"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

‘Apolo vive enfrente’ y la cultura LGTB

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Este año es el décimo aniversario de Dos Manzanas. Y también el décimo aniversario de la sección cultural Desayuno en Urano, del escritor José Luis Serrano. Pero hoy, este último, cuya segunda novela (Sebastián en la laguna) está a punto de dar el salto a la gran pantalla, ha decidido confiar en mí como sucesor, dejando tras de sí un alto listón que espero estar preparado para saltar. Nace así Apolo vive enfrente, un nuevo espacio dedicado a la cultura LGTB en el que yo, Juan Roures, hablaré de cine, literatura, música —Eurovisión incluido, tranquilos—, televisión, teatro y todas esas artes ávidas por enriquecer vuestros sentidos.

¿Y quién soy yo para debatir tales temas? Ninguna entidad, desde luego, pero espero que disfrutéis de mi peculiar visión del mundo. Me presento: pese a estudiar periodismo y comunicación audiovisual entre Madrid, Londres y Los Ángeles, siempre he sentido un interés especial por el séptimo arte, como prueban mi blog La estación del fotograma perdido y mis colaboraciones con Bollacos: hambre de cine, Cine en conserva, Cinelodeon, Redrum, Sensacine y, especialmente, El antepenúltimo mohicano. Además, muestro mi especial devoción por el lenguaje en mi segundo blog, ¿Cómo se dice?, donde soluciono todo tipo de dudas sobre gramática y ortografía (además de recomendar obras culturales con las que poner fin a la peligrosa y expandida incultura). Apasionado por la cultura en general y por el cine en particular, evito limitarme a analizar creaciones ajenas, con lo que recientemente yo mismo he dirigido mi primer cortometraje (Once Bitten, Twice Daring) y publicado mi primera novela (Bajo el arcoíris), ambos con la temática homosexual como protagonista. Y es que, en los dos casos, la cultura LGTB ha sido una clara influencia.

Pero, ¿qué es la cultura LGTB? ¿Existe siquiera? Algunos lo darán por hecho y otros lo negarán en rotundo, pero lo cierto es que la respuesta es sólo una cuestión de perspectiva. La literatura LGTB y el cine LGTB no existen, desde luego, como universos aislados; es decir, términos como “novela lésbica” o “película trans” no deben ser utilizados, en absoluto, como géneros —ni subgéneros siquiera— porque poco hay en común entre dos obras como Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) y La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) más allá de la identidad de sus protagonistas.  De hecho, ambas cintas ofrecen tratamientos opuestos de la homosexualidad: mientras la primera gira en torno a los problemas derivados de ella, la segunda prefiere normalizarla por completo: una explora la homosexualidad, la homofobia y el amor; la otra explora el amor en un mundo donde la homosexualidad se da por sentada y la homofobia por ignorada. ¿Constituye la primera “cine LGTB” y la segunda no? Nuevamente, depende de la perspectiva, pero en mi humilde opinión ninguna lo es y, al mismo tiempo, ambas lo son.

¿A qué se debe mi última afirmación? Pues a que incluso una obra como Brokeback Mountain, que carecería de sentido de no existir la homosexualidad, es también un drama, una revisión del western, un romance trágico, una descripción de la vida rural en los años 60, etc., es decir, muchísimo más que “cine gay”. Y, aun así, sigue siendo cine gay porque, en realidad, la historia del cine no es más que historia del cine heterosexual. Aún hoy, los grandes romances de nuestra vida se hallan en Lo que el viento se llevó (1939), Casablanca (1942), Doctor Zhivago (1965), Grease (1978) o Titanic (1997), todas ellas grandes películas, todas ellas reflejos de mundos por completo heteronormativos. Y lo mismo puede decirse de las demás artes: salvo contadas ocasiones, la cultura LGTB ha quedado relegada al ostracismo. Por consiguiente, fomentar hoy en día la cultura LGTB no es una forma de automarginación, sino tan sólo un modo de defender películas, libros y demás creaciones culturales que incluyen identidades sexuales más allá de la heterosexualidad.

Pero, ojo, no pretendo señalar que los cinco filmes recién mencionados sean en absoluto homófobos o que sus sentimientos sólo puedan llegar a los espectadores heterosexuales. Simplemente, la transexualidad, la homosexualidad, la intersexualidad y el resto de identidades tienen el mismo derecho que la heterosexualidad a estar presentes en el arte. Y es que, por mucho que cualquiera pueda identificarnos con una cinta tan honesta como Los puentes de Madison (1995), tarde o temprano todos deseamos enfrentarnos a una obra cuyo protagonista atraviese —o haya atravesado—, exactamente, lo mismo que nosotros. A día de hoy, ser homosexual, bisexual, transgénero, etc. sigue siendo una triste fuente de problemas (aunque también de alegrías, claro); problemas cuya solución parece menos inalcanzable cuando los vemos representados ante nosotros. De hecho, con respecto al valor social del arte, conviene recalcar que la cultura LGTB no va dirigida, en absoluto, al público LGTB, sino que resulta esencial llegar a todo tipo de espectadores. Sólo así dejará la cansina etiqueta de ser necesaria.

Durante los últimos años, la aprobación generalizada del matrimonio igualitario en gran parte del mundo —la parte sensata del mismo, al menos— ha derivado en una explosión del universo LGTB, dando lugar a auténticas obras de arte que habrían sido impensables hace sólo una década. Sin embargo, todavía son pocas las que logran obtener trascendencia. Que una cinta reciente tan redonda como Pride (2014) sea tan relativamente desconocida es triste prueba de ello. Por culpa del mero desconocimiento, multitud de personas que disfrutarían enormemente de dicho filme ni siquiera se enteraron de su existencia a su paso por las salas, algo a lo que espero poner remedio con esta sección (si bien soy consciente de que este era también uno de los objetivos de Desayuno en Urano, siendo la red, sencillamente, demasiado inmensa). El alcance de Dos Manzanas es, por tanto, limitado, pero a vosotros corresponde difundir la palabra con respecto a la cultura LGTB presente aquí y en otros espacios, al igual que con respecto a todas esas noticias, acciones o movimientos callados por un mundo que, pese a su modernización, sigue anclado al pasado. Desanclémoslo; entre todos. Y, para ello, ¿qué mejor que la cultura?

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Comentarios
  1. elputojacktwist
  2. iñigo
  3. DanielGrimoir
  4. Carrington

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