"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Mujer, trans y policía: crítica de «El final del hombre» y entrevista al autor Antonio Mercero

Encontrar personajes trans en la novela negra no es difícil: de alguna forma, se han convertido en un interesante recurso secundario. Mucho más difícil, casi imposible, es dar con protagonistas trans en la literatura tanto negra como de género en general. Y es que, por motivos obvios, cuando un autor se lanza a escribir sobre transexualidad, lo hace en forma de drama, de cara a mostrar, bien su proceso se aceptación, bien el de la transición, bien el de la “salida del armario” con familiares y amigos. Pero, claro, estudiar esos temas no es incompatible con, por ejemplo, un caso de asesinato… Pues bien, eso es lo que ha hecho Antonio Mercero (hijo del cineasta homónimo) en su salto a la novela negra: El final del hombre (2017) nos presenta una protagonista policía que, además de ser mujer, es trans, algo que, por supuesto, merece toda nuestra atención. Y es que, por una vez, el personaje trans no es ni el asesino ni el asesinado, ¡sino el héroe! O, en este caso, la inolvidable heroína.

«Sentía que por primera vez en sus cuarenta años de vida era feliz. Sofía Luna González. Eso decía el carné. Sexo: mujer». Justo cuando Sofía Luna se decide a dejar atrás para siempre a Carlos Luna, un terrible caso de asesinato sacude la Brigada de Homicidios: el hijo de un famoso escritor ha sido asesinado. Como es habitual en la novela negra, todas las personas relacionadas con el asunto tienen, tanto sus motivos para ser los culpables, como sus razones para mentir aun no siéndolo, lo que torna la resolución en una montaña rusa de descubrimientos que Mercero desarrolla con maestría, logrando que no quede ninguna pieza suelta pese al cuantioso plantel de personajes involucrados. Bien ambientados en el Madrid natal de su autor, los acontecimientos se suceden con inacabable intriga, manteniendo al lector en vilo en todo momento gracias a que la complejidad de subtramas (muchas de ellas, con comentario social incluido) nunca desemboca en obscura pedantería. No es eso, empero, lo que nos interesa en este espacio, sino por supuesto el hecho de que la fantástica protagonista sea una mujer trans a quien los cuchillos y las pistolas no dan miedo alguno pero sí “salir del armario” con su hijo adolescente, para quien enterarse de que su padre tiene ahora género femenino es por motivo obvios todo un shock. Sofía Luna está retratada con el respeto propio de un escritor para quien la transexualidad sigue siendo una gran desconocida, algo puesto de manifiesto por el tratamiento —especialmente lingüístico— empleado, el cual, sin ser tránsfobo, sí está algo anticuado.

Purismos aparte, El final del hombre es una novela notable, tanto por su entretenidísima trama criminal como por su retrato de una sociedad aún dominada por el machismo y, claro está, la transfobia. Falta profundidad y novedad en el desarrollo de Sofía Luna, pero esta sigue siendo una genial heroína. A fin de cuentas, Mercero es todo un pionero, con lo que, lejos de poner el grito en el cielo por detalles que, si bien podrían haberse corregido fácilmente, no van a ninguna parte, prefiero celebrar su valiente iniciativa y esperar con ilusión las ya prometidas próximas entregas de una saga que, además de ofrecernos intrigantes casos en el futuro, nos aguarda con seguridad una interesantísima evolución de uno de los primeros grandes personajes trans de nuestra literatura.

A continuación, os dejo con mi entrevista a Antonio Mercero, autor de El final del hombre, con quien hablo de todas las cuestiones planteadas en mi crítica.

Antes de nada, la pregunta básica, que te habrán hecho mil veces pero por supuesto interesa en este espacio: ¿por qué una policía transexual?

El primer chispazo surge del relato de una amiga que me habla de una policía transexual inglesa a la que ella conocía. Me pareció un titular interesante, un hombre que quiere cambiar de sexo en un entorno tan masculino como el policial. Pero a la vez me daba miedo que la elección del personaje protagonista resultara demasiado peculiar. Fui investigando el proceso de cambiar de sexo y me gustó el conflicto que se le presenta a un inspector de homicidios que tiene que investigar un crimen en pleno tratamiento hormonal, con todos los efectos secundarios insidiosos que eso provoca. Y me pareció que un transexual femenino simbolizaba bien el cambio que se está produciendo en la sociedad, que pivota lentamente desde una posición ancestralmente masculina hacia una más femenina, o por lo menos más igualitaria. Así que las dudas se me fueron pasando y me pareció que un personaje como Sofía Luna se merecía un lugar en el mundo.

¿Qué surgió antes: la trama de investigación o la protagonista trans? ¿Y cómo se afectan la una a la otra?

Lo primero fue el personaje, un policía transexual. Esa elección marcó el género, que tenía que ser policiaco, y también el trasfondo, que yo quería que fuera el machismo. Y la trama detectivesca fue saliendo a base de mucho trabajo. Lo más difícil, quizá, haya sido equilibrar el desarrollo de la trama con la peripecia de un protagonista tan complejo y tan apasionante como Sofía Luna.

¿Cómo desarrollaste el personaje de Sofía Luna? ¿Qué documentación llevaste a cabo? (¿Contactaste con alguna asociación de personas trans?)

Lo primero que hice fue hablar con la mujer inglesa que inspira el personaje de Sofía Luna. Esta mujer sufrió todo tipo de humillaciones en la policía y en la sociedad, y ni siquiera se atrevía a enfrentarse a sus hijos vestida de mujer. Cuando estaba con ellos, se vestía de hombre. Todo ese miedo, esa inseguridad, lo trasladé a mi protagonista. También hablé con mujeres de Transexualia, que me contaron el protocolo español para emprender un cambio de sexo y me ayudaron a entender, o a intuir, la problemática de este colectivo.

