"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Convulsión en entornos católicos tras la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre el matrimonio

Los últimos logros en materia de igualdad para las parejas del mismo sexo están conmocionando el mundo cristiano, en general, y católico, en particular. Primero fue el sí de Irlanda y luego la decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, sumados a las campañas de movilización y apoyo en redes sociales. Algo parece quedar claro en las reacciones: la conciencia de estar viviendo un auténtico punto de inflexión. Nos fijamos en algunas de ellas.

No es exagerado calificar de terremoto el efecto que ha tenido la legalización completa del matrimonio igualitario en Estados Unidos en entornos cristianos, y en particular en la Iglesia católica. Si en Irlanda el impacto se produjo por ser un país de fuerte tradición católica, ahora la reacción se debe sobre todo a la importancia objetiva de los Estados Unidos en el mundo y a la profunda polarización que ha conocido la sociedad en estos últimos años. Esto ha hecho que se viva la sentencia como una auténtica derrota para los contrarios a la igualdad matrimonial y una victoria para quienes la han defendido. La auténtica guerra cultural que se ha desarrollado en los últimos años ha alcanzado un punto de inflexión. Quizá no haya acabado, pues los sectores contrarios piensan seguir plantando batalla (los impedimentos que en algunos estados se están poniendo a la ejecución de la sentencia son buen ejemplo). Pero a partir de ahora se sitúan claramente en el bando “contracultural”. No en vano, como señalan ciertos comentaristas, quizá su mayor miedo sea el de verse relegados a los márgenes.

El número de comentarios, artículos, publicaciones en redes sociales, etc., es sencillamente imposible de cubrir en su totalidad. Pero sí hemos seleccionado algunas reacciones que nos parece oportuno destacar. Por otro lado, y aunque en esta entrada nos centramos sobre todo en las reacciones que han tenido lugar en los Estados Unidos, es preciso hacer notar que lo sucedido va más allá y alcanza, por ejemplo, a España. Baste señalar dos artículos en la web EntreParéntesis, de los jesuitas, uno crítico con los apoyos en la red y otro resueltamente celebrativo. Y es que después de esta sentencia, ya no puede decirse en modo alguno que el matrimonio igualitario se dé solo en “casos aislados”, como fue en su día argumentado en España por los contrarios a la igualdad (incluido, por cierto, el actual presidente del Gobierno).

Reacción muy negativa desde la jerarquía

Las reacciones oficiales han sido, lo que no resulta sorprendente, negativas. En primer lugar, tenemos la del presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, Joseph E. Kurtz, que ha calificado la decisión de “error trágico” y ha reafirmado la tesis de que el matrimonio sigue siendo por esencia heterosexual, con independencia de las leyes positivas: “Independientemente de lo que una mayoría estrecha de la Corte Suprema puede declarar en este momento en la historia, la naturaleza de la persona humana y el matrimonio permanecen inalterable e inmutable. Así como Roe v. Wade no resolvió el asunto del aborto hace más de cuarenta años, Obergefell v. Hodges no resuelve hoy el asunto del matrimonio. Ninguna decisión se arraiga en la verdad, y como resultado, ambas eventualmente fallarán. Hoy la Corte se ha equivocado nuevamente. Es profundamente inmoral e injusto que el gobierno declare que dos personas del mismo sexo pueden constituir un matrimonio”.

Kurtz termina invitando a los católicos a oponerse a la ley, apelando además a los poderes públicos: “pido a todos en posiciones de poder y autoridad que respeten la libertad dada por Dios a buscar, vivir y dar testimonio de la verdad”. Resulta fácil adivinar cuál será el próximo frente: oponerse a las medidas antidiscriminatorias y al pleno reconocimiento de la igualdad apelando a la libertad religiosa.

No menos duro ha sido el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima. Miembro del Opus Dei, Cipriani es bien conocido por su fuerte conservadurismo (y además mantiene desde hace años un pulso con la Universidad Católica del Perú). No ha dudado en calificar de “imperialista” la decisión: “Por un voto de una corte estadounidense se quiere cambiar el modo de vivir en el mundo. Ese es un colonialismo, un imperialismo peor que el económico (…) Estados Unidos no es el cerebro que tiene que dictar las conductas del mundo de hoy”.

Dos respuestas desde los jesuitas

No todo han sido reacciones negativas en el mundo católico, y aunque no puedan ponerse al nivel que las de la jerarquía, es significativo que se produzcan. Destacamos dos que no provienen de grupos de fieles ni de grupos “de frontera” que hayan mantenido, en circunstancias difíciles, posiciones aperturistas, sino de publicaciones en The Jesuit Post, un medio jesuita.

