"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

«¿Orgullo de qué?», «Es posible un Orgullo sin tangas ni carrozas» y algunas otras perlas homófobas en la prensa española

¿Y cuándo un día del orgullo hetero?, berrean, como cada año por estas fechas, los homófobos del mundo. Lo cierto es que, sin necesidad de entrar a estas alturas en las argumentaciones que desmienten la necesidad de tal majadería (otros con más talento que nosotros ya lo han hecho), estos últimos días hemos asistido a varias demostraciones de «orgullo hetero» en la prensa escrita española, que muestran hasta qué punto la aceptación de la realidad LGTB de la que la sociedad española presume, no deja de ser, en muchos casos, una capa de barniz. Claro que no faltan tampoco los artículos y columnas que, desde una supuesta perspectiva gay-friendly, lanzan a diestro y siniestro tópicos homófobos y plumófobos y reclaman, cómo no, «normalidad».

La pasada semana, la edición sevillana del ABC (el mismo diario que en el mes de marzo difundía el panfleto de una de las más recientes campañas de odio de HazteOír) nos sorprendía (o quizá no tanto) con una carta al director firmada por Antonio Rodríguez Mármol, titulada «¿Orgullo de qué?». «Se puede sentir orgullo por haber terminado los estudios con matrícula de honor, por haber sacado con el número uno unas oposiciones (…) Pero sentirse orgulloso por ser gay o lesbiana… hombre no. La pareja hompre/mujer se creó para asegurar la continuidad de la raza humana, toda relación contra natura podrá aceptarse pero de ahí a sentirse orgulloso, hombre no», aseguraba el amigo Mármol, que criticaba a los partidos que «esto apoyan» porque «sólo buscan votos, porque aquellos otros que no lo aceptan, no son votados por estos grupos [sic]«. Una muestra del casposismo más rancio que denunciaba en Twitter el periodista Juan Carlos Romero, precisamente extrabajador de ABC:

Un texto, eso sí, que parecía lo más gay-friendly del mundo al lado de la asquerosa serofobia de otra carta al director en Alerta, el diario cántabro fundado por Falange Española allá por los años treinta y que no parece haber perdido su ADN fundacional, a tenor de lo que acepta publicar. La carta culpaba a los homosexuales con VIH/sida de no contribuir a la sociedad, pese a lo costoso de su tratamiento y atención médica. «¿Orgullo de ser y practicar conductas gay?», comenzaba el texto, firmado por Isidro Terán. «Más de 20 millones de gay reciben tratamiento por estar infectados de SIDA, a los que hay que prestar atención médica, facilitar medicamentos, dedicarles atenciones médicas, sociales y hospitalarias. Y se recibe poco de ellos porque millones de los mismos no pueden trabajar», afirmaba el texto, según el cual «jóvenes que no superan los 13 años son conducidos a la práctica homoanal, sobre todo en Cataluña [sic]««Docenas y cientos de niños recién nacidos se diagnostican enfermos de VIH/SIDA por transmisión de sus padres bisexuales, en Hispanoamérica y en gran medida en Cataluña y País Vasco», añadía. «Los hombres han dejado sus relaciones naturales con la mujer y arden en malos deseos los unos con los otros. Hombres con hombres cometen actos vergonzosos y sufren en su propio cuerpo el castigo de su perversión. En favor del ser humano, en favor de los niños a los que no debemos negarles sus derechos a una vida feliz, culta y en paz. ¡Meditemos y digamos la verdad», concluía la carta…

