"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Eduardo Mendicutti (escritor): «¿El mejor autor de literatura homosexual en España? Yo, claro»

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EduardoMendicuttiTiene 67 años y es natural de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Además de escritor, es columnista. Dice que está terminando su próximo trabajo, que podría ver la luz en el primer trimestre de 2016. Comenta que será una novela de travestis que se hacen de Podemos. «A algunos les gustará, espero. Otros me acusarán de volver a abonar el estereotipo del gay plumero y que habla todo el rato en femenino, seguro«.

¿Cuántos palomos cojos ha visto usted? Fue de los primeros en acuñar la bonita expresión… 

Literalmente, palomo cojo no sé si habré visto alguno, pero los hay, seguro. De lo contrario, no se habría acuñado la frase. Los colombófilos, esa gente tan rara, seguro que tienen doctores para explicar la frasecita. Que yo sepa, nunca la han aclarado, aunque la explicación más común habla de la necesidad de que el palomo utilice las dos patas para montar a la paloma, y si es cojo, no puede, se supone. Da igual, el dicho ‘es más maricón que un palomo cojo’ lo he escuchado toda mi vida; era, y creo que sigue siendo, muy frecuente en Andalucía y en Extremadura. Recuerdo que, el año que publiqué la novela El palomo cojo, en la Feria del Libro de Madrid anunciaban el título por megafonía y muchos paseantes se descojonaban. Así que ni de lejos yo he sido de los primeros en usarla. A mí el dicho me parece atroz, pero la imagen de un palomo cojo, marginado y doliente me da ternura. Por suerte, hay una reivindicación del palomo cojo por parte del colectivo, véase el fiestón de Badajoz.

¿Hay mucho cojo en el Gobierno?

Dicen las estadísticas que, en todo colectivo humano, en torno al 10% cojea. Y eso, las series de televisión lo tienen clarísimo: siempre hay un deportista, un senador, un preso, un policía, un enterrador, un gánster, uno de los herederos de un imperio musical, un matemático… que lo hace. Un Gobierno es un colectivo humano, ¿no? Bueno, en el caso de este Gobierno de nuestros pesares me entran dudas. Digamos que es un colectivo semihumano, así que estoy dispuesto a aceptar que al menos hay un 5 % que cojea.

Su último trabajo fue una colaboración en el conjunto de relatos Lo que no se dice. ¿Qué cosas se sigue callando usted?

Algunas. Como todo el mundo, creo. Pero no tengo la más remota intención de decirlas aquí. Por supuesto, ninguna de ellas tiene que ver con mi sexualidad. Por cierto, me cuesta mucho hablar de mis hazañas sexuales, porque soy tímido, pero no hago más que escribir de ellas. Suelo decir que soy un escritor de nula imaginación, que primero vivo y hago y después lo escribo, pero no conviene hacerme demasiado caso.

Aparte de la Wikipedia, donde de vez en cuando les da por matarle, ¿tiene usted muchos enemigos?

Muchos, no sé. Alguno, me consta. Clarísimos enemigos, tres o cuatro, todos relacionados con mi última novela, Otra vida para vivirla contigo, y con la posible segunda parte de esa novela que, lo prometo, nunca escribiré. Todos ellos lo celebrarán cuando la Wikipedia deje de inventar de vez en cuando la fecha de mi fallecimiento y, por fin, acierte.

En su última novela, Otra vida para vivirla contigo, cuenta la historia de amor entre un joven concejal y un maduro escritor. ¿Es usted su propia musa? 

Yo siempre soy mi propia musa. Antes, cuando me vestía de musa creo que estaba sensacional; ahora, me temo que no tanto. Se lo preguntaré al joven concejal. Pero el que yo sea mi propia musa no quiere decir que siempre me dedique a contar mi propia vida. O sí, siempre que se entienda que lo autobiográfico no es sólo lo que se vive literalmente, sino también lo que se fantasea, lo que se sueña, lo que se desea, lo que se inventa. Inventar, no suelo inventar mucho, eso es verdad. De hecho, ya lo digo en una nota al final de esa novela: todo lo que en ella se cuenta responde a algo que dijeron del joven concejal y de mí, de nosotros, y yo escribí el libro a partir de una pregunta: ¿Si todo lo que dicen de nosotros fuera verdad, cómo sería esta historia? Y me parece que me salió una historia de amor muy tremenda y divertida.

¿No acabaría aquello como el rosario de la aurora?

