"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Mikel Rueda (cineasta): «Las relaciones que se generan en Nueva York son muy falsas y tóxicas»


Mikel Rueda es guionista y director de cine. Vasco, de 38 años. Estudió Comunicación Audiovisual en la UN y realizó un posgrado en Dirección Cinematográfica en la New York Film Academy. Estrenará su tercer largometraje «entre primavera y otoño de 2019» y, mientras tanto, sigue escribiendo. «Ahora escribo dos guiones a la vez. Tiendo más hacia cosas serias que cómicas. A la comedia le tengo muchísimo respeto, porque me parece muy difícil hacer reír a la gente», comenta.

En El doble más quince cuenta la historia de una mujer casada y un adolescente que se conocen en un sex-chat. ¿Qué le inspiró a escribirla?

Pienso que tanto la edad adulta como la adolescencia son dos momentos muy paralelos, donde nos hacemos muchas preguntas pero obtenemos pocas respuestas. Me pareció interesante juntar esos dos mundos, los de dos personas que están muy perdidas y que no saben qué es lo que van a hacer con el resto de sus vidas.

¿Usted también es de los que para ligar en internet miente sobre su edad?

Bueno… ¿quién no ha mentido alguna vez en Internet? Es lo que tiene Internet, que ayuda a cumplir fantasías.

¿Le echa humo el Grindr?

A veces sí y a veces no. Depende del momento en el que te encuentres, supongo.

Sus aitas le inculcaron el amor por el cine desde pequeño. ¿Recuerda con qué peli perdió la ‘virginidad’?

ET fue la primera película que mis padres me llevaron a ver al cine. Era un mico y creo que ni hablaba aún, pero es una película que me ha marcado. Hoy día, sigo viéndola y llorando cuando E.T. se va y el pobre Elliott no entiende nada.

Dice que aprendió poco estudiando la carrera, pero que se lo pasó pipa en Nueva York…

Sí, es una ciudad con la que me llevo bien y mal. Para pasar una temporada corta está bien, porque ofrece de todo. Pero creo que es muy dura y fría para vivir. Por eso quise volverme al acabar.

¿Por qué dice que allí todo es muy de mentira?

Porque creo que es una ciudad a la que la gente va buscando el sueño americano, el ir a triunfar. Las relaciones que se generan, sobre todo en el mundo del cine, son muy falsas y tóxicas. Siempre hay un interés de por medio. Hay gente que está hecha para eso, pero yo no lo estoy.

En su primera peli [Estrellas que alcanzar] trató el tema de los bebés robados. ¿Es tan intenso para todo?

[Se ríe]. ¡No, hombre! Soy una persona que se toma la vida con mucho humor. Creo que el cine tiene una función social muy importante, pero también que la vida tiene que ser mucho más que la intensidad.

Luego se pasó al romance gay adolescente. ¿Es A escondidas su niña bonita?

Claro que lo es. Y lo será siempre. Habla mucho de lo que yo soy y he sido, de mis dudas y mis miedos. Me costó mucho sacarla adelante y representa el momento en que encontré mi manera de narrar visualmente.

Quería exhibir la peli en institutos. ¿Logró llevarse al huerto al Gobierno vasco?

Se llegó a un acuerdo y se llevó la peli a varios centros escolares de secundaria. Donde sí que se hizo de una manera muy potente fue en Francia. Allí se hizo una unidad didáctica de más de cien páginas y se llevó por más de quinientos institutos de todo el país y universidades. A nivel educativo, es un país que nos saca unos cuantos kilómetros.

¿Cuántos jamones de bellota le tuvo que mandar a Urkullu? 

¡Ojalá! No sé si se le mandó alguno, pero yo no he catado ninguno.

¿Qué cosas sigue usted haciendo a escondidas?

Antes, cuando salías de fiesta por ejemplo, la miraba ajena te cohibía un poquito. A medida que van pasando los años, te vas quitando prejuicios y te va empezando a dar un poco igual todo. Y ese ‘a escondidas’ empieza a desaparecer.

¿A qué cineasta le tiene puesto un altarcillo en casa?

A muchos. Desde a cineastas que marcaron mi adolescencia (como Medem o Spielberg) hasta a Gus Van Sant, que siempre será un referente en mi forma de planificar.

Con Pedro Sánchez, ¿se iría de pintxos o jugaría al frontón?

De pintxos siempre es mejor. Puedes comer y, si no te gusta la conversación, seguir comiendo.

¿No es un poco de marciano pasar un mes recorriendo a dedo y en tienda de campaña la isla de Islandia?

¡Es maravilloso! Estar un mes entero perdido, con amigos o solo, es una gozada. Mentalmente, te ayuda a poner muchas cosas en orden. Y el viaje, en sí, es una pasada.

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Comentarios
  1. iñigo

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