"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

En el armario de cristal

elcajondelascartas

(Inspirado en este texto de elputojacktwist)

Heinz F. es el nombre de un alemán que pasó ocho años retenido en un campo de concentración por ser homosexual. Lo cuenta él mismo en el imprescindible documental “Paragraph 175″, y cuenta también que jamás habló a nadie de aquello. En parte por vergüenza, y en parte porque nadie de su entorno quería oír hablar del tema. “Se trata de llevar pacientemente tu carga”, decía resignado.

Hoy quiero dirigirme a un viejo amigo: no recuerdo tu nombre, pero podría ser Jonás. Tampoco tú hablas del tema con nadie que no sea de tu círculo íntimo: da igual que todos sepan lo que eres, hay cosas que no pueden hablarse. Contemplas incómodo cómo los gays salen a la calle a disfrazarse, gritando con desparpajo esa diferencia que a ti tanto te costó acallar. También te ha cogido por sorpresa el matrimonio: la homosexualidad hay que vivirla a escondidas, debe ser un juego de miradas, nunca de palabras. Como cuando Franco. No te identificas con el mundo gay: te sientes extraño entre tus propios semejantes.

Me entristece ver en qué te has convertido. Pero ¿es posible que sea todo culpa tuya? Intento comprender lo difícil que fue todo para ti; así como yo espero que los gays de la próxima generación intenten comprender que yo tardara años en decírselo a mis padres, o que siga ocultando muchas veces quién soy, o que jamás será en mí un gesto espontáneo el dar la mano a mi pareja en la plaza de un pueblo. Pero yo nací el mismo año que la Constitución, y tú lo tuviste mucho más difícil.

Por eso te respeto, porque eres como un veterano de la guerra que nos trajo a donde estamos hoy. E igual que los veteranos, miras con algo de resentimiento a quien no ha tenido que vivir la guerra. Sé que muchos de tu generación han sabido salir a la luz, y no pocos mayores que tú se han enfrentado a su pasado convirtiéndose incluso en activistas: ellos son los valientes generales que serán condecorados por su heroicidad. Pero yo quiero salir hoy en tu defensa, amigo, porque es cierto que no has luchado como un valiente, pero no es menos cierto que nadie te preguntó si querías alistarte.

Has tenido que construir tu vida como has podido, y has conseguido hacerlo, que no es poco. Para sobrevivir a la guerra tuviste que aceptar vestir el uniforme del enemigo: no fue la salida más digna, pero es que tú no eres ningún héroe. Por eso olvidaste a aquel adolescente de pueblo que se enamoró del chico que cargaba el grano, pensando fugazmente que podía ser feliz. Lo encerraste en un pequeño armario de cristal, dentro de tu corazón endurecido a golpe de desprecio. Y ha pasado tanto tiempo que no sabes dónde escondiste la llave. Eres un exiliado, como Jonás. Tu condena no es escuchar cómo las tías setentonas se ríen de la boda lésbica de tu sobrina hasta partirse la mandíbula: tu condena es reírte tú con ellas. Porque cada vez que te ríes el adolescente encerrado se revuelve dentro de ti, y se te clavan un poco más los afilados cristales de su armario.

Al final del documental “Paragraph 175″, el entrevistador insiste en preguntar a Heinz F. cómo pudo pasar tantos años sin decir la verdad a nadie, ni siquiera a su madre. El anciano se queda en silencio, como si sus profundos ojos azules se hicieran sin descanso la misma pregunta, y rompe a llorar. Al verlo me entraron ganas de volar a Alemania y encontrar a Heinz F., pero no para reprocharle nada, sino para abrazarle, para decirle que estoy orgulloso de él, que no debe arrepentirse de nada y que su desgracia es sólo culpa de este mundo en que vivimos. Porque si no nos cuidamos entre nosotros, si no nos comprendemos, ¿quién va a hacerlo?

– ¿Te casaste? – me preguntó mi amigo, con media sonrisa irónica -. ¿Con el matrimonio de Zapatero?

Pero no sentí enfado, sino lástima: en su interior se desprendía otra pequeña astilla de cristal.

Al

El cajón de las cartas se abre hoy para recuperar este texto, publicado el 14 de mayo de 2008. Aquí puedes ver los comentarios que dejaron entonces los foreros

Comentarios
  1. Grano Grueso
  2. Carrington
  3. Francisco (Pancho) Varas
  4. al
  5. elputojacktwist

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