"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Un joven trabajador filipino se suicida en Dubái tras ser chantajeado por su homosexualidad

Otra terrible historia de soledad, acoso e impotencia. Un joven trabajador filipino de 23 años se quitó la vida en Dubái, en julio de 2017, ahorcándose en los baños de una empresa del emirato. Junto a él, una nota de suicidio en la que acusaba a otro trabajador pakistaní de chantajearlo, al haber descubierto que había mantenido relaciones sexuales con otro compañero de trabajo, también pakistaní, que ya había dejado el país. La imposibilidad de denunciarlo sin autoacusarse el mismo le llevó a tomar la que vio como única salida: su propia muerte.

El joven filipino trabajaba en Dubái, uno de los Emiratos Árabes Unidos. Un lugar que por su actividad económica atrae a numerosos trabajadores extranjeros. Muchos de ellos, los procedentes de países pobres, constituyen la mano de obra más barata y soportan condiciones laborales infames, teniendo incluso restringida su libertad de movimiento. El joven filipino era uno de ellos.

Ya en Dubái, el joven mantuvo una relación con otro trabajador, de origen pakistaní. Este acabó regresando a su país, y sin que esté claro el motivo, envió después por WhatsApp a un compatriota que seguía trabajando en el emirato imágenes comprometedoras del chico filipino, incluyendo fotografías en las que practicaba con él sexo oral. El pakistaní le hizo saber que tenía en su poder dichas imágenes y le amenazó con divulgarlas si no le conseguía un iPhone de última generación. El joven no encontró otra forma de escapar del callejón sin salida que quitarse la vida, dejando, eso sí, una nota en la que acusaba al chantajista.

El colectivo italiano Il Grande Colibrì ha rescatado y difundido la historia en su página web. «No sabemos qué pudo pasar por la mente de Jan [nombre inventado, ya que el nombre verdadero del muchacho no ha trascendido], pero ¿qué podía hacer? Tal vez aceptar el chantaje, pero probablemente no podía pagar el costo del teléfono. ¿Y a quién podía pedir ayuda? No a la policía, ya que las relaciones homosexuales están severamente castigadas en los Emiratos Árabes Unidos. ¿Y a dónde podía escapar? En Dubái, los trabajadores extranjeros deben entregar sus pasaportes a sus empleadores y no tienen libertad de movimiento. La única vía de escape tenía la forma y el sabor amargo de un nudo corredizo», se lamenta el colectivo italiano. «Jan está muerto, como otros miles de trabajadores asiáticos en los países del Golfo. Ahogado por una cuerda, pero sobre todo por un sistema que no protege a nadie, y menos aún a quien es homosexual. ¿Será otra muerte inútil?», añade.

Finalmente, el trabajador pakistaní ha sido acusado de chantaje. Sin embargo, no se presentó al juicio que debía haberse celebrado hace unos días en Dubái. Es por eso que se ha ordenado su detención y se ha fijado una segunda fecha de juicio, el próximo 13 de enero.

Cuando ser LGTB te deja en situación de absoluta desprotección

Lo que ha sucedido con Jan (utilizaremos el mismo nombre que Il Grande Colibrí) no es más que otro ejemplo de la situación de desprotección en la que te coloca el hecho de ser LGTB, cuando ni siquiera puedes denunciar un delito porque dicha denuncia supone que tu condición se hace pública ante las autoridades.

Por desgracia, no hay que remontarse a casos célebres del pasado, como el de Alan Turing, cuyo procesamiento por homosexualidad fue consecuencia de una denuncia que él mismo presentó por un robo que había sufrido en su propia casa. Es algo que sigue ocurriendo hoy día en numerosos lugares del mundo. Entre ellos en Dubái, ese paraíso de petróleo, finanzas y turismo de alto standing (diversos episodios que hemos recogido en el pasado en estas mismas páginas así lo atestiguan) que sigue criminalizando las relaciones homosexuales, construido además sobre las cenizas del sufrimiento de miles de trabajadores que apenas si cuentan con derechos.

Jan, descansa en paz.

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