"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Praga y otras ciudades checas celebran el Orgullo LGTBI con la paralización del proyecto de matrimonio igualitario como telón de fondo

Un año más, Praga celebró este mes de agosto su Orgullo LGTB. Se da continuidad así a la tradición de la capital checa de estar entre las que lo celebran más tardíamente. Una celebración que además se extiende ya a otras localidades de la República Checa. Sin embargo, los actos reivindicativos han tenido lugar en esta ocasión en un contexto ambivalente. Por un lado, el apoyo oficial se consolida y las encuestas hablan de una sociedad cada vez más favorable a los derechos LGTBI, pero por otro asistimos a la paralización del proyecto de aprobación del matrimonio igualitario así como algunas manifestaciones de homofobia (aunque de entidad menor a la de otros países de su entorno).

Por noveno año Praga celebró el Orgullo LGTBI. Del 5 al 11 de agosto, la capital checa acogió diferentes actos reivindicativos como actividades culturales, conferencias, eventos religiosos o servicios de realización de la prueba del VIH, aunque la actividad principal fue la manifestación del sábado 10 de agosto. Otras ciudades checas han celebrado después sus orgullos locales, como Ostrava (que lo celebró por primera vez el 17 de agosto) o Pilsen (que lo celebró el 19).

Por lo que se refiere al Orgullo praguense, este fue todo un éxito desde el punto de vista de la participación y la organización. Pese a la lluvia, la gran manifestación del 10 de agosto contó con 30.000 asistentes. Hubo además un destacado apoyo oficial, que dio continuidad al ya recibido el año pasado y que se materializó en el izado de la bandera arcoíris en edificios oficiales y en una recepción en la Magistratura de Praga. Sin embargo, el contexto no deja de ofrecer un sabor agridulce, pues el Orgullo se ha celebrado con el proceso de aprobación del matrimonio igualitario estancado.

Como recogimos en su momento, en junio de 2018 se inscribió en el Parlamento checo una propuesta para aprobar el matrimonio igualitario. En ese momento, el primer ministro, Andrej Babiš, y su partido, ANO, se manifestaron a favor de la reforma legislativa. Esta toma de postura, sumada a la actitud claramente favorable del Partido Pirata y el apoyo de diputados de diferentes partidos (salvo los de derecha y extrema derecha) parecía indicar que la aprobación sería poco problemática. Más optimistas aún deberían haber sido las expectativas si se tiene en cuenta el creciente apoyo de la al matrimonio igualitario, alcanzando un 63% de la población y que sube a un 73% entre los menores de 29 años.

Lamentablemente, la tramitación parlamentaria de la propuesta ha enfriado estas expectativas. Solo se le han dedicado dos días a su debate (11 de noviembre de 2018 y 26 de marzo de este año), sin que haya habido voluntad para dar el paso hacia la votación final, que ha quedado pospuesta de manera indefinida. Un estancamiento en el que ha sido determinante no tanto la oposición de los partidos de derecha y ultraderecha, sino sobre todo la falta de compromiso verdadero de los partidos teóricamente favorables, con diputados que incluso se han ausentado de los debates.

Contramanifestaciones minoritarias y controversia en la Iglesia católica

Por otra parte, aunque minoritarios, ha habido también incidentes de odio. En Praga tuvo lugar, al mismo tiempo que el Orgullo, una contramanifestación de ultraderecha con lemas homofóbicos. No obstante, sus dimensiones fueron muy reducidas, de apenas decenas de personas, en absoluto comparables a las movilizaciones del mismo signo que han tenido lugar en países vecinos como Polonia. Además, como nos cuentan los organizadores en su perfil de Facebook, en este año hubo personas ataviadas con alas de ángeles que tapaban a los contramanifestantes, haciendo que los asistentes al Orgullo no tuvieran que verlos. Seguían así el ejemplo de quienes emplean esas alas en Estados Unidos para tapar a los manifestantes homófobos de la Iglesia de Westboro, la secta fundamentalista de Fred Phelps que se presenta en funerales de víctimas de la LGTBIfobia. También en los Orgullos de Ostrava y de Pilsen hicieron acto de presencia pequeños grupos de manifestantes de ultraderecha, aunque los antidisturbios evitaron que tomaran contacto con quienes participaban en el Orgullo.

Merece la pena destacar también la controversia que ha tenido lugar en la Iglesia católica checa. El arzobispo de Praga, Dominik Duka, se ha alineado con las actitudes más duras de países vecinos, al apoyar de forma expresa unas  declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal Polaca en las que comparó la «ideología de género» con el totalitarismo del periodo comunista. Por otra parte, Tomás Halík, un conocido sacerdote checo (más allá incluso de entornos católicos) cuyos libros se han publicado en varios idiomas se ha manifestado públicamente de manera crítica con estas palabras. En un artículo ha señalado que la Iglesia católica debe tener una actitud más dialogante y evitar alinearse con la ultraderecha política. Haciendo un interesante análisis, Halík ha destacado cómo el arzobispo de Praga apoya a su homólogo polaco como parte de un proyecto de formación de una alianza conservadora entre los episcopados checo, eslovaco, húngaro y polaco, correspondientes a los países del llamado «grupo de Visegrado» (que en términos políticos se caracteriza también por sus actitudes de oposición interna a la Unión Europea en materia de inmigración o refugiados). Una alianza que pretendería hacer frente, por ejemplo, a las posiciones más aperturistas que promueve desde Roma el papa Francisco. Halík denuncia esta estrategia, al considerar que en estos países la Iglesia se alía con fuerzas políticas que ven en ella un elemento identitario que les puede servir de apoyo pero sin referencia a los valores evangélicos, en lo que denomina «catolicismo sin cristianismo».

También hay que señalar la posición que ha adoptado otra confesión de relevancia en el país, los protestantes de la Iglesia Evangélica de los Hermanos Checos, que mantiene una posición claramente inclusiva y que envió incluso una delegación de sus juventudes al Orgullo praguense.

En definitiva, Chequia se mantiene como un país con una actitud mucho más abierta hacia la realidad LGTBI que otros países de su entorno. Sin embargo, las presiones de entornos religiosos y el desinterés de los partidos políticos, que no acaban de considerar la igualdad de las personas LGTBI una reivindicación lo suficientemente fuerte, hacen que aún hoy no pueda contarse a este país entre aquellos que reconocen el matrimonio para todas las parejas. Esperemos que en un futuro no muy lejano podamos contar otra cosa.

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