"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Brasil: el Consejo Federal de Psicología recurre la decisión de un juez de autorizar las “terapias” reparadoras de la homosexualidad

En días pasados teníamos noticia del importante retroceso que, por decisión de un juez federal, han experimentado los derechos LGTB en Brasil. Waldemar Cláudio de Carvalho ha estimado el recurso de varios psicólogos vinculados a grupos evangélicos y ha ordenado al Consejo Federal de Psicología (el organismo que regula el ejercicio de esta actividad profesional en Brasil) que permita de nuevo las “terapias” reparadoras de la homosexualidad, prohibidas desde 1999. La noticia, que se enmarca en la ola regresiva que experimenta en estos momentos Brasil, ha despertado sin embargo sonoras protestas, y el Consejo Federal de Psicología ha presentado recurso. 

Un objetivo largamente deseado por los grupos evangélicos

Conviene hacer un poco de historia para saber de qué estamos hablando. Brasil fue pionero en prohibir las “terapias” reparadoras de la homosexualidad a través de una resolución de su Consejo Federal de Psicología en vigor desde 1999. Una prohibición que siempre ha desagradado a los sectores más conservadores de la sociedad brasileña, y contra la que los pujantes grupos evangélicos no han dejado de maniobrar en estos años. En el año 2013, por ejemplo, la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, presidida entonces por el diputado evangélico Marco Feliciano, llegó a proponer un proyecto de ley para revertirla. Como respuesta a aquella intentona, el Consejo Federal de Psicología publicó un durísimo comunicado en el que acusaba a Feliciano de haber conseguido la aprobación de la iniciativa tras una discusión “truculenta y arbitraria” y sin el quórum suficiente en la comisión. El órgano de gobierno de los psicólogos brasileños calificó la decisión de“episodio triste de la historia brasileña” y tras repasar los argumentos que llevaron a tomar la decisión de prohibir las “terapias” reparadoras confiaba en que finalmente prevaleciera “el respeto a la Psicología como ciencia y como profesión”.

Así fue entonces: pocas semanas después sus promotores retiraban el proyecto al ser conscientes de que se enfrentaban a una severa derrota parlamentaria en la discusión plenaria. Brasil vivía por aquel entonces fuertes movilizaciones populares en las que las que el colectivo LGTB se había comprometido muy activamente, y esta votación resultaba en aquel momento muy impopular. Pero el movimiento evangélico nunca dejó de perseguir la derogación de la prohibición. De hecho, el diputado Ezequiel Teixeira, también evangélico, presentó hace más de un año otro proyecto de ley con objeto de “garantizar el derecho a la modificación de la orientación sexual”.

Los ataques a la prohibición no se han limitado, sin embargo, al ámbito legislativo. Los homófobos también han recurrido a los jueces, y aquí es donde han conseguido una importante victoria (veremos si definitiva), de la mano del juez federal de Brasilia Waldemar Cláudio de Carvalho, que ha estimado el recurso de varios psicólogos vinculados al movimiento evangélico. La más conocida de ellos es Rozangela Alves, una psicóloga que precisamente había sido suspendida en 2009 por el Consejo Federal de Psicología por ofrecer “terapias” para curar la homosexualidad, y que en su momento llegó a asegurar que “el movimiento homosexualista” se había aliado con los consejos de psicología para “implantar la dictadura gay” o que era Dios el que la animaba a “ayudar” a las personas homosexuales que buscan dejar de serlo.

La resolución del juez 

El juez Carvalho, conviene precisar, no anula la resolución de 1999 del Consejo Federal de Psicología, y de hecho reconoce la doctrina científica de la OMS, en el sentido de considerar la homosexualidad como una variante natural de la sexualidad humana y no una condición patológica. Sin embargo, el juez estima que este organismo debe interpretar sus normas de forma que no impidan a los profesionales “promover estudios o atención profesional, de forma reservada, pertinente a la (re)orientación sexual, garantizándoles así la plena libertad científica acerca de la materia, sin cualquier censura o necesidad de licencia previa”.

Una argumentación que desconoce por completo que la evidencia científica disponible es bien clara al respecto: las “terapias” reparadoras son intervenciones que no solo se han mostrado ineficaces para cambiar la orientación sexual de una persona, sino que resultan muy peligrosas (los riesgos incluyen depresión, ansiedad y comportamiento autodestructivo). Por supuesto que hay personas adultas que movidas por sus creencias conservadoras acuden a las consultas para cambiar su orientación sexual, pero ya desde hace años la Asociación Americana de Psicología recomienda ser “honestos” con ellos respecto a su eficacia, considerando que el objetivo en estos casos debe ser favorecer la aceptación de la realidad. Posibles estrategias que sugería Judith Glasshold, la presidenta del comité que en 2009 revisó la evidencia disponible hasta esa fecha, eran insistir en determinados aspectos de la fe religiosa, como la esperanza y el perdón, frente a la condena de la homosexualidad, sugerir el acercamiento a confesiones religiosas que sí aceptan la realidad LGTB o, los casos más recalcitrantes, valorar la adopción del celibato como estilo de vida sin pretender cambiar la orientación.

Contexto regresivo

El fallo de Carvalho ha sacudido la sociedad brasileña, enfrentada a una ola regresiva no solo en materia política (tras la polémica destitución de Dilma Rousseff y su sustitución por el conservador Michel Temer) sino también social, fruto en buena parte de la pujanza de los grupos evangélicos. Regresión que amenaza los avances que Brasil había experimentado en materia LGTB en años recientes. A finales del año pasado Marcelo Crivella, un obispo evangélico con historial homófobo, se hacía con la alcaldía de Río de Janeiro. Y en estos momentos Jair Bolsonaro, un homófobo recalcitrante que pese a ser católico defiende sin tapujos la agenda conservadora del frente parlamentario evangélico (transversal a diversos partidos políticos) ha conseguido colocarse entre los favoritos para hacerse con la presidencia del país en 2018.

Quizá por eso el sector más progresista de la sociedad brasileña ha reaccionado con fuerza a la decisión del juez Carvalho, muy cuestionada en redes sociales y contra la cual ha habido manifestaciones en las principales ciudades del país. Está por ver que esta reacción se mantenga de forma duradera en el tiempo.

Recurso del Consejo Federal de Psicología

Mientras tanto, el Consejo Federal de Psicología ya ha recurrido ante la justicia brasileña la decisión del juez Carvalho. A los lógicos razonamientos sobre la incoherencia de considerar a la homosexualidad una variante más de la normalidad y por otro lado autorizar “tratamientos” de reorientación, la entidad que regula el ejercicio profesional de la Psicología en ese país añade que sus regulaciones no prohíben la “libertad científica” ni la investigación en el campo de la sexualidad humana, sino el ejercicio anti-ético de unas prácticas terapéuticas de reorientación sexual que causan perjuicios.

Veremos qué sucede, aunque la batalla se prevé larga. En cualquier caso, lo sucedido ahora en Brasil es otro ejemplo (uno más) de que la historia sí tiene marcha atrás, y de que los avances conseguidos en materia LGTB son perfectamente reversibles si bajamos la guardia.

Os dejamos con unas imágenes de France-Presse sobre las protestas contra la decisión del juez Carvalho, así como declaraciones de la vicepresidenta del Consejo Federal de Psicología de Brasil:

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