"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Víctor Valero: “la idea de la falla me surgió por la indignación del autobús tránsfobo de HazteOír”

Víctor Valero es un artista fallero, que firma habitualmente como “Marc Martell”, con varias décadas de trabajo a sus espaldas. Es licenciado en Bellas Artes, abiertamente gay y nacido en el barrio del Carmen de Valencia, en la demarcación de la comisión Alta-Santo Tomás, en la que plantó su primera falla y para la que volvió a trabajar hace unos años. Precisamente, la falla infantil de esta comisión sufría estos días (antes de la cremà) un ataque con tintes LGTBfóbicos, pasadas solo unas horas de otro similar al ninot que representaba a dos chicos besándose, obra del artista Cristian García Carrasco para la Falla República Argentina-Doctor Pallarés (popularmente conocida como Falla L’Amistat). Estos hechos  le han provocado a Víctor Valero una tremenda indignación, compartida por muchísimos falleros y colectivos valencianos, pero a la vez un sentimiento de necesidad de seguir llevando a sus creaciones la reivindicación igualitaria, la visibilidad y los derechos de la comunidad LGTB. La misma falla vandalizada recibía uno de los premios Arco Iris del Colectivo Lambda. Además de su sello crítico, Víctor Valero es muy conocido por ser fiel a la estética pop en sus fallas. Dosmanzanas, aparte de solidarizarse con el artesano fallero, le da voz en esta entrevista.

–¿Qué ocurrió exactamente en relación al vandalismo LGTBfóbico de la falla infantil de Alta-Santo Tomás?

La falla tenía unas características, denunciaba una serie de cosas… La noche anterior se había producido un atentado contra el ‘ninotito’ de los dos niños besándose de Cristian García Carrasco. Un poco por deducción y por las características físicas se veía claramente que fue una agresión contra la falla. En un primer momento, el presidente me llamó y me dijo que varios ninots habían sufrido desperfectos por culpa del viento. Te puedo asegurar que mis muñecos estaban bien atornillados, estaban fijos; era imposible que el viento hubiera provocado lo ocurrido. De hecho, en la otra falla que hice, la de Maestro Rodrigo, los ninots estaban sueltos porque eran fichas que se podían intercambiar. Luego, al final, las fijé porque hacía cada vez más viento, pero no se movieron nada. Así que el argumento del viento, en Alta-Santo Tomás, que fue lo dijo de entrada el vigilante, y a mí el presidente, no tenía fundamento.

–¿Y entonces?

Seguramente, el vigilante se ausentó un momento, porque se fue el baño o porque le entró sueño… En cualquier caso, lo que dijo es que se había dado cuenta de que se habían caído y se los encontró así. Mis ninots tenían una agresión brutal, de violencia extrema. Los muelles estaban distendidos. Las cabezas eran de cartón. A un cartón barnizado, al caerse de una estantería, por ejemplo, no le pasa nada; por lo compacto que se vuelve el cartón. A mí mismo se me cayeron días atrás unos ninots al suelo y no sufrieron ningún desperfecto.

–¿Cuál es tu teoría con respecto a esta agresión artística?

Esto ocurre, como decía antes, horas después del atentado contra el ninot infantil de la Falla República Argentina-Doctor Pallarés y de que Lambda comunica que esta falla tenía el premio Arco Iris infantil. Canta por todos los lados. El de República Argentina era conocido porque estaba en la Exposición del Ninot, pero mi falla no era conocida todavía. Creo que al salir en prensa, en redes y en muchos otros sitios que tenía premio fueron a muerte. Considero que es gente que estaba controlando, puesto que al lado de la falla hay bancos para sentarse y aprovecharían algún momento de despiste y entraron a saco.

–¿Por qué te parece que destrozaron esta falla infantil y no cualquier otra?

Es descarado. Eran los textos, eran los símbolos… Hablaba de la diferencia, del hecho de estar marginado por ser diferente y dirigiéndose a un público infantil para luchar contra los prejuicios y la falta de educación. Visibilizaba a las niñas y niños trans, a las enfermedades raras, al autismo, al hecho de estar refugiado… Entra todo: la transfobia, la homofobia, la xenofobia. Debieron pensar: “atentamos contra esta y tenemos el lote cubierto”. Al ver cómo habían dejado los muñecos me dieron ganas de llorar.

–Por otra parte, ¿te parece que la comisión ha podido tener miedo a hacer una denuncia más contundente?

Una camarera encontró parte de un ninot cerca de la plaza del Árbol. Es imposible que eso lo hiciera el viento. Seguramente sí hayan tenido miedo a que se aireara en exceso y han preferido taparlo un poco. El presidente me decía que si hubiera sido un ataque violento estaría todo más movido y destrozado. Pero, además de que estaba todo bien fijo, como he explicado, los vándalos debieron hacerlo rápido. Cogieron dos ninots por los extremos. Es decir, lo que les venía bien para destrozarlo deprisa. En la parte de delante, donde solía estar el vigilante, de hecho, no había ningún desperfecto.

–¿Qué hiciste después de la agresión a la falla?

