"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

El brutal asesinato de Dandara dos Santos descubre al mundo y a su propio país la violencia contra las mujeres trans en Brasil

El brutal asesinato de Dandara dos Santos, cuyos instantes previos fueron grabados en un vídeo que ha dado la vuelta al mundo, ha puesto en el primer plano de la actualidad la espantosa realidad de que viven las personas LGTB, y muy singularmente, las mujeres transexuales, en Brasil. 

Poco más podemos añadir a la brutalidad de las imágenes que posiblemente el lector haya visto ya. En ellas se puede ver como un grupo de jóvenes propina una brutal paliza a Dandara dos Santos, una mujer trans de 42 años, que permanece indefensa en el suelo, cubierta de polvo y ensangrentada, incapaz casi de moverse: le propinan patadas, la golpean con una tabla… Parece claro, según su estado, que el vídeo comienza a grabarse cuando buena parte de la paliza ha tenido ya lugar. Al final del vídeo sus asesinos la cargan en una carretilla, como si fuera un guiñapo, y se alejan del lugar. Según se ha sabido después, hasta un lugar cercano en el que la remataron a tiros. El asesinato ocurrió el pasado 15 de febrero en Fortaleza, en el estado brasileño de Ceará, al noreste de Brasil.

¿Qué hace distinto este asesinato al de otras tantas mujeres trans que ocurren en el país latinoamericano? El hecho de que un testigo de lo sucedido grabara las imágenes con la cámara de su teléfono móvil y las difundiera a través de YouTube, produciendo una conmoción nacional e internacional.  Medios para los que el asesinato de una mujer trans en las calles de un barrio pobre de América Latina nunca hubiese sido noticia se han hecho eco de la muerte de Dandara y del enorme sufrimiento que lo precedió. Hasta The New York Times dedicaba a Dandara un artículo en el que recogía su historia personal. Y las autoridades brasileñas, que en tantas y tantas ocasiones dejan sin investigar este tipo de crímenes, se han puesto las pilas ante la reacción social y ya han procedido a detener a los autores de la agresión, perfectamente identificables en las imágenes. Por una vez parece que sí se hará justicia.

Insertamos, en este punto, el vídeo en cuestión. Advertimos que las imágenes son muy duras:

Un caso que por desgracia no es único

Lo recogíamos en enero: según el último informe del Grupo Gay de Bahía, durante el año 2016 se cometieron en Brasil 343 asesinatos de personas LGTB, lo que supone una media de una muerte cada 25 horas. Se trata de la cifra más alta desde hace 37 años, cuando esta organización comenzó a emitir este tipo de informes. 172 eran varones homosexuales (el 50,15 %), 144 mujeres transexuales (41,98 %), 10 lesbianas (2,92 %), 4 personas bisexuales (1,17 %) y 12 heterosexuales (3,50 %). Se han incluido estos últimos porque sus asesinatos se debieron a su relación con personas LGTB, bien por ser sus familiares o parejas.

El Grupo Gay de Bahía (GGB) es una asociación de defensa de los derechos LGTB que trabaja en Brasil desde hace décadas. Anualmente, desde hace 37 años, realiza un informe en el que se detallan los asesinatos de personas LGTB cometidos en el país, según los datos que han podido recopilar a través de los medios de comunicación y denuncias en la red. Esto supone que la cifra real debe ser mayor, puesto que las autoridades policiales no emiten ninguna documentación al respecto. Sirva de ejemplo el caso de Itarbelly Lozano, brutalmente asesinado por su propia madre el pasado mes de diciembre, considerado oficialmente un conflicto familiar. También es posible que la proporción de asesinatos tránsfobos sea mayor: aunque esto está cambiando poco a poco, en Brasil y en otros países de América Latina no es infrecuente que los medios se refieran a mujeres trans como hombres homosexuales.

GGB también denunciaba la práctica impunidad de que disfrutan los asesinos en este tipo de casos. De los 343 asesinatos cometidos en 2016, solamente fueron identificados 60 homicidas, apenas el 17 %, y tan solo un 10 % de los procesos abiertos contra ellos terminaron en condenas.

Un clima político y social conservador y LGTBfobo

Al incremento en el número de episodios reportados de violencia LGTBfoba en Brasil contribuye muy posiblemente la mayor presencia de noticias en medios y redes sociales en los últimos años. Pero, aunque hablamos de un país en el que la homofobía y la transfobia social siempre han estado muy vivas, no debería pasarse por alto el momento que vive el país latinoamericano, en plena ola de de conservadurismo social y político. Una situación a la que no es ajena la pujanza del lobby evangélico, que en 2013 fue capaz, por ejemplo, de reunir a 100.000 personas en Río de Janeiro para mostrar su oposición al matrimonio igualitario, un derecho reconocido judicialmente en ese país.

La fuerza de los grupos evangélicos en Brasil, políticamente articulados por encima de los tradicionales límites partidarios, también se hizo evidente el nombramiento en 2013 del diputado homófobo Marco Feliciano como presidente de la Comisión de Derechos Humanos, posición que ocupó varios meses. Desde ese puesto, Feliciano fue uno de los promotores de una iniciativa para reintroducir las “terapias” reparadoras de la homosexualidad, prohibidas por el Consejo Federal de Psicología de Brasil, que fue retirada solo cuando quedó claro que sería objeto de una contundente derrota en la Cámara de Diputados si llegaba a votarse en el pleno bajo la presión de las movilizaciones sociales que tenían lugar en Brasil en aquel momento, y en las que participó de forma muy activa el colectivo LGTB. Movilizaciones que sin embargo no acabaron cristalizando en una evolución política y social en sentido progresista, más bien al contrario. Buen ejemplo de ello, al margen del oscuro proceso de destitución como presidenta de Dilma Rousseff y su sustitución por el conservador Michel Temer, ha sido la elección como alcalde de Río de Janeiro del obispo evangélico Marcello Crivella, que en el pasado ha descrito la homosexualidad como una “conducta maligna” y un “mal terrible».

Jean Wyllys, el primer diputado abiertamente gay del Parlamento brasileño, denunciaba en junio del año pasado, a raíz de la masacre homófoba de Orlando, los “delirios homofóbicos” de políticos y líderes religiosos a los que calificaba de “mentirosos” por trasladar “la idea de que gais, lesbianas y transexuales deseamos imponer una ‘ideología de género’ o la ‘cristianofobia’”, advirtiendo que esos discursos “pueden conducir a la barbarie”. Wyllys, recordemos, ha llegado a estar amenazado de muerte y es objeto de frecuentes campañas de desprestigio personal.

Dandara dos Santos, un nombre que ya es historia

No queremos acabar sin rendir homenaje a Dandara dos Santos, la mujer con cuyo asesinato abríamos esta entrada. No tuvo una vida fácil. Mujer transexual, pobre, seropositiva. Sin embargo, y en ello coinciden todos los medios que han podido hablar con quienes la conocían personalmente, era una persona alegre, optimista, siempre dispuesta a ayudar a quien se lo pedía. Su sueño, abrir un salón de belleza y poder comprarse un coche.

Como Matthew Sephard en Estados Unidos, como Daniel Zamudio en Chile, el nombre de Dandara dos Santos ya es historia viva del movimiento LGTB. Su espantoso asesinato ha actuado como revulsivo social y ha dado lugar a una campaña de concienciación sobre la violencia contra las mujeres trans en Brasil (#PelaVidaDasPessoasTrans) pocas veces vista en ese país, que ojalá sirva para dar un fuerte empujón a la lucha contra la transfobia. Ese sería el mejor homenaje a su persona.

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Comentarios
  1. Sss
  2. Seba

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