"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Locuras estivales: críticas de las películas «Goodbye Berlin» y «La alta sociedad»

Aunque aún faltan unas semanas para el inicio oficial del verano, este ya se palpa en el ambiente, tal y como viene sucediendo durante los últimos años gracias a esa realidad negada por tantos políticos conocida como calentamiento global. Buenos conocedores del clima español, los distribuidores de Goodbye Berlin y La alta sociedad no han querido esperar a la estricta temporada estival, ofreciéndonos dos verdaderas locuras cinematográficas donde la temática LGTB, sin ser protagonista, está muy presente. Ambas pertenecen a cineastas directamente relacionados con Cannes, el festival del que ahora mismo todo el mundo habla.

Goodbye Berlin (Tschick, 2016) es el penúltimo éxito del realizador germano-turco Fatih Akin, cuya reciente In the Fade (2017) acaba de dar a Diane Kruger el premio a mejor interpretación femenina de Cannes. El aclamado realizador de En julio (2000), Contra la pared (2004) y Al otro lado (2007, mejor guion en Cannes) vuelve a ahondar en personajes incomprendidos a los que la sociedad parece haber dado por imposibles. En este caso, estos son dos adolescentes: el retraído Maik, tachado de “raro” por sus compañeros por culpa de una madre alcohólica y un padre más preocupado por sus asistentas que por su propia familia, y el alocado Tschick, un inmigrante ruso que, ante la falta de planes, insta al primero a emprender un viaje sin destino en un coche robado. Elementos tales como los característicos molinos de viento o la aparición de una peculiar (y poco aseada) Dulcinea llevan a relacionar a ambos personajes con el castizo Don Quijote y su fiel compañero Sancho, lo que otorga al conjunto una inesperada dimensión extra. Tristan Göbel, Anand Batbileg y Justina Humpf encarnan con nervio a un alocado trío para el que los fuertes lazos de amistad —sí, esos velozmente constituidos en los tiempos adolescentes— se tornan en la mejor escapatoria a un mundo hipócrita y hostil. Aunque poco sorprendente, esta road movie ofrece altas dosis de diversión y mayor complejidad de la que aparenta. La Academia del Cine Alemán la honró con tres nominaciones: mejor película, mejor fotografía y mejor montaje, siendo estos dos elementos técnicos clave de la fusión de belleza y trepidación transmitida.

La locura de La alta sociedad (Ma Loute, 2016), por la que el francés Bruno Dumont compitió hace exactamente un año en Cannes tras hacerlo con La vida de Jesús (1997), La humanidad (1999), Flandres (2006) y Hors Satan (2011), es de otro estilo. Esta comedia negra nos traslada al verano de 1910, cuando la desaparición de varios turistas en las playas de Costa Canal llevan a los inspectores Machin y Malfoy a percatarse de que el epicentro de estas misteriosas desapariciones es la Bahía Slack, lugar donde el río Slack y el mar se unen sólo durante la marea alta. Entre los habitantes de la zona hallamos a los sencillos Bréfort, pertenecientes a una comunidad de pescadores, y los burgueses Van Peteghem, entre cuyos hijos —Ma Loute (Brandon Lavieville) y Billie (debutante Raph, premiada como mejor actriz en el Festival de Sevilla, donde el film se alzó con el Giraldillo de Oro)— surge un romance harto cuestionado tanto por las diferencias sociales que lo rodean como por el carácter andrógino de Billie, cuya identidad sexual nunca termina de quedar clara (y, a fin de cuentas, ¿por qué habría de estarlo?). La relativa frustración generada por tan confuso personaje se suma a la locura generalizada para dar lugar a una comedia surrealista tan excéntrica como excesiva que, si bien resulta por momentos fascinante, no termina de generar intriga. Por cierto, junto a los jóvenes protagonistas encontramos intérpretes de la talla de Juliette Binoche, Fabrice Luchini o Valeria Bruni Tedeschi, todos ellos fantásticos. Estos dos últimos recibieron dos de las nueve candidaturas fallidas del filme a los galardones de la Academia del Cine Francés.

Tanto Goodbye Berlin como La alta sociedad cuentan con la bendición de sus países de origen, que les otorgaron sendas candidaturas a mejor película en sus premios patrios. Ambos films se caracterizan por un tono liviano que esconde una inesperada profundidad política y social, de modo que cada espectador pueda elegir centrarse en el entretenimiento (bastante más asequible en la primera que en la segunda) o ahondar en la complejidad desplegada. ¿Os atrevéis?

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  1. Flick

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