"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

22º LesGaiCineMad (III): críticas de «Las heridas del viento», «Sin vagina, me marginan», «Pushing Dead», «The Misandrists», «Embrasse-Moi», «Satyavati», «Discreet» y «Como la espuma»

El 22º LesGaiCineMad ha concluido como uno de los que mayor nivel ha presentado en su Sección Oficial (no tanto en lo que respecta a los entretenimientos de la Sección Panorama, en general bastante decepcionantes), algo que por suerte (y a diferencia de lo que sucede últimamente en los festivales de clase A) se ha reflejado en el maravilloso palmarés, donde se han colado Close-Knit (mejor película y Premio del Público), 120 pulsaciones por minuto (Premio del Jurado), Tierra de Dios (mejor dirección: Francis Lee y mejor interpretación: Josh O’Connor), Las heridas del viento (mejor interpretación: Kiti Mánver) y La herida (mejor guion: Malusi Bengu, Thando Mgqolozana y John Trengove). A continuación, os dejo con mis comentarios de los largometrajes de ficción que me faltaba tratar [ver crónica 1 y crónica 2].

Única representante patria en la Sección Oficial de largometrajes de ficción, Las heridas del viento (2017) parte de la obra teatral homónima, donde un joven (sólo correcto Daniel Muriel) descubre que su recién fallecido padre se carteaba con un misterioso hombre a quien decide conocer (hipnótica Kiti Mánver en un papel sorprendente). El revelador encuentro entre ambos resulta apasionante, sobre todo a raíz de la mezcla de acidez y pasión del torturado personaje de Mánver, quien ofrece sentimiento y filosofía a partes iguales. Lástima, eso sí, que el joven director cordobés Juan Carlos Rubio se haya conformado con ofrecer algo parecido al teatro filmado, con una puesta en escena donde los intérpretes se pasean frente a la cámara tal y como lo harían en el escenario. ¡Hasta la fotografía en blanco y negro recuerda al teatro independiente! Aun así, la experiencia es tan entretenida como intensa, ofreciendo la oportunidad de acercarse a tan aclamada obra. Atentos al Artistic Metropol madrileño, ya que la estrenará próximamente.

La peruana Sin vagina, me marginan (2017), del debutante Wesley Verástegui, es una locura donde dos mujeres trans (inexpertas pero geniales Javiera Arnillas y Marina Kapoor) deciden secuestrar a la hija de un Ministro transfóbico como última alternativa para obtener los 30.000€ que la primera necesita para pagar su operación de cambio de sexo. Tan astuta como alocada, la protagonista cuenta con su atontada amiga como única apoyo, no temiendo escupir a cualquiera en el camino hacia el anhelado sueño. Pese a su apariencia absurda y estridente, esta cinta aporta una inteligente crítica a la transfobia, así como un canto de amor al poder de la amistad como la cura más efectiva para un corazón roto. A destacar, por cierto, la relación con la estadounidense Tangerine (Sean Baker, 2015), cinta trans también rodada con un móvil, mas en Hollywood en lugar de Lima.

Con Pushing Dead (2016), el hasta ahora cortometrajista Tom E. Brown se atreve a ofrecer una comedia independiente americana al uso con la chocante novedad de tener el SIDA como tema central. James RodayRobin WeigertDanny GloverKhandi Alexander conforman un reparto harto simpático que defiende bien un guion lleno de chispa que se vuelve entero algo reiterante conforme avanza el excesivamente largo metraje. El resultado es por tanto irregular, pero la buena mezcla de respeto y frescura con que se aborda un tema tan manido pero al tiempo aún tan importante como es la aceptación del SIDA tanto por quienes lo padecen como por la sociedad que los rodea es digna de aplauso.

Films como The Raspberry Reich (2004) o Gerontophilia (2013) convierten al canadiense Bruce LaBruce en uno de los cineastas más polémicos del momento. Y la germana The Misandrists (2017) no se queda atrás. En ella, una célula terrorista feminista planea una revolución en un remoto convento cuya rectitud es puesta en peligro de pronto por la llegada de un joven que acepta refugio por parte de una de las chicas. El guion está repleto de diálogos explosivos que la teatralizada puesta en escena vuelve aún más provocadores de lo que ya son de por sí. Pero las decisiones del cineasta que se lanzó a hacer cine porno de zombies (L.A. Zombie, 2010) no buscan incomodar sin más, sino también reflexionar sobre los extremismos y, sobre todo, plantar cara a las pautas masculinas, egocéntricas y unidireccionales de una industria que sigue siendo marcadamente heteropatriarcal. Tan indigesta como hipnótica.

