"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Profesora de un centro católico de Estados Unidos se niega a firmar un nuevo contrato que la obligaría a restringir el apoyo a su hijo gay

Un nuevo contrato para los profesores católicos de Cincinnati, en Estados Unidos, ha generado gran polémica. Este les obliga a mantener en su vida privada una estricta concordancia con la doctrina católica y les prohíbe las muestras públicas de apoyo a realidades como las parejas del mismo sexo, lo que muchos interpretan que puede extenderse al apoyo de familiares y amigos. Entre las protestas destaca la una profesora madre de un hijo gay, que se ha negado a firmar el contrato.

La archidiócesis de Cincinnati (Ohio) estableció en marzo las nuevas cláusulas que debían firmar los profesores de los centros católicos. En ellas, se expone con todo detalle los compromisos de fidelidad y adhesión a la doctrina católica que se exigen a partir de ahora a los profesores. Ha sido tal la ampliación que el contrato ahora tiene el doble de tamaño. Mientras que antes se hablaba genéricamente de que los profesores no debían contradecir la doctrina católica, ahora se va más allá de las aulas y se entra en la vida personal de los profesores, prohibiendo todo lo que pueda entenderse como una expresión de apoyo público a realidades condenadas por la doctrina oficial. Se les prohíbe así “el uso impropio de los medios de comunicación sociales, el apoyo público de la convivencia fuera del matrimonio o el vivir juntos sin casarse de manera pública”. Se prohíbe también “el apoyo público de la actividad sexual fuera del lecho conyugal o la práctica de la misma, el apoyo público del estilo de vida homosexual o llevarlo a cabo”. El documento sigue en la misma tónica con el aborto, la gestación subrogada, la fecundación in vitro o la inseminación artificial.

Estas cláusulas son tan amplias que cualquier gesto de apoyo podría entenderse como “apoyo público”: asistir a la boda de un amigo con otro hombre, felicitarle públicamente e incluso hablar positivamente de esa boda en Facebook. Fuentes de la diócesis niegan que el contrato conlleve la obligación de romper lazos con familiares y amigos LGTB, pero la inseguridad jurídica que se deriva del mismo genera gran inquietud a los docentes.

El contrato además establece otro cambio que supone una clara estratagema para evitar problemas legales. Si anteriormente se hablaba de “profesores”, ahora el contrato habla de “profesores-ministros”, situando a los docentes en el mismo estatus que los ministros religiosos, esto es, que cualquier persona con responsabilidades pastorales (sacerdotes, catequistas, etc.). El motivo está claro: si sólo son profesores, estas cláusulas serían denunciables por abusivas, al afectar a la vida privada y a la libertad de expresión. Al otorgarles la condición de ministros, la archidiócesis puede ampararse en la libertad religiosa, que les autoriza a obligar a sus “ministros” a cumplir con todas las normas de la iglesia en público y en privado, de palabra y de obra.

Una profesora con un hijo gay se niega a firmar

El nuevo contrato ha generado un creciente malestar y ha provocado numerosas protestas, que han incluido una manifestación y peticiones por internet firmadas por miles de personas. Entre las protestas, destaca sin embargo las una profesora, Molly Shumate, quien ha decidido negarse públicamente a firmar un contrato que significaría tener que restringir las manifestaciones de apoyo a su hijo gay. “No hay nada malo con mi hijo (…) Nunca se me debería pedir que no lo apoyase. Si mi hijo me dijera, ‘¿irías conmigo a un lugar apoyado o dirigido por gays y lesbianas?’, tendría que decirle que no (…) Para mí, firmar esto me hace sentir como si le estuviera diciendo a mi hijo que he cambiado de opinión. Que ya no le apoyo como antes. Y eso no lo voy a hacer“, ha declarado. El ejemplo de Shumate ha sido secundado por Mindy Burger, de 63 años, quien califica el contrato de misógino: “Si soy profesor en un centro católico y soy un hombre, ¿quién va a saber sí tengo relaciones fuera del matrimonio? Pero si soy una mujer soltera y me quedo embarazada, me despiden“.

Normativas similares a las de Cincinnati se están extendiendo a otras diócesis de Estados Unidos. Es el caso de Hawaii y de Oakland (California). Gestos que contrastan con el cambio de discurso público del nuevo papa, y que ponen de manifiesto sus límites. La idea de no insistir tanto en homosexualidad y aborto, lanzada por Francisco el verano pasado, parece que no acaba de llegar a muchos lugares. Como bien expresa la columnista de The New York Times Maureen Dowd, “las mujeres, los gays y los disidentes católicos que tenían renovadas esperanzas van a tener que afrontar la realidad de que (…) siguen siendo discriminados”.

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