"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Homoerotismo clandestino: crítica de «Tom of Finland» y entrevista al director Dome Karukoski

Touko Valio Laaksonen (Kaarina, Finlandia, 8 de mayo de 1920 – Helsinki, Finlandia, 7 de noviembre de 1991), más conocido como Tom de Finlandia, es uno de los artistas gráficos homoeróticos más populares del siglo XX. De hecho, quizá sea el artista que más influencia ha tenido en la comunidad y la cultura gay, a las que impactó con un estilo marcado por musculados cuerpos masculinos vestidos de cuero que diluyeron la línea entre la pornografía y el arte, así como la concepción afeminada que muchos tenían de la homosexualidad. Aun siendo su obra harto conocida, pocos son quienes conocen a la mente que hay detrás, algo a lo que afortunadamente acaba de poner remedio Tom of Finland (2017), interesante acercamiento cinematográfico a tan controvertida figura que constituye uno de los primeros filmes finlandeses de temática LGTB.

Nos hallamos ante el séptimo largometraje de Dome Karukoski, quien, hijo de madre periodista finlandesa y padre actor estadounidense, se mudó a Finlandia desde Chipre con tan sólo cinco años. Tom of Finland es, como su nombre indica, un biopic sobre Tom of Finland, pero uno que, sensiblemente escrito por Aleksi Bardy, huye de la narración ordenada para desembocar en una estructura algo difusa donde diversas instantáneas de la vida del artista, desde los traumáticos estragos de la II Guerra Mundial hasta el descubrimiento de una nueva vida de libertad en EE.UU., pasando inevitablemente por la homofobia de un país donde la homosexualidad estuvo penada hasta 1971. Y es que fue en el seno de tan crudo contexto donde Touko encontró en el arte homoerótico su peculiar refugio. Pekka Strang interpreta sin aspavientos al icónico protagonista, ayudado por el excelente trabajo de maquillaje de Johanna Eliason y Lars Carlsson, que le permite encarnarlo a lo largo de varias décadas. A sus costados hallamos a Lauri Tilkanen y Jessica Grabowsky, estupendos como el atractivo amante y la cínica hermana, respectivamente, dos personajes románticamente trágicos. Sin embargo, si en algo sobresale Tom of Finland es en el trabajo visual, constituyendo cada plano una auténtica obra de arte que, por momentos, eclipsa al propio relato: el trabajo conjunto del diseño de producción de Christian Olander, el vestuario de Anna Vilppunen y la fotografía de Lasse Frank Johannessen es sencillamente maravilloso. No obstante, ni la belleza visual ni la asepsia narrativa terminan de encajar con el universo de virilidad hipertrofiada que albergaba la mente de un artista por el que no llegamos a sentir la empatía que de un modo u otro todo biopic busca, quizá porque se opta por mantener el misterio que lo acompañó en vida, quizá porque, para bien y para mal, no nos encontramos ante un biopic al uso.

Donde sí triunfa Tom of Finland es en su retrato de un tiempo de contrastes donde todo tipo de revoluciones —no sólo la sexual, claro, aunque sea esta la que nos ocupa— se fraguaban en los corazones de personas que empezaban a hartarse de los límites que la hipocresía social llevaba largo tiempo imponiendo. Aunque no siempre cohesionada, la película sirve de fascinante ventana a una figura y un tiempo únicos gracias en gran medida al talento de Karukoski tras la cámara, resultando cada decisión escénica más atrayente que la anterior para constituir un digno homenaje que, tal y como él mismo afirma, había que hacer precisamente porque, no sólo habría sido inviable hacerlo hace sólo unos años, sino que intentarlo siquiera sigue siéndolo a día de hoy en numerosos rincones del globo.

Y precisamente con este último he tenido la suerte de hablar vía Skype Helsinki-Madrid. Sin más dilación, os dejo con mi entrevista a Dome Karukoski, director de Tom of Finland.

¿Cómo fue la recepción de Tom of Finland en Finlandia?

Muy bien, fue todo un éxito de taquilla; es maravilloso que en 2017 una película así pueda triunfar en la taquilla finesa, dice mucho del lado liberal de nuestra sociedad; no creo que muchos conservadores fueran  verla, eso sí, pero estamos muy contentos con la respuesta del público. Además, las críticas han sido muy positivas. Tom of Finland llegará incluso al prime time televisivo, con lo que mucha gente podrá verla, lo cual es fantástico considerando que tratamos algunos temas complicados. Entre ellos, destaca el de la guerra, que es uno de los temas más repetidos de la cinematografía finesa por ser de alguna forma nuestro trauma nacional; y nosotros la hemos introducido en una película LGTB, presentando personajes que hablan de perderla, lo cual siempre es tabú.

¿Es común encontrar personajes LGTB en el cine finlandés?

No, nada común. Creo que debe de haber menos de diez películas en la historia entera del cine finlandés con personajes LGTB; nuestra cinematografía ha sido muy conservadora en lo que a minorías sexuales respecta; supongo que tiene relación con el hecho de que aprobásemos el matrimonio igualitario hace sólo un año; de hecho, fuimos el último país nórdico en hacerlo.