¿Hablamos de la novela? En la novela, la historia entre el maduro escritor y el joven concejal la quisieron amargar botarates como la Bipolar, la Embajadora y otras malas malísimas. ¿Acaba la novela  como el rosario de la aurora? Algunos opinan que sí, otros opinan que no, que la novela tiene un final felicísimo. En cuanto al joven concejal y yo, nos lo pasamos muy bien mientras escribía la novela, y después con las presentaciones del libro y los comentarios de unos y otros. Con todo eso nos reímos mucho, y nos seguimos riendo, sobre todo de esa gente en las que despertamos un interés y una envidia enormes, increíbles. Nos lo tomamos como un estupendo ajuste de cuentas. En la vida real, nada ha terminado como el rosario de la aurora. Vicente Ramírez y yo seguimos teniendo una fantástica relación. Dentro de poco vamos a presentar juntos un libro explosivo, sensacional. Ya se sabrán más detalles a su debido tiempo. O sea, dentro de nada.

“Todo está contaminado por personas tóxicas que inventan cosas acerca de nosotros”. ¿Qué es lo más feo que han dicho de usted?

Algunos comentarios sobre ese muchacho y yo sobrepasaron ciertos límites sin sentido. Lo peor que dijeron no me atrevo a repetirlo, me da pudor. Y ya lo he contado: primero me enfadé, después me reí, y luego decidí escribir una novela. Por cierto, el ‘joven concejal’ sigue siendo joven, pero ya no es concejal, por decisión propia, porque, como también es profesor, le salió un trabajo docente cojonudo en California. Mira, también en eso no hay mal que por bien no venga. El chico daba clases en un colegio concertado religioso, y no le renovaron el contrato por ser gay. Así que se buscó otro curro, y la experiencia en San Francisco ha sido espectacular. Por lo demás, ha demandado al colegio por discriminación por orientación sexual y, aunque el proceso está siendo largo, ya empieza a hacerse justicia. De momento, la Junta de Andalucía ha impuesto al colegio una multa de 123.000 euros por saltarse todas las normas habidas y por haber. A veces, la valentía compensa.

¿Es usted un cotilla cum laude

Por supuesto que no. ¿Cotilla yo? Como dicen en mi tierra, lo que sí me divierte es ‘referir’. O sea, cotillear sin mala fe. Pero el cotilleo dañino y malintencionado es una vileza. Y lo he sufrido. Al final, lo mejor, como hemos hecho nosotros, es reírse. Por otra parte, no creo que cotillear sea un entretenimiento típicamente español. Sólo hay que leer la prensa amarilla de algunos países muy estirados. En cuanto a ponerme nota como cotilla, digamos que… progreso adecuadamente.

Dicen que es usted uno de los autores más importantes de la literatura homosexual en España. Además de cotillas, ¿también somos pelotilleros?

Pero, ¿de verdad existe la literatura homosexual? Yo digo que sí, que sí y que sí, pero la mayoría de los escritores homosexuales, y la mayoría de los críticos, y la mayoría de los lectores, dice que no. De hecho, alguna vez he llegado a pensar que yo soy el único autor de literatura homosexual. De ser así, es normal que digan que sea uno de los más importantes autores de ese tipo de literatura, pero no tiene mucho mérito, ¿no?

Le dejo dar rienda suelta a su vena tiralevitas. ¿Quién es el mejor?

¿El mejor autor de literatura homosexual en España? Yo, claro, parece que no hay otro, que todos los demás son autores de literatura a secas, y punto. ¿El mejor autor de literatura homosexual de todos los tiempos, en todos los idiomas? Marcel Proust, con diferencia.

Para conseguir tener una plaza con su nombre en Sanlúcar, su pueblo, ¿tampoco tuvo que ponerse carantoñero con el alcalde?

Eso estuvo muy bien. Quiero decir, que le pusieran mi nombre a una plaza. Y a una biblioteca, por cierto. Del alcalde de entonces ni me acuerdo. Si hubo carantoñas, no debió de ser nada importante, no me ha dejado huella. Lo que sí me permitieron, bajo cuerda, y sin carantoñas mediante, fue que eligiera la plaza. Y elegí una que en realidad no es una plaza, es el patio exterior de un Instituto de enseñanza media, un ‘espacio’, como se dice ahora, donde no hay casas ni desahucios ni defunciones. Sólo hay chicos y chicas llenos de vida. Vaya, parezco Antonio Gala.

Dice que autoeditarse nunca es bueno. ¿Es preferible que nadie te lea entonces?

Yo lo prefiero.

¿Tiene usted alguna afición curiosa? 

El fútbol. El fútbol, como activo y como pasivo – quiero decir, como jugador o como espectador – ha sido durante mucho tiempo una ‘afición curiosa’ si eres escritor o si eres gay, no digamos si eres las dos cosas. Pero yo, de joven, jugaba, y me ha quedado el recuerdo de esta rodilla que ahora me duele y me hace cojear de vez en cuando. Ahora sigo el fútbol, me excita, pero también me tranquiliza si estoy agobiado, y me permite desbarrar sin el menor complejo. El fútbol es un invento fantástico.

 

 

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