"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Fallece Robert Spitzer, el psiquiatra que, con sus luces y sus sombras, contribuyó de forma decisiva a despatologizar la homosexualidad

Robert SpitzerEl 15 de diciembre de 1973 el consejo de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) decidía, por 13 votos a favor y ninguno en contra, eliminar la homosexualidad de la lista de «desviaciones sexuales» de la segunda edición del DSM, su catálogo de enfermedades mentales. Una decisión que tuvo que ser luego confirmada por una votación entre los miembros de la APA, que arrojó un 59% de votos a favor de la retirada. Activistas LGTB coinciden en señalar como principal artífice de aquel logro a Robert Spitzer, psiquiatra que acaba de fallecer a los 83 años de edad. Con sus luces y sus sombras, que alguna hay, Spitzer merece un lugar de honor en la pequeña historia de la lucha por la igualdad social de las personas LGTB.

Como psiquiatra, Robert Spitzer dedicó una parte importante de su carrera a racionalizar el diagnóstico de las enfermedades mentales, que en buena parte se basa en la asunción de unos criterios establecidos por «consenso científico» ante la ausencia de marcadores biológicos. Hoy día, dos son las principales herramientas que se usan para estandarizar estos criterios, de forma que los diagnósticos sean más o menos homologables: el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), elaborado por la Asociación Americana de Psiquiatría, y la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la OMS. Pero llegar a tales herramientas, y sobre todo hacer un análisis crítico de cada uno de los diagnósticos, no fue sencillo.

En este empeño, uno de los primeros diagnósticos a los que Spitzer se enfrentó era el de homosexualidad. Spitzer se documentó, se reunió con grupos LGTB de la época, analizó hasta qué punto la condición homosexual era causa de malestar interno y cuáles eran las razones para ello, y finalmente convenció a sus compañeros de la Asociación Americana de Psiquiatría, allá por 1973, de que la homosexualidad debía ser retirada de la que entonces era la segunda edición del DSM, que había sido publicada cinco años antes y que la incluía todavía como una «desviación sexual» más.

Es cierto que no fue un triunfo absoluto, dado que a cambio de eliminar la homosexualidad el DSM introdujo el diagnóstico de «perturbación de la orientación sexual» para referirse a aquellas personas cuya orientación sexual les causaba malestar psicológico. Años más tarde, en 1980, la tercera edición del DSM sustituyó este diagnóstico por el de «homosexualidad egodistónica», que finalmente desapareció en la siguiente revisión, en 1987.

Pero lo sucedido en 1973 no puede dejar de considerarse un hito, en tanto que las personas homosexuales asumidas como tales dejaron definitivamente de ser consideradas enfermas por la APA. La OMS, de hecho, no eliminó la homosexualidad de su lista CIE hasta 1990, diecisiete años después. Y mientras la OMS mantiene todavía el diagnóstico de «homosexualidad egodistónica» para referirse a «un individuo tiene una atracción u orientación sexual que no se corresponde con la imagen ideal que tiene de sí mismo, lo que causa ansiedad y un deseo en esa persona de cambiar o modificar sus preferencias sexuales», el DSM eliminó la referencia a esta en 1987, como hemos dicho antes.

Spitzer y las «terapias» reparadoras

Muchos años más tarde, Robert Spitzer fue protagonista de una polémica en torno a las «terapias» reparadoras de la homosexualidad, cuyos defensores utilizaron durante años un trabajo suyo como argumento a favor de la supuesta utilidad de estas. Se trataba de un artículo publicado en 2001 por el prestigioso psiquiatra, que tras revisar una serie de 200 casos de personas que se habían sometido a dichas “terapias” publicó que hasta un 66% de los hombres y un 44% de las mujeres referían haber conseguido una “buena funcionalidad heterosexual“. Para definir esta “buena funcionalidad” se valoraron una serie de criterios. Por ejemplo (y no es broma) que la persona no pensara en alguien de su mismo sexo más del 15% de las veces que se acostaba con alguien de distinto sexo.

El estudio recibió ya entonces fuertes críticas por la metodología utilizada, pero fue el propio Spitzer, en 2012, el que admitió que las críticas eran acertadas y pidió perdón por el artículo, que consideró «el único» del que en su carrera tenía razones para arrepentirse.

Son mayoría los que consideran, en cualquier caso, que Robert Spitzer fue un profesional honesto, que aportó racionalidad a la Psiquiatría (él mismo criticó, en sus últimos años, algunos de los excesos a los que había conducido el DSM, la herramienta él contribuyó a desarrollar, pese a seguir defendiéndola) y cuyo trabajo en favor de la despatologización de la homosexualidad fue clave en un momento histórico en el que se sentaban las bases de muchos de los derechos civiles de los que las personas LGTB podemos disfrutar ahora. Descanse en paz.

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Comentarios
  1. iñigo

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