juntos y que pretende demostrar el infinito cariño que se tienen por ser hermanos frente a las preguntas (estúpidas) que nos hacemos y les hacemos ante casos similares.

Pierrot Lunaire (Alemania-Canadá, 2014) es la última marcianada de Bruce Labruce poniendo imágenes a la partitura homónima (y exquisita hasta el infinito) de Arnold Schönberg, un ciclo de canciones basado en 21 poemas de Albert Giraud en el ambiente del cabaret vienés llena de claves numéricas y que el director aprovecha para construir un relato paralelo y trasgresor (es él, como siempre) sobre la transexualidad y ofrecernos una de sus películas más bellas e hipnóticas. Puro arte mayor, pieza de museo de una calidad excepcional pero, desde luego, no apta para el que vaya al cine buscando al Labruce que conocíamos. ¿O sí?

Por no olvidar los cortos, les recomendamos encarecidamente que vean Nomansland (Dinamarca, 2013), una joya de Karsten Geisnæs, trágica historia con VIH de por medio y un actor que se llama Peter Plaugborg que emociona hasta lo imposible con su interpretación.

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  1. Gióniver Castillo
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