"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Krzysztof Charamsa: «He recibido insultos por parte de algunos católicos instruidos en la violencia hacia los homosexuales»

El sacerdote polaco Kzysztof Charamsa, que hace ahora un mes desvelaba públicamente su condición homosexual en unas impactantes declaraciones al diario italiano Il Corriere della Sera, ha concedido una entrevista a dosmanzanas. El teólogo, de 43 años y que había pasado los últimos diecisiete años de su vida en Roma, aprovecha la ocasión para analizar su salida del armario, así como las consecuencias inmediatas que esta ha tenido.

Además de dominar el polaco e inglés, Charamsa se defiende en español, lengua en la que acordamos hacer la entrevista. Durante la charla, el sacerdote, de 43 años, se muestra amable, aunque algo celoso de su intimidad. Evita responder a cualquier pregunta que implique a su pareja, Eduard Planas, incluyendo la de cuánto tiempo hace que mantienen una relación sentimental. “El tiempo compartido con mi pareja es suficiente como para saber que nos queremos de verdad y que deseamos una vida en común”, comenta. En cambio, de lo que sí habla sin tapujos es del calvario vivido desde el preciso instante en que fue consciente de su condición sexual y sintió la llamada de Dios.

Dos Manzanas: Ya ha pasado un mes desde que hiciera pública su homosexualidad. ¿Con qué tipo de reacciones se ha encontrado?

Krzystof Charamsa: Han habido dos tipos de reacciones. Por un lado, una enorme simpatía y comprensión por parte de aquellas personas que entienden lo que significa vivir en una sociedad violentamente homofóbica, como es el caso de la Iglesia católica, y especialmente dentro del corazón de la homofobia: el Vaticano y la antigua Inquisición. Las personas que me quieren me han demostrado la fuerza del amor después de mi salida del armario. Ojalá todos los gays pudieran contar con el mismo apoyo por parte de parientes y amigos que he tenido yo.

D.M.: ¿Y la reacción menos ‘amable’?

K.C.: Ha habido una segunda reacción, mucho más pequeña, de odio homofóbico. He recibido ofensas verbales e insultos por parte de algunos católicos instruidos por la Iglesia en esa violencia y odio hacia las personas homosexuales.

D.M.: ¿Desde cuándo lucha contra la discriminación por su orientación sexual? Tengo entendido que la decisión de salir del armario ha sido un proceso muy meditado a lo largo de sus dieciocho años de sacerdocio

K.C.: Durante una gran parte de mi vida, cuando estaba bajo el influjo de las falsedades sobre la homosexualidad promovidas por la Iglesia católica y su mentalidad. Supe que era gay desde muy joven. Desde ese momento en que un joven empieza a darse cuenta de su sexualidad.

D.M.: ¿Por qué decidió convertirse en sacerdote, aún conociendo la postura del Vaticano sobre el matrimonio igualitario y las relaciones entre personas del mismo sexo?

K.C.: Quise ser cura porque sentí que había sido llamado por Dios. Por aquel entonces, hacía todo lo posible por obedecer la posición de la Iglesia. Cuando era joven, no tenía posibilidad alguna de verificar esa postura. Odiaba mi homosexualidad por el terror que imponía la Iglesia. Con el tiempo, me dí cuenta de que la postura de la Iglesia es falsa, porque no respeta el estado de la ciencia y es ofensiva con respecto a la experiencia y la dignidad de las personas homosexuales. Fue más tarde cuando descubrí que la Iglesia católica es una de las mayores agencias homofóbicas del mundo.

D.M.: A raíz de su salida del armario, fue apartado de su puesto de oficial en la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde llevaba desde el año 2003. De hecho, se encuentra sin empleo ahora mismo. ¿Pensó que esa sería una de las inevitables consecuencias de su decisión?

K.C.: Sí. En el régimen de la Iglesia, es normal la reacción automática y esta no admite discusión. No hay posibilidad real de presentar objeción, porque las personas son tratadas como objetos, sin derechos. Durante muchos años, yo mismo participé en este sistema de gobierno donde se ofende a las personas con procesos injustos y racionalmente insostenibles. Conozco bien cómo funciona la Iglesia: es inhumana y, hoy en día, esa cara poco humana se traduce especialmente en un fuerte odio hacia la comunidad LGTBI.

D.M.: ¿Cree que su salida del armario podría ayudar a que otros católicos en su situación den el mismo paso?

K.C.: Sí, estoy convencido de que cada salida del armario ayuda a los demás. También a toda la comunidad humana o eclesial. Espero que los gais que hay dentro de la Iglesia rompan con el silencio y el miedo. Solo así se obligará a esta institución a respetar la dignidad de las personas LGTBI.

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