"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

La justicia impone una multa a dos clientes de un bar que insultaron al propietario por ser gay

Martín Riquelme (en la foto, a la izquierda), propietario de una cafetería en Alicante, fue insultado por dos clientes por su orientación sexual. El joven los denunció y la justicia le ha dado ahora le ha dado la razón. “Pienso que esta sentencia sienta un precedente y es un ejemplo para muchos que no se atreven a denunciarha declarado al diario La Verdad.

Martín, de 26 años, nunca había tenido allí problemas debido a su condición de gay, hasta una tarde de septiembre del año pasado, cuando dos clientes, de unos 40 años de edad, irrumpieron en su local con ganas de trifulca. Riquelme los conocía de vista. Pidieron unas consumiciones y, sin abonarlas, se sentaron en la terraza molestando a otros clientes y mofándose de Martín. Le exigieron en dos ocasiones que les cambiase la consumición y en un momento dado le gritaron “así no es como quiero el chupito, lo quiero en vaso muy frío; ¿si te pongo el culo me lo sirves? ¡Maricón de mierda!”.

Junto a Martín estaba su madre, que se encontraba de visita, y una empleada sudafricana. El joven y la trabajadora les invitaron a abandonar el local, pero estos se negaron y la emprendieron con la chica llamándola “payoponi de mierda” (término ofensivo que se utiliza contra inmigrantes latinoamericanos). Martín llamó a la policía, momento en que los agresores se marcharon, aunque fueron localizados en unas calles próximas. Cuando Martín pensaba que todo había acabado, regresaron a la cafetería y uno de ellos retomó los insultos contra la empleada: «tú, payoponi, negra, no me vas a echar de aquí«. También aprovecharon para increpar a la madre de Martín. “Lo que más me dolió fue que le dijeran a mi madre que era una desgracia tener un hijo gay y que le daban el pésame”. Al negarse a abandonar el local, Martín reclamó de nuevo la presencia policial y sólo tras llegar ésta se fueron.

Humillado y muy dolido, Martín presentó una denuncia y el pasado 25 de febrero se celebró el juicio. Uno de los clientes ni se presentó. «Lo único que quería es que se les castigase de alguna manera porque me amenazaron y me humillaron. Fueron a hacerme daño«, comenta el joven. Según consta en la sentencia, ambos clientes «han sido condenados como responsables criminalmente en concepto de autores de una falta de amenazas (…) a la pena de multa de 10 días, a razón de 6 euros, por cada cuota diaria, lo que equivale a 60 euros, con un día de privación de libertad (…)».

Desde entonces Martínha vuelto a cruzarse varias veces con los condenados, pero “ya no me miran desafiantes”. Afirma sentirse más fuerte y cree que su denuncia puede animar a otras personas.

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