Más dudoso es el caso del artículo publicado en el diario extremeño Hoy por Tomás Martín Tamayo, en el que muchos han visto una más disimulada homofobia. Con el título «Orgullo Gay», la columna de Tamayo asegura que «La respuesta a la represión suele ser la algarabía, el exceso y la excentricidad. A veces también la ira. Así podemos entender que homosexuales, lesbianas y demás estaciones de diversidad sexual, muestren euforia festiva para celebrar su condición, como si la misma fuera un hecho extraordinario, de los que rompen esquemas, desalambran y abren fronteras. Se sienten orgullosos por ser gais, como si los demás nos avergonzáramos de nuestra condición de heterosexuales. Oyendo a algunos/as, parece que la homosexualidad la han inventado ellos. Después de la tempestad llegará la calma y cuando ser homosexual no sea un signo diferenciador, cesarán estas manifestaciones que en algunos aspectos chirrían». Bien es cierto que, en el resto del artículo, Martín Tamayo hace un repaso superficial por la represión de la homosexualidad en décadas pasadas, aunque sin abandonar el tonillo condescendiente y el retintín. «Creo que en España la diversidad sexual está tocando cotas de normalidad y que, aunque queden refugios carpetovetónicos, no hay discriminación y, si la hay, es positiva porque en algunos sitios se puntúa para acceder a viviendas sociales e incluso para perpetuarse en monumentos. O trabajar en Telecinco», acaba su artículo Martín Tamayo.

Eso sí, no toda la homofobia vertida estos días en prensa sigue el mismo hilo argumental del «orgullo hetero» o del «¿Por qué un orgullo gay?» (porque curiosamente en estos artículos nadie habla nunca de Orgullo LGTB). El de alabar la «normalidad» de algunos gais frente a otros es aún más frecuente, algo a lo que, por desgracia, ya estamos más que acostumbrados. Pero, incluso así, esta semana no dejaba de llamarnos la atención que El Mundo publicase el artículo «Los crímenes estéticos que cometen los gays», firmado por Beatriz Miranda. Un supuestamente «desenfadado» repaso a los atentados a la estética que podemos ver en el mundo gay y que en realidad no es más que una serie de tópicos homófobos de persona «con amigos gais» (un patrón, no sabemos si estético, pero desde luego sí ético, bastante consolidado). «No se trata de celebrar ahora sólo el estilo de los gays hipsters tipo Almodóvar o el pijismo de Iñaki Oyarzábal. Me quedo con una cosa reposada e intermedia tipo ‘El Comidista’ [en alusion a Mikel López Iturriaga]. Un tipo normal», terminaba el artículo… Toda una declaración en sí misma.

Claro que, si se tiene en cuenta que pocos días antes El Mundo, un periódico que hace años destacaba por ser de todos los generalistas el que mejor retrataba la realidad LGTB, publicaba un artículo  firmado por Javier Cid y titulado «¿Un Orgullo LGTB sin tangas ni carrozas? Sí, es posible» nada nos extraña. En ese artículo, que hacía una crónica de la primera edición del ARN Culture & Business Pride celebrado en Arona (Tenerife), el periodista se felicitaba de que fuese posible un orgullo distinto al de Madrid, «el Orgullo Gay que cada año, bajo las brasas tropicales de julio, acoraza Madrid de musculazos y pezones arponeros, como mandarinas». El de Arona, sin embargo, reunía a «profesionales del colectivo (científicos, artistas, diseñadores, periodistas, actores, empresarios, emprendedores, influencers, y así hasta agotar existencias)»«Un pride exigente al que la gente viene a aprender, a hacer networking, a conocer experiencias profesionales de referentes de muchos ámbitos y después, por qué no, a tomarse una copa tranquilamente o a disfrutar de un concierto», según declaraba al periodista su directora, Olga Payar…

Lo expuesto en esta entrada es solo una selección de los textos que más polémica han causado estos días en redes sociales. Por desgracia, hay más. Bien es cierto que, con el paso de los años, este tipo de artículos u opiniones quedan relegados a las secciones de menos valor de los periódicos, o en las que directamente los editores se lavan las manos poniendo «en boca de los lectores» lo que ellos ya no se atreven a decir. Pero no dejan de publicarse, son leídos por miles de personas y causan un daño importante. Por eso, estos días (mañana, los que estemos en Madrid) salimos a manifestarnos por las calles, con la apariencia que nos dé la gana, a seguir defendiendo con uñas y dientes nuestra dignidad como minoría y los derechos que legítimamente nos corresponden. Y que pronto comenzarán a rebajarnos el día que bajemos la guardia, el día que, por considerarnos ya «normalizados», dejemos de salir a manifestar nuestro Orgullo y honrar la memoria de las y los que nos precedieron y en su día no pudieron ni siquiera manifestarse.

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