"Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas. Y si se suman una manzana y una pera, nunca pueden dar dos manzanas, porque es que son componentes distintos. Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio, y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta" - Ana Botella

Francisco avisa a los obispos: «ante la menor duda» de que un aspirante a sacerdote sea homosexual, «mejor no dejarlo ingresar» en el seminario

El papa Francisco continúa con su estrategia de emitir gestos amables hacia la comunidad LGTB mientras se reafirma en las doctrinas más excluyentes de la Iglesia católica. Primero, la cara: el pontífice dedicaba un mensaje de aceptación a un hombre abiertamente gay, víctima de abusos sexuales por parte del clero chileno. «Que seas gay no importa, Dios te hizo así y te quiere así y a mí no me importa», fueron sus palabras. Pero pocos días después llegaba la cruz, en forma de aviso a los obispos italianos. El papa les ordenaba rechazar cualquier solicitud de ingreso en los seminarios ante «la menor duda» sobre la posible homosexualidad del aspirante a sacerdote. Unas directrices que siguen la línea de su predecesor Joseph Ratzinger, y que el propio Jorge Bergoglio ratificó hace año y medio.

La habilidad del papa Francisco para combinar una cara amable hacia las personas LGTB con el mantenimiento de la rigidez doctrinal ha vuelto a quedar de manifiesto en los últimos días. El pasado día 19, el periodista chileno Juan Carlos Cruz revelaba el contenido de la conversación privada que había mantenido con el líder de la Iglesia católica. Cruz, abiertamente gay, es una de las víctimas de abusos sexuales por parte del clero chileno, un escándalo de tal magnitud que llevó a los 34 obispos del país a poner sus cargos a disposición del pontífice.

Según las declaraciones de Cruz, que no han sido ni confirmadas ni desmentidas por el Vaticano, el papa le dijo: «Juan Carlos, que tú seas gay no importa. Dios te hizo así y te quiere así y a mí no me importa. El papa te quiere así, tú tienes que estar feliz con quien tú eres». Bergoglio saldría así al paso de las difamaciones que intentaron retratar a Cruz como un pervertido y pusieron en duda su testimonio sobre los abusos ejercidos por el sacerdote Fernando Karadima.

Unas palabras que van en la línea del «¿Quién soy yo para juzgarlo?», que pronunciaba el pontífice en 2013, en referencia a toda persona homosexual que «busca al Señor y tiene buena voluntad». Entonces como ahora, lo que parece un mensaje positivo sobre la aceptación de la realidad LGTB pierde credibilidad cuando se contrasta con las medidas concretas que el propio papa promueve. La semana pasada se produjo un nuevo ejemplo de esta contradicción entre los gestos y la realidad de los hechos.

Sucedía en un encuentro a puerta cerrada con los obispos italianos el pasado jueves. Planteado el tema de la admisión de personas homosexuales en los seminarios, Francisco era claro: «Si tenéis la más mínima duda [sobre la posible homosexualidad de un aspirante], mejor no dejarlo entrar». El objetivo, según el Vatican Insider, es evitar «escándalos» que «dañan la imagen de la iglesia». Por la coincidencia en el tiempo del aviso del papa con el caso de los abusos en Chile, se puede pensar que la jerarquía católica cree que se pueden evitar estos delitos rechazando a los sacerdotes gais.

En cualquier caso, la doctrina no es nueva. En diciembre de 2016 ya recogíamos como Bergoglio recordaba que la Iglesia católica no quiere como clérigos ni a homosexuales ni a personas que simpaticen abiertamente con la causa LGTB. Le bastó para ello referirse a documentos del anterior pontificado de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. Principalmente la instrucción de 2005, a la que nos hemos referido en otras ocasiones, «sobre los criterios de discernimiento vocacional concernientes a las personas con tendencias homosexuales en vistas a su admisión al seminario y a las Órdenes Sagradas». Un documento que ya negaba el acceso al sacerdocio a «aquellos que practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la así llamada cultura gay»Admitía, eso sí, que se pudiesen tener «tendencias homosexuales que fuesen solo la expresión de un problema transitorio», que en ese caso debían quedar «claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal».

Una instrucción a la que siguió, tres años después, el documento «Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y en la formación de los candidatos al sacerdocio», que reiteraba que quienes tengan «tendencias homosexuales fuertemente radicadas» no podían ser sacerdotes, señalando como novedad que los rectores de los seminarios pueden recurrir a exámenes psicológicos para detectar dichas «tendencias» y que los sacerdotes tienen que tener un «sentido positivo y estable de la propia identidad viril». Una doctrina que Francisco mantuvo sin ningún cambio (ni siquiera de lenguaje) en 2016 y que ha vuelto a reivindicar ahora. Los católicos LGTB seguirán siendo discriminados por su propia iglesia también en este aspecto.

Comentarios
  1. francisco
  2. Daniel Alp
  3. Iesod
  4. pol

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