"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

El Senado de Estados Unidos da su visto bueno al proyecto de ley que prohíbe la discriminación laboral de las personas LGTB

La esperada ENDA (Employment Non-Discrimination Act, Ley de No Discriminación en el Empleo), cuyo objetivo es prohibir la discriminación en el acceso a un puesto de trabajo por razón de orientación sexual o identidad de género, recibió el pasado jueves día 7 el visto bueno del Senado de Estados Unidos. Lo ha hecho, además, con un apoyo mayor de lo previsto: 64 votos favorables frente a 32 en contra. Entre los votos a favor, los de diez senadores republicanos, algunos inesperados. La propuesta se enfrenta sin embargo a un obstáculo que a día de hoy parece insuperable: la mayoría republicana en la Cámara de Representantes.

La aprobación de una ley que prohíba a nivel federal la discriminación laboral por razones de orientación sexual o identidad de género es una de las reivindicaciones históricas del colectivo LGTB estadounidense. A día de hoy la legislación varía según los estados, e incluso hay normas distintas según el condado o la localidad de residencia, de manera que en muchos lugares es legal negar un empleo a un candidato solo por ser gay, lesbiana, bisexual o transexual.

La ENDA ha sido presentada ante el Congreso de formas diversas en más de una veintena de ocasiones desde 1994, sin que nunca haya prosperado. Ni siquiera en 2007, con un Congreso de mayoría demócrata, fue posible aprobarla. Entonces solo pasó el filtro de la Cámara de Representantes y ello a cambio de retirar del proyecto la protección a las personas transexuales. Los colectivos LGTB, sin embargo, no han dejado de considerarla una prioridad y exigirla como compromiso a todo político que quiera contar con su apoyo expreso. Impulsar su aprobación era de hecho una de las promesa electorales del presidente Barack Obama. Este mes de junio recogíamos como una activista lesbiana interrumpía un discurso de Michelle Obama, la esposa del presidente, para reclamárselo. El propio Obama reclamaba hace pocos días al Congreso, en una apasionada carta publicada por The Huffington Post, que aprobara el proyecto.

Como ya entonces aclarábamos, lo cierto es que la aprobación de la ENDA no depende solo de la voluntad del presidente Obama, decidido a firmar la ley en cuanto llegue a su despacho. Lo que cuenta en realidad es el juego de mayorías en el Congreso, dividido entre un Senado de mayoría demócrata y una Cámara de Representantes controlada por los republicanos. De ahí la importancia de que el Senado haya aprobado el proyecto presentado inicialmente por el senador Jeff Merkley con apoyo «bipartidista», un aspecto que es muy valorado en la política interna estadounidense. Votaron a favor 52 de los 53 senadores demócratas (Robert Casey, senador por Pensilvania, estaba ausente, al parecer por razones familiares), los dos independientes (Angus King, senador por Maine, y Bernie Sanders, senador por Vermont) y diez republicanos. A los siete que ya se daban por seguros se sumaban a última hora tres más, entre ellos los senadores por Arizona John McCain y Jeff Flake, lo que constituía toda una sorpresa.

Exenciones y dificultades

Conviene aclarar que el proyecto contempla significativas exenciones. Solo es aplicable a empresas con 15 o más trabajadores, lo que deja fuera a las pequeñas empresas de ámbito familiar, y excluye a las organizaciones religiosas (puedes descargar el texto completo del proyecto, tal y como ha sido aprobado por el Senado, pinchando aquí).

Por otra parte, la aprobación por el Senado es solo un paso. La ENDA se enfrenta ahora al obstáculo más difícil: la aprobación por la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, de la iniciativa, presentada en este caso por el demócrata Jared Polis. A día de hoy parece complicado que una mayoría suficiente de republicanos la acepten. De hecho, el speaker de la Cámara, John Boehner, ya ha expresado su oposición frontal al proyecto, que según él solo serviría para aumentar las «litigaciones frívolas» y perjudicar al empleo. Y sin la voluntad de Boehner de que al menos se discuta, lo más probable es que el proyecto quede en vía muerta al menos hasta después de que se renueve por completo la Cámara de Representantes en las elecciones de noviembre de 2014.

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  1. Alberto Gutiérrez

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