Y de esos escasos títulos que mencionas, ¿hay alguno que realmente destaques?

Hay una película interesante, Open Up To Me (2013), de Simo Halinen, que explora la vida de una mujer transexual que acaba de llevar a cabo el proceso de reasignación de sexo; pero por desgracia pasó muy desapercibida en taquilla. El cine finés está muy estigmatizado: tenemos las películas de época y aroma viejo, normalmente centradas en la guerra; las películas sobre problemas cotidianos —normalmente conyugales— de personajes de 40 años y las películas sobre la juventud contemporánea. Así, Tom of Finland, que en el fondo sigue la dinámica del género del biopic, se ve como algo nuevo.

¿Cuán famoso es realmente Tom of Finland en Finlandia?

Es muy famoso ahora; pero cuando empezamos a hacer la película en 2011 no lo era tanto; cuando Tom murió en 1991 se reveló que era finlandés, lo cual era un curioso secreto: se pensaba que era un americano inspirado en Finlandia. Tomó tiempo que la gente conociera su obra en nuestro país; en 2011 escribías Tom of Finland en Google y recibías numerosos resultados, pero hacías lo propio con Touko Valio Laaksonen (el nombre finés) y apenas encontrabas información. Por suerte, eso ha cambiado durante el último quinquenio, no solo por nuestra película, claro, sino sobre todo porque en 2014 recibió el sello oficial de aprobación del Gobierno, lo que llevó a muchas revistas a hablar de él. Nosotros íbamos a estrenar la película en 2015, pero cuestiones financieras y reescrituras de guion nos llevaron a postergarlo. Entre unas cosas y otras, ahora en Finlandia todo el mundo conoce a Tom of Finland.

¿Cómo fue el proceso de investigar a la figura real?

La dificultad radica en que todos los protagonistas han muerto, con lo que para saber algo de ellos tuvimos que entrevistar a personas que las conocieran: sobrinos, compañeros de trabajo, etc. Colaboramos mucho con la Tom of Finland Foundation. Por supuesto, hay varios libros biográficos sobre él, aunque la perspectiva suele centrarse en sus últimos años; lo más difícil fue saber más de su etapa veinteañera. Quizá lo que más me dijo de Tom fue una fotografía donde se lo ve fumar y tontear con la cámara, ya que me transmitió mucho carisma. Así que tenía ante mí a un personaje con gran confianza en sí mismo que al tiempo debía tener cuidado por estar llevando una vida ilegal (en Finlandia, la homosexualidad fue delito hasta 1971).

Y, como cineasta, ¿qué te interesaba de él?

De entrada, que su historia es muy cinematográfica; creo que cuando haces una película sobre un artista irónicamente tienes que dejar el propio arte de lado; has de preguntarte: de no existir el arte, ¿se ganaría esta persona su propio largometraje? Y la verdad es que la vida de Tom es muy interesante más allá de su obra. La ventaja de ello es que puedes disfrutar la película sin conocer su arte en absoluto. Para mí lo más interesante de este hombre es que llevó a cabo un arte explosivo en un tiempo en que ser gay era ilegal, es una cuestión de coraje y libertad de expresión, de limitarte a ser como eres. Ahora mismo estamos en época de Orgullo y, ¿por qué la necesitamos? Porque mucha gente no puede salir a la calle con orgullo, con lo que debemos hacerlo por ellos. Creo que hacer esta película era necesario precisamente porque muchos cineastas no podrían planteárselo siquiera.

¿Cómo diste con el actor apropiado para encarnar a Tom?

El proceso duró unos dos meses, pues entrevisté a muchos hombres treintañeros para encontrar el carisma que buscaba; al final los dos protagonistas hicieron una prueba juntos y encontré la magia que buscaba.

¿Cuál fue tu relación con la inevitable controversia del personaje?

Bueno, la controversia es ciertamente inevitable, así que no vale la pena pensar mucho en ella; recibimos amenazas por haber hecho esta película con dinero estatal (aun cuando la inversión estatal en ella es muy escasa). Nosotros supimos desde el principio qué etapas y qué temas nos interesaban y nos limitamos a ser honestos con nuestra visión.

¿Y cuán importante es Tom of Finland para la comunidad LGTB?

Yo creo que, si Tom siguiera vivo a día de hoy, retrataría a la milicia Chechenia, como forma de ridiculizar a la autoridad y exponer lo que está sucediendo allí. A día de hoy los niños LGTB siguen siendo los que más acoso padecen a lo largo y ancho del globo; para todo aquel que sufre LGTBfobia, el arte de Tom es un recordatorio de que pueden sentirse orgullosos de lo que son. También es muy importante la cuestión del fetichismo y las fantasías sexuales: la sociedad nos enseña a avergonzarnos de eso, pero el arte de Tom nos recuerda que condenar algo que te da placer es absurdo sin hacer daño a nadie, hay que avergonzarse menos y disfrutar más.

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