La cantante y actriz francesa Océanerosemarie (sí, así se hace llamar) escribe, protagoniza y dirige —esto último, junto a Cyprien VialEmbrasse-Moi (2017) a partir de su exitosa producción teatral, La Lesbienne invisible. Su motivación principal era dar a las mujeres lesbianas su propio  Diario de Bridget Jones, ya que estaba cansada de tanto drama en el mundo del cine lésbico. Nos hallamos por tanto ante una simpática comedia romántica dispuesta a desmontar tópicos sobre lo que supone ser mujer y lesbiana que mantiene una sonrisa permanente en el rostro del espectador. Como lamentablemente sucede con frecuencia en el cine francés contemporáneo, falta chispa, siendo varios los momentos desaprovechados, pero eso es paliado por la perenne naturalidad desprendida por todos los elementos del film.

El premio a film efectista de esta edición es para la india Satyavati (2016), donde Deepthi Tadnaki hace mal uso del tema de las violaciones correctivas o curativas, un eufemismo sobre la violación de mujeres lesbianas con la intención de cambiar su orientación sexual, espantoso acto a menudo llevado a cabo por los propios familiares en regiones de Sudáfrica, Zimbabwe, Ecuador, Perú o, por supuesto, la India. Hacer conocedor al gran público de esta espantosa realidad es algo noble, pero las decisiones formales no podrían ser más inadecuadas, ofreciendo el filme dos partes claramente diferenciadas: una larga y melosa introducción donde asistimos al día a día de tres jóvenes compañeras de piso —una pareja homosexual y su amiga hetero— y un breve pero impactante final donde la cruda temática recién mentada estalla del modo menos sutil posible. Por cierto, la cinta nació un año después de que La estación de las mujeres y 7 Diosas [críticas] dieran en 2015 a las mujeres lesbianas indias la visibilidad que se les había negado siempre.

Presentado en el último Festival de Berlín, el Discreet (2017) del guionista y realizador Travis Mathews (artífice de la voyerista serie de documentales sobre amor y sexo gay In Their Room) compite con la última cinta tratada por el honor de ser la peor cinta del certamen. Pero por otros motivos. En esta ocasión, el problema no es el efectismo, sino precisamente la incapacidad para llegar al espectador. Nos hallamos ante una lenta y difusa historia de venganza donde un excéntrico vagabundo descubre que un brutal individuo vinculado a su pasado sigue vivo. Pretencioso, incomprensible y soporífero, este thriller es sencillamente insufrible, al menos para quien escribe estas líneas.

Como cierre a mi crónica del certamen, rescato la película Como la espuma (2017), sobre la que ya hablé hace unas semanas a raíz de su estreno comercial. Se trata de una de las producciones más sonadas de Roberto Pérez Toledo, guionista y realizador homenajeado este año por el LesGaiCineMad. Esta fresca cinta nos introduce de lleno en una orgía donde tiene cabida toda clase de géneros y sexualidades, desde la “aburrida heterosexual” hasta la “más divertida pansexualidad”, pasando por supuesto por la homosexualidad y la bisexualidad. La mayoría de los personajes son cisgénero, pero también hay cabida para un personaje trans (interpretado, eso sí, por un actor cis). Aunque unidos por una mezcla de lujuria y curiosidad, todos ellos tienen ansiedades, deseos y preocupaciones bastante más importantes que el sexo, las cuales el guion plasma con sensibilidad entre las escenas de sexo, que son bastante menos explícitas y arriesgadas de lo que la temática del film parece augurar. Aun así, descartada la idea de hallarse ante algo nuevo, el encanto del reparto garantiza un nivel medio aceptable.

Hasta aquí mi cobertura del 22º LesGaiCineMad, que, un año más, nos ha traído lo mejor del cine LGTB independiente del año. Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo, ¡nos vemos en la 23ª edición!

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