"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Primavera de arte

Desayuno en Urano

¿Pueden unos calzoncillos arrugados en el suelo ser una escultura? Evidentemente, si es que una escultura es un volumen que ocupa un espacio. Uno entra en la primera sala: un banco de madera frente a unas taquillas metálicas y la ropa de un deportista arrugada en el suelo. Podría tratarse de un vestuario de un gimnasio, pero el siguiente espacio no deja lugar a dudas: vapor y más bancos de madera, toallitas blancas y, en el medio, iluminado por una luz rosa fluorescente, el fauno Barberini deliciosamente dormido esperando (¿esperándonos?). Tan sorprendente y tan perturbador como en la Gliptoteca de Munich. Finalmente, una piscina con un par de tumbonas y un hombre ahogado bocabajo flotando en el agua azul. No, no se trata de una película (aunque podría) ni de una pesadilla ni de un delirio alcohólico: se trata de la instalación “Amigos” de Elmgreen & Dragset, que hemos podido ver hasta el mes de marzo en la Galería Helga de Alvear de Madrid. La interesante pareja danesa renueva en cada instalación el lenguaje de la escultura (tan aburrida siempre, como decía Baudelaire), alrededor de un tema que vertebra toda su obra: la homosexualidad, pero desde un punto de vista irónico y autocrítico. En 2005 recrearon una estación del metro de Nueva York en los 80, cuando la aparición del sida (End Station) y recibieron el encargo del Memorial a las víctimas homosexuales del exterminio nazi en Berlín o la impactante tienda de Prada en pleno desierto de Texas. Baudelaire cambiaría de opinión, desde luego: el día de la inauguración, los usuarios de la sauna en carne mortal se paseaban entre los asombrados espectadores. Por cierto: me da la sensación de que cualquier día harán outing a su paisano Thorvaldsen.

Hasta el 5 de junio, repartida entre el Museo Thyssen y la Casa de las Alhajas en Madrid, se puede ver la exposición “Heroínas”, un recorrido por la historia del arte a través de mujeres “fuertes” (eso dice el folleto, como si lo propio fuera ser “débiles”), un recorrido que se interesa por imágenes que pueden ser fuente de “empoderamiento” para las propias mujeres (eso lo dice también el folleto y es mucho más adecuado): atletas, amazonas, mártires, místicas, magas (se han cuidado mucho de usar el término “brujas”)… Lo mejor, sin duda, es el capítulo dedicado a las mujeres pintoras, siempre escondidas, insultadas o a la sombra de un marido también pintor que indudablemente se aprovechaba de ellas: la Anguissola, la Gentileschi, la Kahlo (echo de menos, o no las vi, a la O’Keeffe o a la Delaunay, que perdió hasta el apellido). Una historia del arte que aún está por escribir. Mucho más interesante (y prueba de esa conquista de los espacios de poder) es la instalación que hemos podido ver en Matadero Madrid (que se está convirtiendo poco a poco, y junto con La Casa Encendida, en uno de los espacios más versátiles de la capital) “Off escena: si yo fuera”, de Cabello/Carceller, un cortometraje rodado en la antigua cámara frigorífica del matadero sobre libertad, género, inclusión y exclusión, neoliberalismo… interpretado por mujeres presas y que ha dejado huella en las paredes con una estupenda pintada: “pregunta y habla” (ask and tell).

Y el Reina Sofía sigue dándonos una alegría tras otra desde que cambió de director. Hasta el 30 de mayo y por primera vez en un museo se enseña la inclasificable obra de uno de los artistas más desbordantes de las últimas décadas: Roberto Jacoby (Buenos Aires, 1944): El deseo nace del derrumbe. Con títulos tan sugerentes como “1968 el culo te abrocho” o “Darkroom”, la retrospectiva del Reina Sofía es imprescindible. Concretamente, la sala de bóvedas (un sótano oscuro y húmedo en las profundidades del museo), ha sido convertida en un cuarto oscuro en el que te puedes topar con japonesas asombradas mirando lo que se emite desde alguna de las pantallas de televisión. Y la ocasión de ver el documental La Castidad, en el que se graba el pacto de convivencia casta, sin sexo durante un año, con el joven Syd Krochmalny (a la manera de tantas y tantas parejas en la realidad y en la ficción: Bouvard y Pécuchet, Holmes y Watson, Laurel y Hardy, Tintin y Haddock). En cuanto a “El Gabinete de curiosidades”, uno puede pasarse horas mirando la increíble documentación de todo ese arte efímero (la desmaterialización de la obra de arte, una constante en el trabajo de Jacoby, materializada seguramente a su pesar): entre ellas las famosa camiseta “Yo tengo sida” o los carteles en su lucha por los derechos LGTB y el matrimonio igualitario. Aviso: la exposición está diseminada por varias salas no contiguas, es fácil perderse.

Finalmente y para terminar con este empacho de cultura, recomendamos encarecidamente (y eso que aun no la hemos podido ver) la exposición de Gilbert & George en el Yvorypress de Madrid, con sus “Urethra postcard Pictures”, de la que ya hablaremos.

elputojacktwist@gmail.com

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Comentarios
  1. Rukaegos

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