Tenemos en primer lugar una entrada titulada “#LoveWins”, referida al ya conocido hashtag. La escribe un joven jesuita, Jason Welle, y habla de su experiencia personal. Y es que su abuela vivió en pareja con otra mujer durante 50 años. Nana, su abuela, y su pareja, Dot, se mudaron a California poco después de la Segunda Guerra Mundial. Buscaban poder realizar una vida en familia junto con los dos hijos de Nana, el padre de Jason y su tío. En aquella época, tenían que ocultarse y corrían todo tipo de riesgos, incluido perder la custodia de sus hijos. Nada de ello impidió para que la pareja se viviera profundamente católica. De hecho, fueron determinantes en la experiencia religiosa de su nieto jesuita: “Nana y Dot fueron también la mayor influencia en el crecimiento de mi fe católica. Su casa en un lugar de oración y piedad. Eran ministros de la Eucaristía en su parroquia, daban la comunión a quienes no podían salir de casa y a los mayores hospitalizados. Me enseñaron a rezar el rosario. Más aún, me enseñaron los valores del amor, la fidelidad y el cuidado mutuo. Y lo mismo que estaban encantadas con que fuera monaguillo, estarían muy felices de que falten solo meses para que me ordene de diácono y presbítero en los jesuitas”. Tras reconocer que muchos aún seguirán discutiendo sobre el tema, termina diciendo: “rezo para que esta decisión, que acerca a gais y lesbianas al centro de la sociedad americana más que nunca, sea una oportunidad para un mayor entendimiento, amor mutuo y cuidado de los unos con los otros”.

Como si se tratase de una respuesta a este mensaje, un editorial firmado por el editor jefe de The Jesuit Post, Michael Rossmann, se titula “#LoveHurts” (“el amor duele”), y busca hacer ver la situación en que se encuentran algunos católicos, que por un lado conocen personalmente a personas LGTB y se alegran de la noticia (saben que la decisión del Supremo supone no solo la igualdad legal sino también un acto de reconocimiento a quienes han sufrido años de marginación) pero por otro lado se sienten miembros de la Iglesia y saben de la contrariedad que otros están viviendo. Rossmann no resuelve el problema, se queda en la tensión de los que se sienten entre dos orillas. De ahí lo de “el amor duele”. Espera, eso sí, que esta posición intermedia, vivida con dificultad, sirva para acercar posturas: “Quienes nos vemos incómodamente atrapados entre nuestros dos amores —el amor por nuestra Iglesia y el amor por nuestros hermanos y hermanas LGTB— tenemos así un papel crucial que desempeñar al interactuar con cada uno de ellos. Deberíamos, al menos, ayudar a cada lado a valorar lo bueno en la otra. En un mundo ideal, podríamos quizá incluso ayudar a cada uno a dialogar con el otro. Pero entonces, en un mundo ideal, no estaríamos atrapados entre dos amores. Este no es un mundo ideal. En nuestro mundo, en este momento, #LoveHurts”.

El fundador de Exodus se dirige a sus antiguos compañeros

Fuera del entorno católico las reacciones han sido también numerosas. Destacamos una: la de Alan Chambers, fundador de la desaparecida Exodus International, que en su momento se retractó de sus posiciones. Ahora, sin apoyar realmente el matrimonio igualitario, hace una apelación al diálogo y la acogida, cercana a la del editorial jesuita. En un artículo en The Washington Post titulado “Una vez dirigí un ministerio ex-gay. He aquí por qué apoyo ahora a los gais que se casan”, Chambers apunta a cómo todo su combate contra los derechos LGTB respondía en realidad al miedo y la angustia: “Mientras que una vez viví con miedo de todo lo gay y confundí mi homofobia religiosa creyendo que era pasión por la verdad de Dios, ahora puedo decir que me angustiaba por nada. Libre de aquel espacio de preocupación, me doy cuenta de que vivía realmente atado, con miedo de decepcionar a Dios, de fallarle”. Termina apelando a tender puentes: “mientras la batalla continúa  —porque siempre lo hace sé que hay muchos cristianos que elegirán acoger el cambio, orar para una comprensión más profunda, para centrarse en el Dios que nos desafía a ser como él: llenos de amor y con  miedo a nada. Habrá cristianos que, como Leslie y yo, verán en esto una maravillosa oportunidad para hacer nada no otra cosa sino cumplir las leyes de Dios: amarle y amar a las personas”.

En definitiva, la sentencia del Tribunal Supremo ha supuesto una conmoción profunda en el mundo cristiano estadounidense, católico y protestante. Pero incluso las reacciones más negativas dejan clara una cosa: se ha producido un cambio fundamental que ya parece no tener vuelta atrás. Como señala el articulista Peter Beinart, del periódico israelí Haaretz: “los cambios culturales cambian lenta y calladamente durante largos periodos de tiempo. Y luego, de repente, se rompe el dique”. Parece que esta vez muchas personas religiosas se han dado cuenta de ello.

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Comentarios
  1. javi

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