"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Un joven gay refugiado en Nepal dice que si tuviera que volver a Bangladés “estoy listo para morir a manos de mi comunidad”

Mahamood Rakib Hasan, de 23 años y natural de Bangladés, se vio obligado a marcharse de su casa a los 19 ante el rechazo de sus progenitores a su orientación homosexual. “No aceptamos a un hijo gay en nuestra familia”, confiesan. Ante la falta de apoyo de sus padres, decidió mudarse a Daca (la capital del país), donde comenzó a implicarse como activista LGTB en la lucha igualitaria. Pero, tras un corto periplo en defensa de los derechos del colectivo, empezó a ser acosado por fanáticos religiosos y llegó a ser detenido por la policía, acusado de ser “trabajador sexual”. Gracias a la mediación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) consiguió el estatus de “refugiado” en Nepal. Allí, asegura que su vida no corre peligro, pero confiesa que le tratan como a un “inmigrante ilegal” en lugar de como a un refugiado.

A pesar de su juventud, Mahamood Rakib Hasan ha vivido una vida llena de dificultades debido a su orientación sexual. Primero rechazado por sus padres por ser gay y luego perseguido por extremistas religiosos, tras implicarse en el activismo LGTB en Daca. Según explica el joven, debido a la homofobia de Estado imperante en Bangladés, las fuerzas de seguridad “se oponen a los asuntos LGTB” y esta indefensión provoca todo tipo de injusticias.

De hecho, Rakib denuncia haber sido violado y vejado por los tres policías que lo detuvieron en una ocasión. Al parecer, se encontraba en un parque en el que, decían los mismos agentes, se practica “cruising” durante la noche. Así que los policías, que se encontraban paseando por el parque, le habrían arrestado acusándolo de “trabajador sexual”. Así lo explica el joven: “me agredieron físicamente, me asaltaron sexualmente, me quemaron con cigarrillos”.

Bangladés, recordemos, es una de las antiguas colonias británicas que mantiene en vigor la tristemente conocida sección 377, que establece que “el que voluntariamente mantenga relaciones carnales contra natura con varón, mujer, o animal, será castigado con pena de prisión de cualquier tipo, desde reclusión durante diez años hasta cadena perpetua, y podrá ser también castigado con una multa”. El Gobierno de Bangladés, país de mayoría musulmana, rechazó en 2013 su derogación, pese a ser instado a ello por el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Durante el tiempo que Rakib Hasan estuvo relacionado con el activismo LGTB en Daca, “me pasaron muchas cosas malas. La gente decía que me habían puesto ácido en la cara porque «eres un enemigo del Islam, de los musulmanes»”. Sus compañeros activistas le decían que, juntos, “tenemos que absorber este dolor”. En la capital blangladesí compartía piso y se ganaba la vida como tutor particular y en un restaurante, donde también tuvo problemas por ser gay.

Mahamood Rakib Hasan, por otra parte, vivió el asesinato de algunos amigos y activistas igualitarios en Daca, como los de Xulhaz Mannan y Tanay Fahim. Hace ahora justo un año, dosmanzanas recogía la violenta muerte a machetazos de Xulhaz Mannan, activista y fundador de Roopbaan (la única publicación LGTB de Bangladés), así como de Tanay Fahim, otro activista que se encontraba en ese momento con él.

Con todo el dolor causado por estas experiencias vividas, Rakib encontró su situación insostenible en Bangladés. Sobre todo cuando empezó a recibir amenazas y a verse acosado por fanáticos islamistas, incluso a través de las redes sociales e internet. Rakib nació musulmán y dice respetar “todas las religiones”, aunque “ahora mi religión es la humanidad”.

Refugiado en Nepal, actualmente está en trámite de asilo en Canadá

“Me puse en contacto con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y me sugirieron dejar mi país: «Si buscas asilo, podemos ayudarte»”, explica Rakib. En un principio pensó en la India; un país en el que su parlamento ha rechazado en varias ocasiones la despenalización de la homosexualidad y que en 2015 detuvo a más de 1300 personas bajo la acusación de practicar la homosexualidad, incluyendo 207 adolescentes.

En ACNUR, explica el joven, “me dieron una visa honorable como ciudadano de Bangladés. Tenía un límite de un mes”. Finalmente, solicitó asilo en Nepal y, tres meses más tarde, le acabaron concediendo el estatus de “refugiado”. Aunque Nepal no es signatario de la Convención de 1951 sobre los refugiados ni del Protocolo de 1967 y carece de legislación nacional sobre refugiados, “este país asiático sigue acogiendo a un gran número de refugiados y solicitantes de asilo”, asegura la propia organización.

Otra cosa es la vida en el país de estas personas y su exposición a la discriminación (algo que, por otra parte, ocurre en muchos Estados receptores de refugiados). “Tratan a los refugiados como inmigrantes ilegales, no como a refugiados”, se lamenta Rakib. Cuando llegó a Katmandú (capital nepalí), pasó tres meses viviendo en la oficina de la organización LGTB Blue Diamond Society (la única del país). “Me quedé allí sin comida, sin mantas, durante todo el invierno. ACNUR no tiene ningún apoyo [financiero] para mí. ¡Es tan difícil sobrevivir!”, se lamenta.

Aunque no teme por su seguridad como en su país de origen, con su condición de refugiado no consigue encontrar trabajo en Nepal. “No quieren complicaciones”, asevera Rakib. Así que después de haber agotado sus ahorros en el alquiler de la habitación de un motel de carretera, durante varios meses, se encuentra en trámites de asilo por Canadá, con el apoyo de Rainbow Railroad. En todo caso, Rakib Hasan tiene claro que no quiere volver “jamás” a Bangladés. Pero si no le quedara otro remedio tiene claro que “estoy listo para morir a manos de mi comunidad”.

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