Hasta ahora, ¿qué te unía a la identidad trans?

Nada, yo no conocía ningún transexual, más allá de algún ejemplo en cine o literatura. Pero un escritor anda siempre a la busca de un personaje con conflicto, y en este caso Sofía Luna es una mina: conflictos internos, externos, personales, sociales. El personaje más complejo al que me he enfrentado.

¿Por qué crees que la transexualidad está tan poco presente en la literatura? ¿Faltan autores trans o falta valentía para escribir sobre alguien trans sin serlo? ¿Qué referentes has tenido tú?

Los transexuales todavía despiertan rechazo social. Es un colectivo rezagado en cuanto a normalización, visibilidad o inserción laboral. Esa es la impresión que me llevé en la fase de documentación. Puede que escritores y cineastas contribuyan instintivamente a esa invisibilidad al no fijarse en ellos como posibles personajes. Creo que esto va a cambiar poco a poco. Cada vez se leen más noticias sobre transexuales, cada vez hay más transexuales mediáticos y seguro que irán dando el salto al mundo de la ficción como personajes. Yo no he tenido referentes claros. Recordaba Middlesex, de Jeffrey Eugenides, o XY, la película argentina, pero realmente he tirado de documentación, intuición y mi propia sensibilidad para crear a Sofía Luna.

La transición de hombre a mujer de la protagonista también sirve para hablar del machismo de la sociedad, en torno al que gira gran parte de la trama. Es un tema de vital importancia cada vez más presente en la novela negra, ¿cómo lo has abordado para aportar algo nuevo?

A mí me interesaba contar el machismo de los hombres cultos. Por la novela desfilan varios hombres que todavía no se han enterado de que los tiempos han cambiado. Hay un abogado, un catedrático, un experto en heráldica y un comisario de policía, todos ellos hombres cultos, en teoría muy preparados intelectualmente para evitar las discriminaciones. Y sin embargo no son capaces. Hay un machismo cultural, arraigado en el hueso, que es el más difícil de extirpar. Y es en ese tipo de machismo en el que yo me quería fijar.

Aunque Sofía es el personaje más llamativo, la novela es innegablemente coral. Además, el narrador es omnisciente, con lo que se mete en las mentes de todos ellos, algo que ya has trabajo en otras obras. Eso supone que tú mismo tengas que introducirte en ellas. ¿Cómo trabajas las voces de tantos personajes para que sean distintas?

Creo que lo que más me gusta de mi trabajo de escritor es crear personajes. Para hacerlo bien tienes que meterte en sus cabezas, en efecto, intentar adivinar cómo hablan y cómo reaccionarían ante tal o cual elemento de la trama. Hay que crear una especie de polifonía para que los diálogos no sean monocordes, para que no se note que es el escritor en realidad el que está hablando. Esto no es fácil de hacer, pero a mí me gusta poner a mis personajes a hablar y dejar que el lector perciba las diferencias entre uno y otro. También me gusta que mis novelas sean corales, aunque en esta exista un protagonismo muy marcado en Sofía Luna.

 Y, con respecto a la propia novela negra, ¿de dónde has sacado las ganas y la inspiración para saltar a este género?

Siempre he sido un lector de novela negra. De adolescente leía las novelas de Agatha Christie y de P. D. James; de joven, las de Chandler y Hammet, luego las de Patricia Highsmith, etc. Toda esta formación de lector me ha ayudado, porque un escritor tiene que leer mucho y buscar sus referencias. La dificultad estriba en destilar todas estas influencias y encontrar tu propio estilo.

¿Qué papel juega la propia ciudad de Madrid en la historia?

A mí me gusta que la acción transcurra en Madrid. Es mi ciudad y la veo poco presente en la literatura negra. Es un buen marco para la investigación de un crimen y me gusta escribir sobre los espacios que conozco. No quería enseñar un Madrid de postal, con sus lugares turísticos, pero sí el barrio del Manzanares, que es mi barrio, y otros lugares, cafeterías, pubs, parques…, a los que tengo cariño.

Ya se habla de la secuela, incluso de una serie. ¿Tenías esto en mente mientras escribías?

No lo tenía en mente, pero es verdad que el viaje del héroe que se cuenta en esta novela es el más alucinante que se puede hacer: el viaje desde un sexo hasta el opuesto. Y eso es difícil contarlo en una sola entrega. A Sofía Luna la dejamos ya como mujer al final de la historia, pero le falta la cirugía de reasignación de sexo, las secuelas de esa operación y la difícil tarea de mostrarse al mundo como la mujer que es, sin miedo, con un aparato genital femenino, con ganas de recuperar el tiempo perdido y con muchos obstáculos todavía que superar, tanto familiares, como sociales, laborales y psicológicos. Todo esto se desarrolla en la segunda parte, que estoy escribiendo ahora.

Supongo que ahora sentirás que conoces mucho mejor a Sofía, ¿te sientes más preparado para seguir ahondando en este interesante personaje?

Siento que la conozco mejor que cuando empecé, pero me sigue sorprendiendo por su complejidad. Sería muy presuntuoso por mi parte pretender comprenderla del todo, pues estamos hablando de algo que yo no he vivido. Pero a mí me gusta pensar que la escritura es una exploración, y que a veces es mejor lanzar preguntas que formular las respuestas.

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  1. Carla Mila

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