Fue muy desagradable. Me fui corriendo al taller a restaurarlos, porque no me apetecía dejarlo así. Había una exposición paralela en un muro de un solar, que era un tributo que habían hecho un montón de artistas a niños con realidades diferentes a las mayoritarias (un retrato de niños trans, un retrato de un niño autista, una niña refugiada, otra senegalesa…). Estos cuadros se dirigían hacia la cabeza del robot que estaba en el centro de la falla.

–Este proyecto, además, tiene bastante recorrido, ¿verdad?

Este era el proyecto que presenté al Ayuntamiento para la falla infantil municipal, para celebrar el 30 aniversario de la época de Manolo Martín, cuando me presenté por primera vez. Quería cumplir con el aniversario. La idea de la falla me surgió por la indignación que me provocó el autobús tránsfobo de HazteOír.

Una miembro del jurado municipal me comentó después, y se lo agradezco porque me sirvió para completar el proyecto, que además de los menores trans había muchas más diferencias dignas de ser recogidas en la falla. “Está muy bien que hagas hincapié en esa, porque es una diferencia que hay que hacer visible, pero hay otras diferencias importantes que incluir”, me dijo. Hablando con un familiar que trabaja en Asuntos Sociales me puso en contacto con otras realidades que sí acabé incluyendo en esta falla (aunque con un presupuesto y un volumen mucho menor que si hubiera plantado en el Ayuntamiento). La sexualidad y la identidad de género son muy importantes, pero si hemos podido enriquecer más la falla está fenomenal.

–¿Qué pasó con el jurado de Junta Central Fallera?

Hay una anécdota que fue de juzgado de guardia. Vinieron dos hombres y una señora. Ten en cuenta que era un proyecto que era más grande que la propia falla. Empiezo a contarle y uno de los tíos me corta con una mala leche impresionante diciéndome: “a mí no me expliques nada de esta historia porque no me interesa nada; yo vengo a juzgar una falla y lo que esté fuera de la falla a mí no me interesa”. Yo cogí y le dije: “vale, ¿pero quieres que te siga contando?” y su respuesta fue: “tú sigue contando, pero a mí no me interesa nada”. Entiendo que se cumplan a rajatabla las bases, que la exposición no forma parte oficialmente de la falla, aunque luego los cuadros forman parte de un conjunto que sí pertenece a la falla. El caso es que le insté a que al menos diera una ojeada, porque había muchos artistas interesantes y pensaba que era algo que tenía que ver aunque no lo calificara y lo que hizo fue largarse. Por el camino hacia la siguiente falla, Ripalda-Sogueros, un amigo le escuchó decir al resto del jurado: “estos de Santo Tomás se van a comer una mierda”.

El jurado es una puta lotería al final. En la otra falla que hice, la de Maestro Rodrigo, el jurado fue encantador, lo más correcto, súper interesado por todo y hasta emocionado por poder interactuar con la falla y mover las fichas. Nada que ver. Con la Falla Alta-Santo Tomás, que me tenía que haber tocado una gente tolerante y abierta, me tocó lo peor. Pero es muy difícil de controlar el tema de los jurados… ¿Qué haces?, ¿les sometes a un detector de intolerancia? ¿Tan difícil es ser medianamente amable? ¡Tampoco quiero que me hagan la ola!

–¿Crees que ha molestado la visibilización que has mostrado en tu falla?

Si te limitas a poner un arcoíris y unas flores no molesta a nadie. Pero, efectivamente, la visibilización sigue jodiendo a muchos. Sobre todo, porque a los más retrógrados se les está yendo de las manos. Cada vez hay más gente que se indigna más. Cada vez hay más gente que es como tiene que ser, aun siendo heteros. En eso se ha avanzado mucho. Esto es el “machirulo” de toda la vida que se siente acorralado, porque se le está yendo la cuota de pantalla por los avances LGTB. Como no están dispuestos a cambiar el chip, su solución es utilizar la violencia.

–En cambio, ¿estás satisfecho con el premio de Lambda?

¡Mucho! Hace años, antes de que se crearan los premios infantiles, Lambda reconoció una escena de dos papás que planté en la Falla Palleter…

Cuando suceden cosas como esta que nos ha ocurrido del ataque no me pongo chulo, me pongo resolutivo y reivindicativo. La gente de Lambda me decía: “es que necesitamos más gente como tú”. Y a mí esas cosas me ruborizan. “Ya, pero es que esto no lo hace nadie”, proseguían. Pues igual es verdad e impulsa a gente más joven, como el artista de República Argentina que hizo los nenes dándose un besito. Joder, es que estas cosas antes no se hacían y son necesarias para normalizarlo todo.

–¿Te has sentido apoyado?

Por gente que no me lo esperaba. ¡Lo de siempre! Pere me llamó, pero tengo amigos que han puesto algo en redes y no han descolgado el teléfono para llamarme. Estas cosas también sirven para saber quién te estima muchas veces…

Falla infantil Alta-Santo Tomás 2018, del artista Víctor Valero, víctima del vandalismo LGTBfóbico

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