"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

¿Por qué España queda siempre mejor en Eurovisión Junior que en Eurovisión? ¡TVE, responde!

Admito que Eurovisión Junior (que, no, no se llama Eurojunior, nombre del programa con el que España elegía a su representante hace años) no me interesa especialmente porque detesto ver a niños jugar a ser mayores. Dicho eso, hay un par de cuestiones de la 18ª edición que, por su conexión con Eurovisión, me apetece comentar.

Para empezar, se ha criticado mucho que la actuación ganadora, la de Francia, tuviera lugar en playback, lo cual es perfectamente lógico como crítica a un concurso musical que, directa o indirectamente, permite tal cosa (lo ha negado por activa y por pasiva, pero basta comparar la actuación con la versión estudio para sospechar) pero perfectamente ilógico como ataque a la ganadora en sí, la adorable Valentina, que, con playback o sin él (y no se descarta que ella actuara en directo y fuera doblada a posteriori), iluminó el escenario con «J’Imagine». De hecho, fuera o no la voz en directo, había suficientes elementos extra para compensar al espectador: la perfecta coreografía, el alegre decorado, el colorido vestuario y, claro, la cara angelical de Valentina, de once años. Es más, la actuación puede gustar más o menos (probablemente indigeste a más de uno por exceso de azúcar), pero es lo que personalmente entiendo por una ganadora sana en un concurso como este, en contraposición al «Palante» de nuestra Soleá, que parecía confeccionado en todos los aspectos (desde la oscura puesta en escena hasta los exigentes requisitos vocales) para una cantante mucho mayor. Lo mismo pasaba con los potente «Forever» de Karakat Bashanova (Kazajistán) y «Aliens», de Arina Pehtereva (Bielorrusia), pero no, por ejemplo, con el harto pegadizo «Best Friends» de Unity (Países Bajos). Un top 5 muy justo y muy femenino, por cierto.

Dicho esto, y aunque «Palante» no me gusta demasiado, hay que celebrar tanto el buen hacer de Soleá (¡que solo tiene nueve años!) como la complejidad musical y la elegancia de la realización. Y es que, a diferencia de la inmensa mayoría de representantes que hemos mandado a Eurovisión, esta actuación era perfectamente coherente consigo misma. Eso también puede decirse de los otros cinco candidatos que hemos enviado al festival durante sus dieciocho ediciones (España estuvo doce años consecutivos sin competir, por desconfiar del efecto positivo del evento en los niños), lo que explica que nunca hayamos quedado por debajo de la cuarta posición. En contraposición a esto, llevamos diecisiete años sin superar el digno octavo puesto obtenido en 2003 (año de creación de Eurovisión Junior) por Beth con la excelente (pero estropeada sobre el escenario con insufribles coros) «Dime», diecisiete años durante los que no parece siquiera que lo hayamos intentado y durante los que, dejando de lado la estricta calidad de nuestros cantantes (por lo general alta) y nuestras canciones (por lo general bajísima), apenas hemos conseguido un par de actuaciones sin algún que otro elemento, hablando en plata, cutre. Pastora Soler, Ruth Lorenzo y, quizá, Daniel Diges son las únicas excepciones, e incluso ellos parecían más centrados en salvar los muebles que en acercarse al primer puesto.

Entretanto, Sergio, María Isabel, Antonio José, Dani Fernández, Melani y Soleá, nuestros seis representantes en Eurovisión Junior hasta la fecha, iban a ganar y cualquier de ellos podría haberlo hecho. Y, quizá por eso, la puesta en escena estaba a la altura, independientemente del tópico no del todo falso de que nuestros niños tienen mucho talento (sobre todo los andaluces, por lo visto). Y es que, sin importar lo que se sienta por «Palante», basta contemplar unos segundos para apreciar la perfecta cohesión entre la voz, la coreografía, el decorado y los movimientos de cámara, ¿por qué nos cuesta tanto algo tan simple en Eurovisión? ¿Por qué tenemos siempre que ser ahí, que es el programa que verdaderamente importa (el que hoy nos ocupa, previsiblemente o no, apenas lo ve un puñado de personas), los cutres de Europa? ¡Si es que ni siquiera encontramos a alguien con el carisma y el inglés de Melani para dar los puntos! En fin, ya que Blas Cantó va a tener más tiempo que nadie, esperemos que lo aproveche bien. Nuevamente, pido a TVE que se tome esto en serio, aunque solo sea por todos esos eurofans españoles que llevamos casi dos décadas más ilusionados con colectar 0 points que con oler el podio.

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